EL DESPERTAR DE LA CONCIENCIA

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El despertar de la conciencia

El despertar de la conciencia

Estamos acostumbrados a vivir a merced de las circunstancias porque no solemos tener consciencia de nuestra verdadera realidad en la vida, ni de nuestra participación en todo cuanto nos afecta. Es por ello que vamos a intentar adentrarnos en uno de los fenómenos naturales más maravillosos de la vida: la conciencia humana.

Aunque resulta difícil definir qué es la conciencia, ya que puede ser abordada desde distintos enfoques y múltiples y variados matices, podríamos decir que es la capacidad propia del ser humano de conocerse a sí mismo y actuar en consecuencia con los conocimientos y percepciones de su propia existencia y de su entorno, observándola como esa guía interna capaz de orientarnos en la vida en todo momento, y especialmente en los de mayor necesidad o incertidumbre, con la claridad de la convicción.

Es un instrumento de progreso que todos tenemos y que se manifiesta con más firmeza y determinación cuando la persona ha alcanzado una cierta madurez interna y comienza a buscar las orientaciones y comportamientos más adecuados en su vida. Está ubicada en la intimidad del ser humano para que sirva como guía en los momentos de nuestras decisiones. Podemos decir que, para recibir su caudal de sabiduría y convicción, es necesario aprender a conectar con ella.

¿Cuándo surge? La conciencia siempre está presente desde que el ser humano adquiere su individualidad. Como en todo, esta tiene distintos niveles en función de la evolución de cada uno. Pero, dentro de los distintos grados evolutivos, la conciencia actúa y es muy útil para un avance más rápido y más satisfactorio, evitando muchos momentos de disgustos y sufrimiento.

En ese transcurso evolutivo que se remonta a los inicios de la vida humana en el planeta surge el momento del despertar a otra nueva y renovadora, como demanda a unas inquietudes superiores y a una mayor madurez del alma humana que le impulsa a ser más consciente de su realidad verdadera. En esos momentos se tiende a la búsqueda de una existencia menos monótona y angustiosa y más elevada y transcendente. Es un impulso que conviene seguir por cuanto de positivo supone siempre, especialmente cuando se nota que ha llegado el momento de efectuar cambios en una vida, que hasta entonces marchaba a la deriva, hacia otra que se desarrolle con verdadera consciencia de ser y estar para llenar los vacíos del alma.

La tendencia general hasta el momento del despertar de la conciencia es ir hacia donde las circunstancias nos empujan, dominados por los acontecimientos, sin un rumbo fijo y sin dominio sobre uno mismo. Pero, cuando llega el momento del despertar empezamos a ser conscientes de nuestra propia individualidad y de las posibilidades reales que tenemos de dirigir nuestra vida, es como si tuviéramos una llamada interior hacia algo superior, donde se van experimentando realizaciones personales que dan mayor satisfacción, comenzando a ser conscientes de nuestra propia realidad existencial y nuestra individualidad dentro de un marco social.

A partir de aquí nuestra vida podrá empezar a ser diferente, experimentando sentimientos y sensaciones hasta entonces desconocidos para nosotros que irán en aumento en la medida que seamos capaces de contactar y desarrollar nuestra conciencia, mejorando notablemente nuestro estado de satisfacción por los mejores y mayores logros que podemos conseguir en nuestro desarrollo particular.

Ha llegado el momento de buscar para identificar esas ideas y principios que den más sentido a nuestra vida, que llenen ese vacío existencial que habremos podido arrastrar hasta entonces, con la finalidad de comenzar un nuevo modelo de vida, más amplio y generoso, más práctico y consciente. Todo ello nos va a ayudar a aprender y crecer con una buena orientación y desarrollando todos los atributos inherentes que tenemos guardados en nuestro interior y que hasta entonces permanecían en estado latente, casi adormecidos.

Las cualidades positivas que veamos en cualquier persona también lo están en cada uno de nosotros, en todos sus aspectos y niveles, lo único que ocurre es que todavía no las hemos desarrollado en todo su potencial. Esa es una labor que tenemos pendiente de realizar.

Una semilla lleva en estado latente todas las cualidades de una planta; luego, el día, la noche, el agua y todas las diversas condiciones climatológicas hacen que vaya germinando hasta ser una planta idéntica a aquella de la que nació. En el ser humano ocurre esta similitud. Nuestro interior es como esa semilla con las mismas capacidades del Creador, y que tenemos en estado latente. Nos vamos desarrollando con las reacciones que nuestro interior tiene ante todo lo que experimenta con el exterior. Todos tenemos la misma conciencia pero en estados distintos de desarrollo, al igual que todas nuestras capacidades se encuentran en diversos niveles evolutivos. Nos ayuda a crecer y aprender, pues vamos ampliando los atributos inherentes y adormecidos de la evolución; somos energía, seres inteligentes y afectivos necesitados de desarrollo.

