Editorial

GESTACIÓN SUBROGADA

“Tú eres un alma. Todos somos almas. Somos almas incluso antes de nacer.”

J.M. Coetzee – Nobel de Literatura 2003

Uno de los temas que más polémica social está presentando últimamente es la cuestión de la Gestación Subrogada o vientres de alquiler. Es la posibilidad de tener un hijo propio en cuanto a su carga hereditaria y genética por parte de aquellas madres que no pueden tenerlo, pero que se desarrolla en el vientre de otra mujer. Por norma general el óvulo es fecundado por los futuros padres, implantándolo en la madre de alquiler mediante la técnica de fecundación in vitro.

Sin duda es un tema de permanente actualidad que genera una enorme controversia en diferentes aspectos; económicos, legales, morales, éticos, personales, etc.. Como siempre, estas cuestiones están siendo objeto de estudio por parte de los poderes públicos, a fin de implementar las consecuencias que tienen para los derechos de los padres, la gestante y el futuro niño. Sin embargo, desde nuestro punto de vista consideramos que la mayor de las divergencias de opinión se establece en el orden moral y ético.

Los conceptos religiosos o no religiosos, las creencias, y los principios que cada cual posee respecto a la vida influyen poderosamente en la opinión que tenemos al respecto. No obstante, desde aquí partimos del respeto absoluto a todas las posiciones, pero nos vemos en la responsabilidad de explicar nuestra opinión al respecto al amparo de la ciencia del espíritu, que nos otorga una visión trascendente y precisa sobre lo que es la vida y acerca de las cuestiones más importantes que la rodean.

En el caso concreto de esta técnica o método de reproducción, es en principio, una posibilidad viable que permite la concepción a los padres que han probado otros métodos y su incapacidad para conseguirla ha sido manifiesta. Ahora bien, antes de emitir una opinión definitiva hemos de considerar las causas y las consecuencias espirituales que intervienen en los tres actores de la cuestión: padres, gestante y niño futuro.

En primer lugar, el hecho de que los padres no puedan tener hijos, salvo accidentes y cuestiones puntuales, no es casualidad. Normalmente, el conocimiento espiritual nos indica que las dificultades para engendrar hijos se deben a reajustes morales y a los débitos del pasado contraídos por los padres respecto a esta circunstancia.

Pongamos un ejemplo –que no debe ser generalizado– pues hay muchos otros: unos padres que en vidas anteriores despreciaron la vida o practicaron el aborto voluntario, hoy en esta vida tienen dificultades para engendrar, pues entonces negaron la posibilidad de encarnar a un espíritu y hoy reciben la cosecha de la siembra realizada.

La práctica abortiva voluntaria y consciente, deformó el Centro Genésico de la madre en el periespíritu, y al volver a reencarnar, los problemas de ese deterioro se manifiestan en diversos problemas ginecológicos que le impiden concebir. Esto no quiere decir que deban renunciar a tener hijos; antes al contrario, esta dificultad estimula todavía más su deseo de tener hijos, por lo que -interiormente- buscan desesperadamente cumplir con la reparación de la falta que realizaron en el pasado, aunque no sean conscientes de ello, recurriendo a los métodos que sean necesarios, como en el caso que nos ocupa.

En segundo lugar, en esta circunstancia de gestación subrogada hemos de tener en cuenta siempre que se trata de “dos madres las que intervienen en el proceso”: la que aporta el huevo fecundado con su hereditariedad y su genética y la que cede su vientre en alquiler para posibilitar el desarrollo del embrión y del niño que llevará en su interior durante nueve meses.

Es preciso establecer que desde nuestro punto de vista la definición de “vientre de alquiler” no es del todo precisa; pues puede darse el caso de algún familiar, amigo o mujer de buena voluntad conocida de los padres que, en un acto de caridad y de altruismo sea capaz de ceder su vientre y amparar al nuevo niño por amor, sin interés alguno; simplemente por el hecho de ver felices a los futuros padres y procurar de esta forma una nueva vida. En esta circunstancia, y conociendo las intenciones nobles y generosas de la gestante, la gestación subrogada podría ser una solución al problema; quizás la única plausible o menos problemática en cuanto a las repercusiones ético-morales.

Sin embargo, esto no es lo común; por los casos conocidos, y alrededor de esta necesidad o desesperación por ser padres, se ha articulado todo un negocio con pingües beneficios, en los que agencias y empresas de fertilidad, venden al mejor postor y en condiciones de “explotación de la miseria” los vientres de alquiler de muchas mujeres que, por necesidades económicas se prestan a este tipo de prácticas por norma general.

