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LA FALACIA DEL DETERMINISMO

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La falacia del determinismo

“Hoy estamos aprendiendo el lenguaje con el que Dios creó la vida. Y nos llenamos de asombro por la complejidad y la belleza de este sagrado regalo de Dios: la Vida”

Bill Clinton, presidente de U.S.A. en la presentación del Proyecto Genoma Humano, 2000

La presentación de los resultados del proyecto Genoma dirigido por el eminente genetista Francis Collins en el año 2000 supuso toda una revolución en la comprensión del código del ADN, los genes y el funcionamiento de los mismos.

Durante cuatro décadas anteriores, desde que Crick y Watson descubrieron la molécula y la estructura del ADN, la ciencia de la genética fue elevada al rango de una especie de divinidad para el futuro, donde todas las enfermedades podrían ser solucionadas, e incluso prevenidas con antelación. De manera inmediata, grandes inversiones multimillonarias fueron realizadas para ganar la carrera de la ingeniería genética y las patentes de los genes, a fin de conseguir beneficios comerciales incalculables.

Todo empezaba a cobrar sentido; las teorías neo-ateas del azar y del determinismo genético alcanzaban su máxima expansión, y los apologetas de los “genes ciegos” que dirigen nuestra vida nadaban en la abundancia de la fama publicando obras donde el azar, el naturalismo y el materialismo eran la base y el origen de todo lo que existe.

Con la presentación del proyecto genoma se colocó el primer clavo en el ataúd del determinismo genético. Se descubrió que no eran 100.000 los genes del ser humano como nos habían afirmado sino apenas 24.000 aproximadamente; menos que los de la mosca de la fruta (38.000). También se pudo comprender que el ADN no es más que el mapa que estructura las guías de los cromosomas, pero nada determina por sí mismo, ya que el ADN sin la célula no puede existir y viceversa. Y por último, se determinó con claridad que lo que activa la expresión genética, es decir, el proceso de funcionamiento de la célula, es debido a la acción de la energía que recibe la célula y que permite leer “el mapa del ADN” de distintas formas para codificar las proteínas que necesita, expresando los genes correspondientes.

En otras palabras, la extraordinaria complejidad del mecanismo celular y de los procesos que permiten el desarrollo y la vida celular no se deben a la coincidencia o el azar, y mucho menos a un determinismo genético de genes ciegos que no se sabe de qué manera actúan, y que solamente son el manual de instrucciones sobre el que actúa la energía que moviliza e inicia el proceso celular de desarrollo, crecimiento, muerte, enfermedad o salud de la propia célula.

“La coincidencia es la forma que tiene Dios para permanecer anónimo”.

Albert Einstein- Físico

Otra de las pruebas evidentes que refuta claramente el determinismo genético es que actualmente, casi un cuarto de siglo después del descubrimiento del genoma, la utopía de que no existirían enfermedades o que podríamos prevenirlas con antelación es una realidad. Nada de este falso relato se ha cumplido, antes al contrario, los científicos de primer nivel reconocen por primera vez que: “no tenemos ni idea de cómo comenzó la vida”. Y el propio Francis Collins afirmó: “El Dios de la Biblia es también el Dios del genoma. Se le puede adorar en la catedral o en el laboratorio”.

Otros estudios posteriores, como el del biólogo molecular Bruce Lipton resumido en su libro “La Biología de la creencia”, colocan un segundo clavo en el ataúd del azar y el naturalismo, al confirmar que la carga genética de todo ser viviente, no solo NO determina las condiciones biológicas en las que se va a desarrollar, sino que ni siquiera es el factor fundamental; lo que condiciona al organismo vivo es su entorno físico y energético. Esto en lo que atañe al determinismo biológico.

«El libro de Lipton proporciona pruebas sólidas basadas en la biología cuántica para destronar el mito del determinismo genético»

Dr. Lee Pulos, Profesor Emérito de la Universidad de Columbia

Además de la biología, y mucho antes en el tiempo, concretamente a mediados del siglo pasado, una de las mentes más preclaras de la física, el premio Nobel Werner Heisenberg, postuló “el principio de incertidumbre” o de indeterminación, mediante el cual se confirma que la posición y la velocidad de una partícula no pueden medirse exactamente y al mismo tiempo y ni siquiera de forma teórica. Además, esta indeterminación es debida solo a la intervención del observador. La indeterminación es, en palabras del propio Heisenberg, “una ley de la naturaleza”.

