LA IMPORTANCIA DE LA ACTITUD

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La importancia de la actitud

La actitud

Sabemos que la vida tiene momentos de todo tipo, con situaciones fáciles y difíciles. Muchos de los problemas que nos surgen vienen como resultado de nuestras decisiones o como consecuencia de las decisiones de otros, pero que nos afectan a nosotros, por lo que hay circunstancias que no podemos evitar. Todas esas situaciones son estímulos que nos inducen a luchar y crecer potenciando nuestras capacidades. Pero lo que verdaderamente nos desarrolla es la respuesta que tenemos ante lo que nos ocurre. Y esa respuesta está condicionada por nuestra forma actual de ser, de percibir los acontecimientos y de reaccionar ante ellos.

Los seres humanos sólo tenemos tres formas distintas de aprender: la observación, el análisis o la experiencia. Sin lugar a dudas, la más costosa es la última, porque si utilizásemos las dos primeras evitaríamos muchos momentos de preocupación, al eludir determinadas experiencias que resultan muy dolorosas. No es necesario, por ejemplo, introducirnos en el mundo de las drogas si mediante el análisis o la capacidad de observación, comprendemos que entraríamos en situaciones de grandes conflictos y sufrimientos, tanto para nosotros como para familiares y amigos.

Nos encontramos en un continuo aprendizaje, donde saber orientar cualidades como la actitud se vuelve fundamental, tal como iremos asimilando. Para entender la importancia que tiene esta, vamos a aprovechar las ventajas de nuestro análisis y nuestra observación, pues nos van a llevar a sacar las conclusiones más acertadas para afrontar los momentos difíciles de nuestra vida con fe, esperanza e ilusión, sin necesidad de experimentar situaciones de mayor sufrimiento.

Sobre este tema, y en relación al asunto que nos ocupa, podemos definir la actitud como la consecuencia de nuestro estado de ánimo, la disposición mental y emocional que tenemos ante lo que nos ocurre. Al tener esta diferentes connotaciones conviene aprender a mantener una buena disposición interna por nuestra parte, pues cada una de ellas nos va a llevar a situaciones muy distintas.

Actitud negativa.

Tener una actitud negativa en la vida nos deja con escaso o nulo control emocional y mental ante las adversidades, con las consecuencias que ello implica. Tener controladas nuestras emociones y pensamientos en los momentos más difíciles es fundamental para comprender las situaciones y hallar sus soluciones. Estar bloqueados mental y emocionalmente no nos va a ayudar en nada y sí nos va a perjudicar mucho.

¿Qué nos ocurre cuando alguna persona se dirige a nosotros hablándonos de forma negativa? Pues el mismo efecto causa pensar de forma negativa, ya que nuestro pensamiento se vuelve tóxico y va a dificultar el encontrar de las soluciones. Los pensamientos negativos conducen a mantener una actitud negativa y viceversa, lo que dará como resultado acciones negativas que no nos van a ayudar en nada, sino más bien todo lo contrario.

Por tanto, esta predisposición tiende a disminuir nuestros valores, pensando y sintiendo que no somos capaces de salvar determinados obstáculos en la vida, cuando la realidad no es esa, ni muchos menos, pues somos bastante más de lo que creemos ser en esos momentos. Lo que ocurre es que, al tener una tendencia pesimista, se apaga nuestro mundo interior y no alcanzamos a ver nuestro verdadero potencial.

La actitud negativa es como la niebla que impide que veamos a unos cientos de metros. Cuanto más espesa es menos vemos. Pero, cuando se despeja, nos damos cuenta de que no estábamos en mundo perdido, sino ante paisajes desconocidos y maravillosos. Y esto ocurre simplemente porque nuestra vista no permite ver a través de ella. Lo mismo sucede con los pensamientos y los sentimientos cuando se enturbian. Difícilmente se piensa y se siente correctamente cuando nuestro ánimo decaído hace que nos valoremos por debajo de lo que realmente somos. En realidad, lo único que consigue es arrastrarnos hacia el pesimismo. Y este sentimiento erróneo que tiende a negar o disminuir nuestras verdaderas capacidades nos resta tanta energía que terminamos rindiéndonos, antes incluso de intentarlo.

Tener actitudes negativas es sinónimo de realizar actividades de las que no se disfruta, lo que nos deja ante las sensaciones más oscuras de la vida, con estados de pesar y angustia que terminan matando las ilusiones. ¡Y qué difícil resulta vivir sin ilusión!

Actitud positiva.

Al contrario que la anterior, es la que tiende a reafirmar la realidad de todos nuestros valores y resulta extraordinariamente eficaz, porque pone en funcionamiento todos nuestros recursos, lo que nos permite afrontar cualquier dificultad con todas las posibilidades de éxito posibles.

