¿EXISTEN LOS MILAGROS?

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¿Existen los milagros?

LA FUERZA DEL ESPÍRITU

“La palabra milagro significa cosa admirable o extraordinaria. Un acto de poder divino contrario a las leyes de la naturaleza”

Sin duda, cuando hablamos de milagros nos viene a la mente la idea de algo sobrenatural o excepcional que no tiene una explicación racional bajo las leyes que conocemos. La pregunta que viene a continuación sería la siguiente: ¿Conocemos todas las leyes de la naturaleza?. Evidentemente la ciencia nos está confirmando diariamente que no, pues nuevas investigaciones y descubrimientos amplían las leyes que antes conocíamos y que teníamos como verdades absolutas. Son siempre relativas, de ahí que no podamos otorgar a la ciencia la única capacidad de conocimiento de la realidad.

Existen otras que se encuentran al margen de las leyes materiales que conocemos y que corresponden al ámbito de lo espiritual, y que sin duda deberíamos estudiar y conocer en profundidad para desmitificar presuntos “milagros” que son inexistentes porque en el momento en que se descubren las leyes que los posibilitan dejan de ser milagros para tener una explicación racional.

En la antigüedad, lo inexplicable se asociaba al milagro. Con el avance de la ciencia, el círculo de lo maravilloso se fue restringiendo y quedó circunscrito a la espiritualidad. Este hecho sirvió a las religiones de todo signo y condición para mantener al pueblo en la ignorancia que pudiera al mismo tiempo mantener la sumisión a un Dios que en cualquier momento podría subvertir el orden y la armonía que Él mismo había creado con el fin de castigar o premiar a aquellos que no siguieran los dogmas y las instrucciones de los representantes de Dios en la Tierra, obrando “los milagros” que fueran necesarios. Incluso en muchos casos a petición de los sacerdotes, que eran los delegados en la Tierra del poder divino.

Hoy, estas cuestiones de pensamiento cuasi medieval están descartadas por la mayoría de las personas serias, los teólogos y muchos integrantes de las propias religiones que las han venido sustentando. Aún así existen muchas personas dentro de las religiones tradicionales que siguen creyendo que el milagro es posible bajo este razonamiento: ¿Acaso Dios no es omnipotente? Por tanto puede cambiar las leyes que él mismo ha creado y en un momento determinado permitir que lo sobrenatural se imponga sobre lo natural.

Sin embargo, lo que la razón nos dice y la ciencia nos confirma es precisamente lo contrario. Las leyes que rigen el mundo en su aspecto material son perfectas, ordenadas, armónicas e inmutables. Por lo tanto, además de una contradicción en sí mismas, esta reflexión va en contra de la sabiduría e inteligencia suprema que es Dios, porque, si Este se ve obligado a modificar las leyes que Él mismo creó, significa que estas no son perfectas y por tanto Él tampoco lo es. Total y absoluta contradicción cuando, mediante la observación y experimentación de las fuerzas y leyes que rigen el universo material y la realidad que podemos conocer, nos damos cuenta de que todo implica un orden superior, una perfección y armonía, una finalidad y un propósito que dirige la evolución de este universo hacia formas más bellas y perfectas sin romper en ningún caso las leyes que le han dado origen, sino más bien efectuando una transformación paulatina dentro de las mismas hacia niveles de mayor perfección y equilibrio.

Es evidente que todo aquello que es inexplicable para la ciencia actual tiende a ser cuestionado, y por tanto, hasta que no se haya la causa que lo permite, se da pie a la especulación sobre si se trata de un fenómeno que escapa a la naturaleza que conocemos, y por ende lo suelen llamar “sobrenatural”. Sin embargo, lo que la observación nos confirma es que no hay nada fuera de las leyes naturales en el universo físico; otra cosa es el universo espiritual que se rige mediante otros parámetros. Por ello, aquello cuya causa desconocemos no tiene por qué estar considerado como algo excepcional o milagroso, sino simplemente acontece porque nuestra limitada capacidad y conocimiento todavía no nos ha permitido desvelar los grandes misterios de la vida, la conciencia y la causa primera de todas las cosas.

