ESPÍRITUS Y NATURALEZA

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Espíritus y naturaleza

Espíritus y naturaleza

P: “Los Espíritus que ejercen una acción sobre los fenómenos de la naturaleza, ¿obran con conocimiento de causa, en virtud de su libre albedrío, o por un impulso instintivo e irreflexivo?

R: Algunos sí, otros no… Primero, ejecutan. Más tarde, cuando su inteligencia se encuentre más desarrollada, darán órdenes y dirigirán las cosas del mundo material. Más tarde aún, podrán dirigir las cosas del mundo moral. Así, todo sirve, todo se eslabona en la naturaleza, desde el átomo primitivo hasta el arcángel, pues él mismo comenzó en un átomo. Admirable ley de armonía cuyo conjunto vuestro espíritu limitado no puede captar aún”.

 Allán Kardec – Libro de los Espíritus

Bellísima expresión de la ley de evolución, de los mundos y los seres que los habitan, que los espíritus brindaron a Kardec. No solamente encierra el proceso evolutivo del universo físico sino también del universo espiritual. La frase final remarca la finitud y limitaciones del conocimiento humano respecto a los elementos y las causas más profundas de las leyes que rigen la armonía de la naturaleza y del hombre, en el contexto universal de la realidad creada por Dios.

Podemos inferir la relación de los espíritus y la naturaleza, la influencia de aquellos sobre esta en los distintos periodos evolutivos de progreso y desarrollo de los fenómenos naturales, así como la dirección elevada de los seres en sus potencialidades. Al unísono que su progreso moral se consolida, se presenta la prueba evidente del “propósito divino”: Crear el universo para facilitar el progreso y el camino hacia la perfección y plenitud del espíritu humano; chispa divina (del átomo al arcángel), heredera del universo por obra de la Causa Primera e inteligencia suprema, que, impulsando la Ley Natural presidida por el Amor, domina todos los registros y subyace siempre tras cualquier manifestación de vida.

En aquellas cosas que podemos comprender a través de la doctrina espírita entendemos perfectamente la existencia de espíritus todavía inmaduros respecto a la inteligencia y que forman parte de las fuerzas que movilizan fenómenos en la naturaleza. Ellos, sin duda impulsados por otros espíritus superiores que los dirigen con mayor inteligencia y capacidad, están habituados a trabajar con las fuerzas y las energías que subyacen en el universo físico y son usados convenientemente para los fines superiores de lo alto. Son muchos de ellos identificados con nombres que dan lugar a leyendas, mitos y otras fuentes y que son llamados con frecuencia musas, ninfas, gnomos, etc., habitantes del submundo espiritual intrínsecamente relacionado con las fuerzas de la naturaleza.

Mucha literatura esotérica los denomina como “los elementales”. Y efectivamente, estos son espíritus en proceso de maduración instintiva en camino hacia la inteligencia, siendo que su acción sobre los fenómenos de la naturaleza es una acción directa, irreflexiva, guiada por mentores superiores sin que ellos se percaten. Fenómenos atmosféricos, sísmicos, telúricos, orogénicos, volcánicos, etc., obedecen la mayoría de las veces al “aparente descontrol” de las fuerzas de la naturaleza. 

P: ¿Los espíritus que presiden los fenómenos de la naturaleza son seres especiales? ¿Pertenecen a un orden superior o inferior en la escala espírita?

R: Depende de si sus funciones son materiales o inteligentes; unos mandan (los superiores) y otros ejecutan las cosas materiales siendo estos últimos de naturaleza inferior a los espíritus y entre los hombres. A. Kardec – L.E. It. 538

Así pues, esto demuestra que no hay en el universo y la naturaleza nada más inexacto que el desorden (1); al contrario, todo se encadena, todo obedece a una causa superior, las fuerzas de la naturaleza que se liberan de forma descontrolada son la mayoría de las veces  impulsadas por órdenes y direcciones adecuadas en el contexto de estas voluntades superiores y de aquellos espíritus que obedecen por estar todavía en un proceso de desarrollo, que únicamente les impulsa a actuar sin tener la inteligencia necesaria para controlar los efectos de las causas que liberan, lo que sí está previsto por las inteligencias superiores que los impulsan.

