FARSANTES Y EXPLOTADORES

0
91
Farsantes y explotadores

Farsantes y explotadores

Como acontece en todo nuevo movimiento ideológico, filosófico o científico que ve la luz, la doctrina de los espíritus codificada por Kardec no estuvo exenta de los peligros de aquellos que quisieron servirse y aprovecharse de ella para su propio lucro. Los farsantes y explotadores de todas las épocas han sabido muy bien utilizar la ignorancia de la gente de bien para sus propios fines espurios.

Y aquí también Kardec tuvo que desmontar y descubrir públicamente a aquellos que decían realizar prodigios en nombre del Espiritismo y a aquellos otros que abusaban de supuestas “facultades milagrosas” para engañar y sacar un beneficio, económico o de cualquier tipo. Uno de los principios de la filosofía espírita es negar la existencia de los “milagros”. Estos no pueden existir, pues sería contravenir la Ley Natural que Dios mismo ha creado, algo incoherente con la naturaleza perfecta del Creador ni de la perfección de sus leyes inmutables como Él mismo. 

“En los tiempos de la ignorancia, todos los efectos cuya causa no se conocía eran  calificados como sobrenaturales. Los descubrimientos de la ciencia han limitado sucesivamente el círculo de lo maravilloso; el conocimiento de la ley que rige las relaciones del mundo visible y del mundo invisible, ley completamente natural, viene a reducirlo a nada. Por lo tanto, aquellos que acusan al Espiritismo de resucitar lo maravilloso prueban, por eso mismo, que hablan de algo que no conocen”. Allán Kardec – Revista Espírita – Abril – 1864

Desconocer las causas que producen determinados fenómenos, y más en concreto aquellos relacionados con la Mediumnidad, no significa que estas no existan y que, por ello mismo, tengan un carácter “milagroso” los fenómenos que de ella se derivan. Nada más lejos de la realidad: aquí es donde aparece con exactitud el carácter científico del espiritismo, al observar y experimentar los fenómenos, ofreciendo una respuesta lógica, coherente, basada en el razonamiento y la argumentación científico-filosófica que deriva de la ley que rige las relaciones del mundo visible e invisible.

 A ello contribuyeron, en mucho, las explicaciones y respuestas que los espíritus ofrecieron a Kardec a través de las múltiples preguntas y cuestiones que él les formulaba cuando, por sí mismo, no obtenía respuestas sólidas o evidencias científicas en relación a los métodos mensurables de experimentación y comprobación de los que se disponía en el siglo XIX.

Por todo esto, siendo la filosofía espírita eminentemente racional, lógica y científica, Kardec poseía los argumentos para rebatir y desmontar las falsedades, incoherencias y fraudes que los farsantes usaban en distintos espectáculos públicos, haciendo ver al público ingenuo que poseían facultades médiumnicas extraordinarias que no eran tales. 

Las denuncias se sucedían en el tiempo, y eran publicadas en la “Revue Espirite”, unas veces para desenmascarar a los falsos médiums que obtenían lucros y beneficios de esos espectáculos y otras para responder a aquellos que, instrumentalizando esas prácticas, usaban las informaciones para identificarlas con el Espiritismo y dañar la reputación de la nueva doctrina. En ambos casos, con total rotundidad, claridad y firmeza, Kardec desmontaba uno por uno los argumentos de los farsantes y explotadores bajo la lógica y la luz que los argumentos filosóficos de los espíritus habían dado al codificador.

Ponía por delante el carácter altruista, cristiano y solidario del Espiritismo, y especialmente su máxima “fuera de la caridad no hay salvación”, para resaltar con ello que toda práctica realizada en nombre del Espiritismo debe tener como premisa la gratuidad de la misma y ejercerla con profundo sentimiento de practicar el bien y la caridad con el prójimo. Como en la frase que detallamos a continuación, incluida en una carta como contestación a las críticas vertidas por la Iglesia hacia aquellas ideologías que se autodenominaban cristianas y que no eran católicas, donde resalta la característica principal de “la moral espírita”:

“Si consideramos la moral enseñada por los espíritus superiores, veremos que toda ella es evangélica; baste decir que predica la caridad cristiana en toda su sublimidad”

Fue especialmente beligerante, con fina ironía pero sin faltar al respeto nunca a nadie, con aquellos que, denominándose espiritistas, lejos de favorecer con su práctica mediúmnica la divulgación honesta y clara de la doctrina, usaban esta denominación para aprovecharse económicamente, engañando a incautos y obteniendo con ello favores o réditos económicos o sociales.