“Una explicación racional basada en las leyes de la naturaleza, pone límite a la imaginación destruyendo la superstición. El espiritismo, lejos de ampliar lo sobrenatural, lo restringe hasta sus límites extremos y derriba el último refugio”

Allán Kardec, Génesis, Cap. XIII

Entre las características que podemos atribuir a un posible milagro es que sea, en primer lugar, inexplicable. Si descubrimos la ley que lo permite, deja de serlo, y por lo tanto se acaba su carácter sobrenatural porque encontramos la explicación o el agente que lo produce.

Otra característica de lo milagroso es que sea excepcional e insólito, lo cual supone que sea único. Pero esto no impide que si este fenómeno vuelve a repetirse o con anterioridad al mismo ya aconteció en otra parte, tiempo o lugar, significará que puede repetirse y, por tanto, obedece a unas circunstancias dadas y concretas, contingentes y sujetas a leyes. Desde este preciso instante deja de ser un milagro, aunque todavía no esté a nuestro alcance o conocimiento la totalidad de los elementos o agentes que lo pueden producir.

Llegado a este punto, abordemos ahora qué acontece con aquellos acontecimientos que no afectan al universo físico y sí al espiritual. En este sentido la filosofía espírita de Allán Kardec nos demuestra que el elemento espiritual es una de las fuerzas vivas de la naturaleza. Esta fuerza, al asociarse con el elemento material, permite comprender muchos fenómenos, dentro del ámbito estrictamente material, que son completamente naturales al estar asociados a leyes que los ordenan y dirigen. Al igual que la ciencia nos explica la base de las leyes que permiten las leyes naturales, el espiritismo revela y explica las leyes espirituales capaces de hacernos comprender los fenómenos que competen a esas leyes y que la mayoría de las veces parecen inexplicables y suelen ser considerados como milagrosos.

En este entramado de fenómenos inexplicables se encuentran los fenómenos anímicos y mediúmnicos (*), que lejos de ser algo milagroso, se ajustan a leyes de energía, magnetismo, fuerza y afinidad vibratoria entre las inteligencias que los producen y generan, inteligencias con cuerpo o sin él (los espíritus), y que hoy día tenemos la facilidad de comprender con claridad gracias a los avances complementarios de algunas ciencias como la neurología o la psicología. Se trata de la acción de “mentes sin cerebro”, algo que ya se abra paso en la explicación real de multitud de fenómenos que fueron considerados milagrosos en el pasado y que hoy, gracias a la ciencia espírita y los nuevos avances de la ciencia de vanguardia, alcanzan explicaciones lógicas, razonables y sensatas fuera de cualquier milagro o fenómeno sobrenatural que obligaría a subvertir leyes perfectas e inmutables que siguen funcionando desde el principio de la creación de este universo que podemos conocer.

Por tanto, los milagros, desde la acepción que nos permite entenderlos como algo inexplicable o que rompe las leyes naturales, no existen como tales. Detrás de ellos están las leyes que todavía la mayoría desconocen, y que muchos ya vislumbran al profundizar en la esencia personal de la conciencia humana, verdadero motor y agente de todos los fenómenos inexplicables que afectan al ser humano y el entorno que le rodea.

“La intervención de inteligencias ocultas en los fenómenos espiritas no hace que estos sean milagrosos, ya que su causa es un agente invisible que constituye una de las fuerzas de la naturaleza cuya acción se refleja en el mundo material y moral”

Allán Kardec, Génesis Cap. XIII

¿Existen los milagros? por: Redacción

2024, Amor, Paz y Caridad

(*) En la sección de Inmortalidad y Conciencia de este mes tienen una ampliación de la explicación de estos fenómenos.

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