El valor de este principio apunta de forma inequívoca a la existencia de Dios. Porque según este principio el futuro no está determinado, invalidando así el determinismo científico. Este es un tercer clavo muy potente en el ataúd del ciego determinismo. A pesar de ello, aunque el futuro no está determinado, tampoco es caótico, sino que obedece a las leyes de la probabilidad, y cuanto más lejos se sitúe ese futuro, más difícil es de predecir. Existe, pues el opuesto contrario al determinismo, que no es otra cosa que “el libre albedrío”. Santo Tomás, el filósofo medieval, afirmaba siete siglos antes: “El precio de la libertad es la incertidumbre”. Esta afirmación obtenida por el razonamiento filosófico es la misma conclusión a la que llega Heisenberg con sus investigaciones de física teórica siete siglos después.

Este principio es tan importante que confirma que la realidad no es subjetiva, sino que existe por sí misma, confirmando también la diferencia entre “potencia y acto” que los filósofos aristotélicos y escolásticos defendieron. Así se confirma que una partícula atómica se encuentra en potencia en todas las posiciones posibles, pero se encuentra en acto en la posición observada cuando se realiza la observación. Así pues, en la física cuántica lo potencial (lo que está en potencia) es también real. Lo mismo acontece en filosofía; no es pues nada extraño que un importante número de físicos teóricos y cuánticos de las últimas décadas sean, además de físicos, licenciados en filosofía.

Una misma realidad puede adoptar distintas existencias o formas. Por ejemplo, la luz es al mismo tiempo onda y partícula. Esto es un misterio todavía sin resolver. Y como afirmó Heisenberg al propio Einstein: “la existencia de la indeterminación y de la libertad es lo que lógicamente sería el universo si nosotros no fuéramos Dios, pero hubiera otro que SÍ lo fuera”.

Y por último, el cuarto clavo en el ataúd del ateísmo naturalista  son las matemáticas. Este es otro ejemplo para acabar con el determinismo ateo de aquellos científicos que todavía se aferran al materialismo y niegan la existencia de una causa primera que todo lo ha creado (Dios).

Richard Feynman 1: ¿Sabes de Cálculo?

Herman Wouk 2: Admití que no sabía

Feynman: Es mejor que lo aprendas, es el lenguaje de Dios

Kurt Gödel ha sido considerado el mejor matemático de todos los tiempos y el mayor genio de la lógica desde Aristóteles. Compañero de Einstein en Princeton (USA) pero mucho más joven, es el autor del “teorema de incompletitud”. Antes de Gödel, todo teorema o axioma matemático que se consideraba como verdadero debía ser demostrado matemáticamente. A partir de Gödel y su teorema se confirmó lo siguiente: “En matemáticas hay cosas que sabemos que son ciertas, pero que nunca podremos probar”. Gödel afirmaba que ninguna explicación de la realidad puede ser cerrada y será siempre incompleta si no invocamos la ayuda de Dios. El azar y el determinismo materialista no tienen cabida en la naturaleza.

El materialismo es falso”. Kurt Gödel

Gödel demostró que el pensamiento humano está por encima de cualquier axioma, siendo capaz de una creatividad original que no se puede programar, e incluso pudiendo apreciar verdades que lo son pero que no se pueden probar. Detrás de la mente humana se encuentra una Inteligencia Absoluta de la que procede. Y es esa misma mente absoluta la que le invita a acercarse a ella.

Así pues, para Gödel, Dios no solo existe, sino que está presente en nosotros y en cada acto de creatividad del que somos capaces. También por ello, al ser creados a imagen y semejanza de Dios, los humanos podemos saber verdades que no se pueden demostrar, llegando a ellas sin necesidad de evidencias empíricas y apelando a sistemas superiores que una máquina nunca podrá alcanzar, al no poder salirse del sistema formal que las configura.

Gödel fue también el primero en demostrar el argumento de la existencia de Dios de San Anselmo usando la lógica matemática. Terminemos con una reflexión del propio Gödel en sus conversaciones con Albert Einstein en la Universidad de Princeton hablando de la religión de ambos:

“Llego a casa con Einstein casi todos los días y hablamos de filosofía, de política, etc. Su religión es más abstracta, como la de Spinoza, la mía es más cercana a la de la Iglesia. El Dios de Spinoza es menos que una persona, mientras que el mío es mucho más que una persona, porque Dios no puede ser menos que una persona. Él sí puede jugar el papel de una persona”.

La falacia del determinismo por: Redacción

2025 © Amor, Paz y Caridad

“El primer sorbo del vaso de la ciencia te convertirá en ateo; pero en el fondo del vaso, Dios te está esperando”. 

Werner Heisenberg

  1. Nobel de Física en 1965 ↩︎
  2. Escritor ganador del Pulitzer ↩︎
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