FAMILIA UNIVERSAL

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Familia Universal

“Vuestra madre y hermanos os están llamando ahí fuera. El respondió: ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? Y mirando a los que estaban sentados a su alrededor, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos; porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, es mi hermano, mi hermana y mi madre”.

Marc.3-20/ Mat.12-46

A pesar de los posibles errores de interpretación de esta frase del Maestro de Galilea, nada más lejos de la realidad suponer que Jesús negó a su madre, esto es incompatible con su propio pensamiento cuando afirmó, «como dice la Ley de Moises»: “Honraréis a vuestro Padre y vuestra Madre». 

Por ello es preciso comprender el sentido de la frase y lo que Él quiso afirmar mediante la misma. Nos estaba hablando de los dos tipos de familias que existen: la espiritual y la familia material. Esta última es aquella que nos vincula mediante un parentesco corporal, y que puede ser coyuntural o puntual de una única vida o de varias existencias, donde sus componentes se han venido relacionando por lazos diferentes para alcanzar mayores niveles de progreso y adelanto.

La familia corporal, padres, cónyuges, hermanos, hijos, etc., establecen lazos que con frecuencia tienen un sentido lógico procedente de antiguas relaciones felices o desventuradas; dichosas o criminales. Y en función de esas relaciones venimos a saldar deudas y procurar reconciliaciones cambiando el odio por el amor a través de los lazos de la carne que nos vinculan y del olvido del pasado, tan necesario cuando se trata de perdonar los agravios cometidos o que nos perdonen aquellos que nosotros realizamos.

También existen espíritus que reencarnan en familias por lazos de afecto procedentes de vidas anteriores y que se unen para alcanzar mayores niveles de progreso.

Pero nunca debemos olvidar que ningún padre ni madre crean el espíritu del hijo, puesto que el cuerpo biológico procede de la herencia biológica corporal, mientras que el espíritu o alma humana ya existía antes de la formación del cuerpo físico que le servirá de instrumento para la nueva vida en la carne. 

Así pues, podemos comprender que los verdaderos lazos de familia no dependen de la consanguinidad o la biología, sino de la afinidad, el afecto, la simpatía y comunión de pensamientos y sentimientos que unen a los espíritus antes, durante y después de su encarnación en la Tierra. A esta afinidad es a la que se refiere el Maestro cuando avala y confirma cuál es su auténtica familia.

“Hay dos clases de familia: las familias por lazos espirituales y las familias por lazos corporales. Las primeras son duraderas, se fortifican y se perpetúan en el mundo espiritual. Las segundas son frágiles, se extinguen con el tiempo y a veces se disuelven”

Allán Kardec. E.S.E. Cap. XIV

La comprensión de esta idea, lejos de desanimarnos para continuar con nuestros deberes como padres en la educación y protección de los hijos, representa una nueva oportunidad de progreso y adelanto para todos.

Por un lado, los padres tienen el compromiso ante Dios de poner todo el amor en la formación y educación de los hijos; priorizando por encima de todo acercarles a las leyes de la vida inmortal, pues esa y no otra es la principal vía de progreso y adelanto: el adelanto del alma inmortal cuando encarna en la Tierra.

 Hay que comprender que todo niño es un espíritu milenario, con sus experiencias, virtudes y defectos. Y nuestra responsabilidad como progenitores es fortalecer y desarrollar las virtudes que ya trae consigo como bagaje de sus experiencias anteriores, mientras sofocamos las tendencias negativas, los defectos e imperfecciones que desde tierna edad se manifiestan y que nos ofrecen la oportunidad de corregirlos, al estar el niño en esa etapa de docilidad e ingenuidad que permite educarlos en hábitos centrados en el bien, el respeto y el amor al prójimo.

Toda educación en la familia debe ejercerse bajo dos parámetros ineludibles si queremos alcanzar el éxito de una obra bien hecha, una familia equilibrada y armónica. Estos parámetros no son otros que “la disciplina y el amor”. Ambos son inexcusables en toda formación del hombre de bien, pues es mucha responsabilidad formar una familia donde Dios coloca bajo nuestras decisiones y acciones la responsabilidad de corregir y ayudar a los espíritus que pone a nuestro cuidado.

De aquí que existan todo tipo de familias: aquellas en que los padres, con mayor o menor acierto, pero con amor y diligencia, procuran formar lazos y vínculos de cariño, respeto y educación en los hijos; aquellas otras que, o bien descuidan esta tarea importantísima y de gran responsabilidad ante Dios y sus leyes, y de las cuales se nos pedirán cuentas el día de mañana.

La familia no es la sangre. Es la gente que te ama. Las personas que te cuidan la espalda.

(Cassandra Clare)

Y también existen aquellas familias que no dan ningún valor a este tema y delegan en otras personas el ejemplo, la educación y la formación de sus hijos porque sus prioridades son otras de signo más material, y el esfuerzo y dedicación que supone dedicarse a formar la personalidad de un niño bajo criterios de provecho para el día de mañan no están dispuestas a efectuarlo. Esta dejación de funciones tiene una enorme responsabilidad también en el futuro de aquellos que han priorizado su egoísmo personal antes que ejercer su deber y responsabilidad como padres.

Son pues muchas las derivaciones que podemos entresacar del texto sobre los dos tipos de familias, sin embargo, lo importante es darnos cuenta de que aquellas que optan por una educación ético-moral basada en valores de orden superior, como los postulados de Jesús o de otras religiones de bien y de progreso, son ampliamente recompensadas por formar seres para el bien común que favorecen con su conducta el día de mañana el desarrollo de una sociedad basada en la justicia, el respeto al semejante y la prioridad de los valores eternos del alma por encima de los de la materia.

Seamos capaces de entender esto también del iluminado mensaje de Jesús: “Cualquiera que haga la voluntad de mi Padre, es mi hermano”. Lo que equivale a decir, aquel que cumple con las leyes de Dios y que ama al prójimo como a sí mismo, se encuentra dentro de mi misma familia.

Animémonos a formar parte de esta gran familia universal que reúne a miles de millones de espíritus que pululan en los distintos mundos y que, por encima de religiones, sociedades, países o planetas, vibran en el amor que emana de Dios y que ampara, protege y reúne por los lazos de afecto y amor a todos sus hijos.

Familia Universal por: Redacción

2024, Amor, Paz y Caridad

Tú no eliges a tu familia. Ellos son un regalo de Dios para ti, como tú lo eres para ellos.

(Desmond Tutu)

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