EL INCONSCIENTE: FORTALEZA OCULTA

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El inconsciente: fortaleza oculta

El inconsciente: fortaleza oculta

Ya hemos visto que nuestra mente es un instrumento de progreso tan extraordinario y complejo como necesario. Nuestro interés no es la definición específica de sus distintos niveles (consciente, inconsciente, supra consciente) sino la búsqueda de apoyos que nos ayuden a mejorar nuestra vida, por lo que no vamos a entrar en aspectos demasiado técnicos para hacer el tema lo más sencillo posible y orientado hacia lo más transcendente.

El inconsciente es una parte de nuestra mente que vamos a definir como esa zona que está por debajo del nivel de la consciencia, que nos resulta más desconocida porque permanece más oculta. Imaginemos que entramos a una habitación donde podemos observar claramente una serie de objetos, pero hay una parte cubierta por una cortina que impide ver el resto de la misma. Podríamos decir que nuestro consciente es la parte visible y esa que permanece oculta es el equivalente a nuestro inconsciente, donde se encuentran las fuerzas más primitivas de nuestra personalidad.

Todo lo que vivimos y experimentamos en un primer momento se vive de forma consciente, pero con el tiempo tiende a desaparecer pasando a nuestro inconsciente, quedando archivado con sus recuerdos y sensaciones correspondientes. Mientras nuestra parte consciente tiende a olvidarlas, nuestro inconsciente las guarda con la tendencia a sacarlas con posterioridad, bien en casos de necesidad para apoyarnos en experiencias pasadas, por similitud con algo parecido que ya hemos experimentado, o por la necesidad de comprender algunos procesos o vivencias que no quedaron suficientemente aclarados en su momento.

Podemos resaltar que todo aquello que no hemos comprendido suficientemente, o aquello que ha producido determinados recuerdos negativos o traumas, estará empujando por salir para ser aclarado o superado conscientemente. Por poner un ejemplo, vamos a imaginar una persona que durante su infancia sufrió la agresión de un perro; aunque con el tiempo lo irá olvidando, siempre que vea algún can automáticamente saldrán las reminiscencias y sensaciones de su agresión como mecanismo de autodefensa, pero también con recuerdos de sensación desagradable. Surge lo que hay guardado en el inconsciente tal como se archivó.

Si en este caso le quedó un trauma que desea solucionar, en psicología se suele tratar a la persona haciéndole que hable sobre lo ocurrido, cómo se sintió, cómo se siente ahora, etcétera, porque a medida que se comenta lo sucedido se va observando con menor desagrado, y cuando se vuelve a archivar el recuerdo, este suele ser mejor que el anterior, con lo que poco a poco el trauma tiende a perder peso e importancia. Es una forma de entrar a ese nivel que está por debajo de la consciencia.

El intento de olvido de algo desagradable nunca ha sido una buena solución porque no deja totalmente zanjado ese asunto. Quedará guardado en nuestro inconsciente esperando el momento de su solución definitiva, por lo que estará presionando para salir y ser comprendido. Es preferible solucionar las cosas cuando suceden, porque las represiones no aportan nada positivo.

Aunque no lo parezca, nuestro inconsciente tiene más fortaleza que nuestra parte consciente. Si en un momento de nuestra vida nos vamos a vivir de una ciudad a otra, para ir al trabajo necesitamos estar atentos a las calles por las que transitamos por primera vez, pero transcurrido cierto tiempo ya lo hacemos de forma inconsciente, no vamos pendientes de cualquier movimiento, ni siquiera del lugar exacto en el que estamos. Es más, si todos los días hacemos el mismo itinerario sin explorar otros posibles y en un momento determinado cortan al tráfico una sola calle para realizar obras, vuelve a ser necesario que prestemos toda nuestra atención a los cambios que necesitamos hacer en nuestro itinerario.

Y si profundizamos más, nos daremos cuenta de que los primeros días tenderemos a seguir realizando el recorrido de siempre, y posiblemente volvamos a llegar hasta la calle cortada. Esto nos demuestra esa mayor fuerza del inconsciente porque se hace de forma automatizada. Es más, durante las 24 horas del día, el porcentaje de actos inconscientes gana abrumadoramente a las acciones que realizamos conscientemente, porque para ello necesitaríamos estar atentos y concentrados en lo que hacemos, lo que ocurre con poca frecuencia. Y esta es una de las causas que dificultan tanto nuestros cambios de mejora personales.

En los aspectos que venimos analizando esto tiene gran transcendencia, porque estamos aprendiendo que en nosotros existen factores que desconocemos pero que influencian nuestra conducta, y algunos de ellos tienen su origen en nuestro inconsciente. Si una persona tiene sentimientos hostiles hacia otra, habrá momentos en los que conscientemente realice un esfuerzo y exprese sentimiento de amabilidad, pero como su tendencia inconsciente es la que prevalece, tenderá a criticarla con más frecuencia, especialmente cuando esté hablando sin el control de la reflexión, porque esté más distraída o alterada.