La conciencia siempre nos indica qué está bien y qué está mal, más allá de la simple moral humana, porque se rige por la ética del comportamiento y la verdad más profunda y esencial de la vida. Bien distinto es que nos desentendamos de sus orientaciones, porque somos personas con libre albedrío, y por tanto podemos actuar tal como deseemos, escuchándola o desoyéndola. Eso depende de cada uno, siendo por tanto diferentes también las responsabilidades adquiridas.

Cuando nuestros sentimientos y nuestros actos se alinean con ella y van en consonancia con sus dictados, la vida es mucho más venturosa y más radiante, porque disfrutamos de las energías de nuestro interior en total plenitud. En los casos contrarios nuestra vida va dando bandazos de un lado para otro, estando más perdida y siendo más desventurada de lo que debiera ser.

¿Cómo se desarrolla? Prestándole nuestra atención. Todos sabemos que hay ocasiones en las que hacemos cosas de forma contraria a los dictados de nuestra conciencia, porque en el fondo de nuestro sentir se expresa la sensación de que estamos actuando de forma desacertada, no estamos siendo justos, ni sentimos la satisfacción del buen hacer. Pero, a pesar de ello, seguimos actuando de igual forma, haciendo caso omiso a lo que nos está indicando nuestra conciencia. De esta forma lo que conseguimos es ir acallándola, porque cada vez que hacemos lo contrario de lo que nos indica nos estamos alejando de ella y estamos apagando su voz, impidiendo que nos lleguen esos impulsos de inquietud que nos son tan necesarios.

Para expandirla hay que hacer caso a sus orientaciones y veremos cómo nuestros aciertos y satisfacción cada vez serán mayores. En este caso estamos alineados con ella y consiguiendo que esa conexión cada vez sea más clara y mejor. Experimentaremos cómo esa voz de sabiduría va orientándonos acertadamente, lo que podremos comprobar a medida que vayamos avanzando.

Para un buen desarrollo debemos permanecer conscientes, estando atentos a lo que hagamos la mayor parte posible del tiempo, pues es la forma de vivir más plenamente nuestra vida. Cuando hacemos algo estando ausentes de ello, porque tenemos nuestros pensamientos y sentimientos en otra parte, quedamos vacíos de esa vivencia particular. El hecho de estar presentes en nuestras acciones es de suma importancia, porque es lo que da autenticidad a lo que vivimos, lo que le da sentido y lo que nos vale para comprender mejor cada día nuestra verdadera realidad.

Saber por qué y para qué hacemos algo determinado nos hace más conscientes de lo que  queremos ser y de lo que buscamos realmente, consciencia que no hemos venido teniendo con anterioridad.

Ciertos bloqueos mentales y emocionales, como la ansiedad y la depresión, o dependencias adquiridas como el alcoholismo y la drogadicción, son capaces de alterar las formas en que el individuo es capaz de percibir la realidad, por lo que llegan a distorsionar la misma, aletargando y entorpeciendo el extraordinario apoyo que supone la guía de nuestra conciencia. Es de suma importancia eliminar todas esas trabas, porque desarrollarla nos va a permitir vivir una vida más consciente en todos los aspectos, más positiva y con más libertad, actuando como un buen medio de comprensión hacia los acontecimientos y circunstancias que nos rodean y suelen afectarnos habitualmente.

Solemos escuchar o leer que, en cierto modo, la conciencia juzga nuestros actos, dejándonos después estados de satisfacción o de insatisfacción, dependiendo de si hemos actuado acorde o no con sus “dictados” y de que el sentimiento que nos ha movido a hacer tal o cual cosa haya sido más o menos noble y altruista, o más desleal y egoísta. Es cierta esta opinión generalizada, si bien es interesante profundizar más en los instantes siguientes a “juzgar” esos actos, para sacar las conclusiones más idóneas de cara a nuestros comportamientos futuros. Cuanto más protagonismo le demos a nuestra conciencia, más la estaremos desarrollando. Y este aspecto que parece simple va a dotar nuestra vida de una guía extraordinaria para sortear los momentos de mayor dificultad que podamos tener.

En la búsqueda de la felicidad, estar en consonancia con lo que nuestra conciencia manifiesta es fundamental, porque no estamos separados de ella sino que forma parte indisoluble de nuestro propio ser. Si no actuamos en base a sus manifestaciones nunca podremos sentir la plenitud, porque es imposible tener paz y felicidad si existen conflictos internos entre la conciencia y nuestros comportamientos. Esta es una realidad que ninguno de nosotros podemos evitar.

Hagamos una prueba. Después de realizar un acto altruista, vamos a analizar su desarrollo, cómo, cuándo, de qué forma lo hemos hecho, qué estábamos pensando en ese momento, cómo lo hemos vivido y, por último, la sensación que nos ha dejado. Es muy probable que nos sorprendamos de las conclusiones. Si no lo hacernos, nunca sabremos cuáles podrían haber sido, pero es una forma de aprender a ser conscientes de nuestros actos.

El despertar de la conciencia por: Antonio Gómez Sánchez

© 2020 Amor, Paz y Caridad.

Puede escuchar al autor en su podcast: Aprendiendo a vivir mejor

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