Tener fe en un desarrollo positivo y favorable para nosotros y quienes nos acompañan, en cualquier momento o circunstancia, moviliza y mejora nuestra autoestima. Vivir nuestros aspectos positivos nos reconforta porque genera la energía que necesitamos, nos dota de vitalidad y fortaleza y nos une a esas fuerzas de la vida que vigorizan nuestro interior. Valorarnos más y mejor abre las puertas de la esperanza. Y esta es para el estado de ánimo como la sangre para nuestro cuerpo.

Aprender a aligerar las cargas emocionales negativas, transformándolas en sentimientos positivos, ofrece una amalgama de posibilidades tan amplia que incluso nos va a sorprender. Al tonificar la mente y espíritu con el optimismo se refresca nuestro estado de ánimo. Nos induce a apoyarnos en nuestro interior y en el exterior, porque de ahí también vamos a recoger esa energía que a veces estamos necesitando. Nunca sobra una mano amiga dispuesta a ayudar.

El error del aislamiento.

Conviene tener mucho cuidado con el aislamiento. Pase lo que pase, nunca es tan importante como para tener que alejarnos de la compañía de los demás. Es posible que en un momento determinado necesitemos cierto espacio para meditar sobre algún hecho, aspecto o circunstancia, lo que puede darnos la posibilidad de analizar sin influencias que distorsionen nuestras verdaderas necesidades. Pero es muy distinta esa postura de aislamiento que a veces se adopta, que fomenta la autocompasión y que nos aleja de las personas, porque suele causar daños importantes o irreparables.

Es precisamente en esos momentos de dificultad cuando más necesitamos de los demás, de nuestros familiares, amigos o cualquier persona dispuesta a ayudarnos. Si hacemos lo contrario de lo que debemos, el resultado no puede ser otro que el menos acertado. Compartir los problemas aligera el peso de la carga que llevamos. Hablar de ello y ser escuchados restablece nuestro ánimo. Pero el aislamiento no es un buen compañero en momentos de dificultad, pues nos deja ante las puertas de esa soledad que nada soluciona. Es mejor sentirnos acompañados, pero si somos precisamente nosotros quienes cortamos ese apoyo, haremos imposible la ayuda que podamos recibir. 

No es necesario que pase yo solo los altibajos de la vida. Es más fácil pasarlos con apoyo y compañía, para lo cual tengo que facilitar ese intercambio, comentando mis problemas con claridad y franqueza. Es difícil comprender algunos procesos cuando estoy muy influenciado por ellos. Varias personas tienen más fortaleza que una sola y más capacidad para pensar. Los demás, al no verse tan afectadas por el problema o la circunstancia en sí, pueden comprender y vislumbrar las soluciones con más claridad. El apoyo de esas personas es una ayuda fundamental para resolver la mayoría de los problemas que tengo o de las dificultades a las que tenga que hacer frente. Al aislarme, no sólo los estoy alejando de mí, sino que elimino todo lo que de positivo puedan aportarme.

¿De qué sirve una actitud pesimista o un estado de aislamiento? Desde un punto de vista objetivo, no aportan nada beneficioso, pero sí suelen incentivar la autocompasión. ¿Compadecerse de uno mismo soluciona algo? Es como querer cavar en un hoyo para salir de él, cuanta más tierra sacamos, más nos hundimos.

Apoyándonos en el análisis y en la observación podemos concluir que la actitud correcta es la positiva, manteniendo siempre el optimismo, a pesar de que nuestro entorno sea contrario. En esa postura interna de confianza en nuestras fuerzas, junto a la ayuda que podamos recibir, para mantenernos activos, tanto mental como emocionalmente, encontraremos muchas de las soluciones que estamos buscando.

Si nuestra actitud suele ser negativa, la clave para convertirla en positiva está en la reeducación de nuestros hábitos. Pero como transformarlos no es sencillo, a pesar de tener el firme deseo de cambiar, la caída y el error todavía van a estar presentes durante un tiempo. Es conveniente evitar el sentimiento de culpa para que este no nos lleve al desánimo. No podemos cambiar en unos días actitudes y comportamientos arraigadas en nosotros durante muchos años, y que hasta ahora han venido conformando nuestra forma de ser. Lo que importa es  tomar conciencia de la caída y levantarse con mucha más fuerza para enfrentarse al reto con más ilusión.

Cuando nos venga el primer pensamiento negativo hay que rechazarlo para no darle cabida; pensar positivamente y centrarnos en aquello que pueda dirigirnos hacia sentimientos positivos. Con el tiempo iremos comprobando el cambio beneficioso que se instalará en nuestra vida.

          La importancia de la actitud por: Antonio Gómez Sánchez

© Amor, Paz y Caridad, 2019

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