Esto nos da a entender que, si bien es un sector de nuestra mente que tiene por función apoyarnos en nuestro desarrollo personal, también opone las resistencias de esas actitudes y comportamientos que nosotros mismos hemos venido forjando y arrastrando con nuestro proceder en el pasado. Por eso se dice que, al final, todos terminamos recogiendo la cosecha de lo que hemos venido sembrando, porque todas las causas están en nosotros y terminamos recibiendo las consecuencias de nuestro propio comportamiento al estar guardadas en nuestro inconsciente. Esto quiere decir que solo podemos modificarlo desde ese mismo interior. Y es una realidad inalterable aunque nos cueste verlo, máxime cuando para realizar un análisis detallado y objetivo no tenemos en cuenta todos los factores que intervienen, como por ejemplo las leyes que rigen la vida en sus aspectos más transcendentes.

A ese deseo que podamos tener de cambiar algún aspecto de nuestro carácter, que conscientemente hemos comprendido es más perjudicial que beneficioso, continuamente se estarán oponiendo los contenidos grabados en nuestro inconsciente con pensamientos y actitudes que han formado parte de nosotros hasta ahora, y es por ello que cuesta tanto cambiar algunas de esas tendencias.

Esto explica las dificultades que tenemos para cambiar cualquier aspecto de nuestra personalidad, con continuas indecisiones, ideas de rechazo o abandonos, que restan fuerzas a nuestra parte consciente, dándoselas a la inconsciente. Si comprendemos este aspecto debemos dar por bueno todo el trabajo que se realiza y no caer en la desgana ni la desilusión, comprendiendo que todo paso hacia adelante siempre es muy positivo.

Como todo antes o después tiene su solución, vamos a ver qué podemos hacer cada uno de nosotros para modificar esos condicionantes, para que los resultados que vayamos obteniendo cada vez sean mejores y más satisfactorios.

Siempre tenemos el poder y la capacidad de modificar y mejorar los contenidos de nuestro inconsciente; es más, necesitamos hacerlo para que nuestra vida mejore. ¿Es sencillo acceder a el? ¿Se pueden modificar sus estructuras?

De lo que se trata es de aprovechar en nuestro favor ese tremendo caudal de energía, contenidos emocionales e ideas que tiene nuestro inconsciente, asentadas en nosotros durante largo tiempo. Limpiarlo de contenidos incompletos por experiencias incomprendidas y ordenarlo bien es importante para cada persona. Como desde el plano consciente van pasando al inconsciente, es en este primero sobre el que podemos actuar para mejorar aquello que deseamos y poder dirigir la fuerza del inconsciente hacia nuestras necesidades. Si conseguimos que toda esa fuerza instintiva se alinee con nuestro consciente y trabaje a nuestro favor, tendremos un valioso aliado, comprendiendo que cualquier mejora que queramos realizar siempre se hará de forma continuada pero sin cambios radicales.

El deseo y la convicción de cualquier cosa que quiera hacer debe interiorizarse en las capas más profundas de nuestra personalidad. Difícilmente podré realizar cambios en mi carácter si en mi inconsciente tengo contradicciones mediante ideas que me están diciendo que no está claro, que no puedo o no es correcto hacerlo, porque todo ello terminará dificultando aquello que quiero cambiar. ¿Estoy abocado al fracaso antes de comenzar? ¿Qué puedo hacer entonces?

El primer paso es trasladar ese cambio a nuestro inconsciente a través de la mejor forma en que puede penetrar: el sentimiento. Para llegar a lo más profundo de nuestro ser necesitamos sentir con profundidad. Es por eso que el sentimiento es el mejor modo de conseguir las cosas.

Si soy una persona impaciente y quiero transformar mis pensamientos y forma de ser hacia otros de paciencia y paz interior, en mi inconsciente todavía seguirán estando y contraponiéndose esos estados de impaciencia, el deseo de hacerlo ya, la ansiedad por conseguir algo, por lo que terminará aflorando, generando dudas y poniendo dificultades hacia el estado de paciencia que deseo conseguir. Y esto seguirá ocurriendo, en mayor o menor grado, hasta que consiga por mi parte una vivencia real y un sentimiento auténtico de paciencia, dejando que ese proceso de cambio se realice con verdaderos pensamientos y actos de tranquilidad y sosiego, siempre de forma consciente y prolongada en el tiempo. Al final conseguiré penetrar tanto en las capas de mi personalidad, que en el inconsciente quedará definitivamente guardado ese sentir la paciencia.

Con un sentimiento verdadero y auténtico de lo que deseo conseguir, todo mi ser trabajará en esa misma línea y la paciencia será una cualidad desarrollada hasta los límites en que haya sido capaz de introducirla en mi forma de ser y de actuar. Necesito comprender y asimilar verdaderamente este cambio para conquistar la cualidad, en este caso, la paciencia. De igual modo sucede con cualquier conquista que desee realizar, sea cual sea esta.

El inconsciente: fortaleza oculta por: Antonio Gómez Sánchez

© 2020 Amor, Paz y Caridad.

 

Puede escuchar al autor en su podcast: Aprendiendo a vivir mejor

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