(1) (Todo tiene su razón de ser y nada acontece sin permiso de Dios. L.E. It 536)

De ahí la pregunta “¿obran con conocimiento de causa o por un impulso instintivo e irreflexivo?”. Respuesta: algunos sí, otros no. Primero ejecutan. En una segunda fase estos espíritus pasarán a regir por ellos mismos las cosas del mundo material, para terminar en una tercera fase en las que serán los encargados del desarrollo y dirección del mundo moral. Pero para llegar a este tercer estadio habrán abandonado la etapa instintiva y realizado sus experiencias milenarias en la etapa racional que el hombre desarrolla bajo su libre albedrío y desarrollo intelectual y moral, superando las pruebas y experiencias necesarias que le capaciten para formar parte de mundos superiores de regeneración.

En un editorial anterior abordábamos la última fase de este desarrollo evolutivo del espíritu humano cuando hablábamos de los arquitectos y co-creadores del mundo espiritual. Nos referíamos a la etapa final, donde espíritus puros, arcángeles, que ya han superado el proceso evolutivo de los mundos materiales, colaboran con el Creador en su propia obra de Creación, y desde donde se encuentran dirigen a voluntad las evoluciones de los mundos, humanidades, universos y constelaciones, siempre bajo el impulso y directriz de Dios, pero con el libre albedrío que su condición angélica les permite para seguir ampliando la infinita obra de la creación física y espiritual.

Estos seres son aquellos de los que habla Kardec, que, como todos, comenzaron en un átomo primitivo y llegaron a la plenitud y perfección divina que a todos nos aguarda después de nuestro recorrido milenario por los mundos y los universos.

La limitada capacidad del ser humano para comprender la realidad toda del universo que nos rodea y del que formamos parte es admitida por los grandes sabios que han existido en la Tierra. Frases inigualables como “Solo sé que no sé nada” de Sócrates, o “Lo incomprensible del universo es que sea comprensible”, de Albert Einstein. Son solo dos ejemplos de lo lejos que todavía nos encontramos de entender la “realidad última” del sistema del que formamos parte, a pesar de los enormes avances de las ciencias y de la tecnología de punta.

Hoy se nos afirma por la física que el universo energético es la base que subyace y permite la aparición del universo físico y sus múltiples manifestaciones. Pero esto no es más que la confirmación de lo que ya sabemos por la enseñanza de los espíritus desde hace más de siglo y medio: “El universo material es el reflejo del universo espiritual”, donde se elaboran y se crean las ideas proyectándose hacia la materia. 

Así pues, cualquier manifestación que podamos pensar, elucubrar o intuir, ha tenido su principio en el mundo espiritual. Los grandes genios y sus creaciones a menudo han recibido la inspiración de las musas o de la intuición de algo que ya sabían o traían en su inconsciente desde el otro lado de la vida, antes de encarnar, y gracias a ello pudieron plasmar en la Tierra aquello que ya sabían antes de venir de forma inconsciente.

El mundo espiritual, a través de la mente, crea la realidad, y muchos espíritus de los que desconocemos su existencia colaboran en llevar a cabo los proyectos que se elaboran desde el otro lado para el progreso de las humanidades y su desarrollo intelectual y moral. Usando la energía universal que interpenetra todo el universo (FCU) (2) y bajo las leyes de sintonía, frecuencia, vibración y afinidad, los átomos de materia asimilan de esta sustancia primitiva universal las propiedades y variaciones de las distintas formas de presentación de los cuerpos materiales (Ej.: Agua = H2o. El mismo principio material se presenta en tres formas distintas: líquido, sólido como hielo o gaseoso como vapor de agua).

La sinfonía de la perfección y el progreso es inmanente a las leyes de Dios, a la naturaleza y a los espíritus que la pueblan y se integran en ella. Por ello, la belleza de la expresión de la inmortalidad “del átomo primitivo hasta el arcángel”, nos permite comprender la finalidad y el propósito del creador para con nosotros: ser la especie elegida para la encarnación de los seres que puedan conocerle, cuando alcanzamos la plenitud mediante la conquista del “Amor infinito y la felicidad suprema”.

Redacción

©2021, Amor, Paz y Caridad 

 

(2) FCU: Fluído Cósmico Universal o sustancia primigenia del universo, de la que todo surge salvo el principio inteligente. Hoy algunos científicos lo denominan como “campo cuántico”, “orden implicado”, “fuerza universal”, “energía oscura”, “quintaesencia”, “panespiritismo”, pansiquismo etc..

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