Palabras de aliento

ENCUENTRO ENTRE LA MADRE TERESA Y LA PRINCESA DIANA EN EL PLANO ESPIRITUAL

Por: Divaldo Pereira Franco

Cierto día, la princesa Diana visitó a la Madre Teresa de Calcuta, abriendo su corazón. Le habló de sus angustias, de su vacío interior, muy a pesar de que llevaba una vida de glamour. Y confeso su deseo de hacer parte de su orden religiosa.

La madre se conmovió con su relato, lleno de ternura y confianza, y vio mucha dulzura y bondad en el alma de aquella mujer simple, pero muy rica y famosa. Y, con gran cariño, buscó orientarla. Le dijo que ella era una princesa y, como tal, no podría pertenecer a su orden religiosa, de extrema pobreza. Entonces, la madre le dijo:

– Diana, usted le podría donar ese amor a los niños indefensos. En su posición, usted puede ayudar a muchas de ellas, que sufren… La caridad puede ser ejercida en cualquier lugar donde nos encontremos…

La princesa volvió a su palacio y posteriormente se dedicó a visitar niños víctimas del Sida, esa enfermedad tan cruel, y ayudó, con enorme cariño, a niños mutilados por las minas de las guerras… Desde entonces, encontró la alegría de ser útil y el placer de servir.

La Madre Teresa acompañó todas las noticias relacionadas sobre ella tanto en TV como en los periódicos. Y, entre aquellas dos mujeres, vínculos de amor pasaron a existir.

El tiempo pasó. Algunos meses después, la princesa, amiga de los sufrientes, la Rosa de Inglaterra, como era conocida mundialmente, vino a desencarnar en un accidente que golpeó a todos.

La madre, muy conmocionada, al enterarse del hecho, se apresuró a tomar decisiones y a cancelar compromisos, con el fin de asistir al funeral, días después.

Sin embargo, algo cambio sus planes. Su salud, muy inestable, la llevó a la cama. Días después, la Madre Teresa también falleció.

Entonces, Joanna de Ángelis nos contó los acontecimientos sucedidos, del “otro lado”…

La Madre Teresa fue recibida en una fiesta de luz, bajo la cariñosa asistencia de Teresa de Lisieux, o Santa Teresita del Niño Jesús, como es recordada en la Iglesia Católica. Permaneció consciente de su proceso desencarnatorio, en la paz de consciencia que su vida honrada le hiciera merecer. Y es entonces cuando ella le pregunta a la religiosa que la recibiera, donde estaba Diana. Y Teresa de Lisieux le cuenta que la princesa, debido al choque causado por el accidente, estaba durmiendo, aún en descanso y recuperación.

La Madre Teresa de Calcuta velando por la princesa, le hace compañía, ora por su armonización. Y, en el momento del despertar, cuando Diana abre los ojos ante la vida espiritual y reconoce la grandeza del amor de Dios, he ahí que ella vuelve a ver a la madre, la religiosa afectuosa y amiga que, con extremado amor, le dice:

– Ahora, hija mía, usted está lista para ser aceptada en mi orden. Iremos a trabajar juntas, con la bendición del Señor.

– Nosotros, que sabemos cómo es el mundo espiritual de fascinante, dice Divaldo, ¡imaginemos el júbilo de ese encuentro!

Traducción al español:
Oscar Cervantes Velásquez Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís Santa Marta – Colombia

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