El daño que hacían estos farsantes y explotadores del fenómeno mediúmnico, la mixtificación y el ilusionismo al autodenominarse algunos de ellos como poseedores de “dones extraordinarios”, fue revertido por Kardec con maestría y genialidad, pues puso notable interés en denunciar esas prácticas para “aclarar lo que NO es Espiritismo”. Con lo cual, de un mal para la propagación de la doctrina de los espíritus se obtuvo un bien mayor, al poner frente al espejo las prácticas que nada tenían que ver con la lúcida, esclarecedora y consoladora doctrina que los espíritus superiores acababan de traer a la Tierra por intermedio de Kardec.

Como ejemplo tenemos un artículo publicado en la “Revista Espírita” en Abril de 1859 bajo el título “Fraudes Espíritas”, donde Kardec alertaba de los trucos realizados por los farsantes y de los sistemas que empleaban para lograr sonidos inexplicables que eran atribuídos a los espíritus. Eran los famosos golpes atribuidos a los “espíritus batidores” que Kardec desmentía al afirmar que, mediante el sistema explicado, era posible producir cuantos golpes, sonidos o ruidos se quisiese y dar respuestas de “sí” o “no”, o indicar letras del alfabeto. 

Con ello, Kardec quiso prevenir a las personas sin experiencia o demasiado crédulas. Y terminaba afirmando con ironía que las causas inteligentes que él había comprobado en las “mesas parlantes” estaría ahora dentro de los cuerpos de los “supuestos médiums”, y no fuera de ellos ni en ninguna otra dimensión. 

Y al respecto de aquellos que utilizaban estas noticias para ensuciar la imagen del Espiritismo y hacer de ello una “comedia espírita” (según un artículo de la época) Kardec les invitaba a estudiar la doctrina y a  no opinar de ella sin conocerla, a fin de poder discernir por sí mismos lo que es de lo que no es espiritismo. Yendo más lejos todavía, Kardec explicaba en estos casos la falibilidad de los espíritus, o dicho de otra forma, que por el hecho de no tener cuerpo no estaban investidos de sabiduría ni de ciencia absoluta, siendo tan ignorantes ahora como cuando estaban encarnados, como ocurría a menudo con los espíritus frívolos e ignorantes cuyas comunicaciones no podían ser de otro orden que las correspondientes a su condición intelectual y moral. A este respecto afirmaba:

“Es probable que aquellos que dicen cosas ridículas como espíritus, las dijeran todavía más ridículas cuando estaban entre nosotros con un cuerpo físico. Es por esto mismo que no aceptamos nada ciegamente, ni lo que viene de parte de ellos ni lo que viene de parte de los hombres encarnados”

El desafío de Kardec para rebatir y colocar la realidad de la filosofía espírita en su auténtico propósito y sentido fue extraordinario; a ello dedicó gran parte de sus energías, sus esfuerzos y sus preocupaciones. 

Advertido con antelación de los obstáculos y dificultades que debería de afrontar, se preparó para ello, pero era tanto el trabajo a realizar y los esfuerzos a considerar que intentó cubrir con enorme integridad y sin escatimar nada en beneficio de la pureza de la doctrina de los espíritus, para que nadie manchara la luz que esta había proyectado para la humanidad. Con ello consiguió al mismo tiempo presentarla en su total expresión como la clave de mayor consuelo para el hombre y el recurso más extraordinario para la redención y reforma moral de la sociedad.

Farsantes y explotadores por:Antonio Lledó Flor

2020, Amor, Paz y Caridad

Publicidad solidaria gratuita