Es preciso tener en cuenta que, como hemos explicado anteriormente, son dos madres las que intervienen en el proceso, y ofrecer un óvulo fecundado en vías de desarrollo a alguien desconocido, entraña un riesgo importante, no sólo el económico -que es el que menos importa aquí- sino el moral y personal. Pues según nos ilustra la psicología prenatal, el vínculo de la madre gestante con el nuevo bebé, se implementa desde el momento en que lo alberga en su vientre en fase embrionaria. A partir de ese momento, todos los pensamientos, emociones, sentimientos y actuaciones de la madre gestante repercutirán de forma directa en el niño que está formándose, condicionando su carácter, su psicología y su forma de ser después del nacimiento.

También sabemos que los deseos y pensamientos de los padres que ceden el óvulo fecundado pueden llegar al bebé y condicionar su desarrollo; aunque en menor medida que los de aquella que lo lleva en su vientre. No podemos obviar que, en una gestante que ofrece su cuerpo por interés meramente material, es más difícil que el amor y el deseo de tener ese hijo sea la emoción que dirija su voluntad y sus anhelos. Lo más normal será pensar, que las incomodidades que la gestación le irá produciendo serán para ella un inconveniente que, aunque no tenga más remedio que soportar, intentará que acaben cuanto antes.

Esta será lógicamente la posición mental de la gestante. Y con ello, El Niño verá condicionado su propio desarrollo emocional y psicológico desde el mismo vientre de su madre; pues según la psicología prenatal, el feto capta perfectamente las emociones de incomodidad que produce en la gestante y su animadversión al respecto; algo tan diferente al sentimiento amoroso de una madre que soporta toda la incomodidad de la gestación, arropando a su hijito querido con emociones positivas y sentimientos de protección, alegría y seguridad.

Así pues, y bajo el aspecto moral que nos compete desarrollar aquí, nunca presentaríamos una postura beligerante respecto a este método de reproducción, siempre y cuando nos podamos asegurar de quién es la gestante de nuestro hijo; sabiendo como piensa, cómo actúa, los motivos que la inducen a prestar su vientre y las condiciones de salud mental y emocional, psicológicas, sociales y económicas en las que se desenvuelve, decidiendo en consecuencia. Si embargo consideramos que actualmente, y mientras la ciencia no avance sustancialmente, en este método reproductivo todavía no se dan las circunstancias y garantías adecuadas para una correcta evolución del desarrollo completo del niño (psicológico, emocional y biológico) salvo en casos excepcionales, y por ello el proceso presenta más inconvenientes que ventajas.

Si únicamente son intereses materiales o económicos los que motivan a la gestante a traer nuestro hijo al mundo, es preciso pensarlo con detenimiento; pues corremos el riesgo de que la formación y desarrollo de nuestro hijo durante esos nueve meses, condicione de forma drástica su posterior crecimiento afectivo, biológico, psicológico y espiritual, apareciendo en su crecimiento como niño las perturbaciones y deficiencias emocionales, o las disfunciones o deformaciones biológicas como consecuencia del escaso cuidado de la gestante o de la perniciosa influencia de una desordenada conducta mental o emocional.

En esto, como en muchos aspectos de la vida, la intención y la disposición es lo que cuenta; ante un acto de caridad y altruismo realizado por una persona -mental y emocionalmente equilibrada- que nos ofrece por afecto esta posibilidad de gestar a nuestro hijo, podríamos aceptar el riesgo; asegurándonos primero, de lo contrario hemos de explorar otras vías. Hemos de convenir en el hecho de que existen otros métodos reproductivos para tener un hijo. Y si todos ellos se agotan, siempre queda el recurso de adoptar un niño, o de criar el hijo de otros que no pueden hacerlo y son condenados a la pobreza, la exclusión y el sufrimiento de por vida.

Si optamos por estas otras formas de ser padres, podemos confirmar que, el compromiso espiritual de reparación aceptado por nuestras faltas y errores del pasado queda saldado; solucionando así la deuda con las leyes de causa y efecto que rigen el proceso evolutivo del espíritu humano. Siendo así que en una próxima reencarnación, ningún obstáculo impedirá nuestra maternidad; gozando de las condiciones adecuadas para engendrar hijos, y ofreciendo las oportunidades de progreso necesarias a aquellos que son queridos y amados por nosotros en el transcurso de nuestra jornada evolutiva a través de las vidas sucesivas.

“Es difícil creer que el destino de un hombre sea tan bajo que le lleve a nacer sólo para morir”

Mary Shelley – Escritora

Gestación Subrogada por:  Redacción

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