EL DESARROLLO DE LA PERSONALIDAD

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Desarrollo de la personalidad

Cuando nacemos estamos adentrándonos en un mundo por explorar y comenzamos a experimentar numerosos cambios, no sólo en el aspecto físico, sino también en nuestras actividades, relaciones, deseos, comportamientos, tendencias y un largo etcétera. Va cambiando nuestra percepción de los acontecimientos, la forma en que los vivimos y nuestras manifestaciones. Comienza un proceso evolutivo cuya finalidad es ir transcendiendo al nacimiento.

Hay momentos en los que la vida nos resulta relativamente fácil, experimentamos una predisposición positiva y nos encontramos inspirados en la resolución de nuestros problemas; transcurre con normalidad y dentro de un cauce de bienestar personal que nos da gran satisfacción. Todo sale según nuestros deseos y gozamos de salud en sus múltiples facetas, entendiendo el término salud no sólo en su aspecto físico, sino también mental y emocional, como equilibrio y armonía en nuestras vivencias y situaciones de cualquier orden: personales, familiares, sociales o económicas, ya que todo ello está íntimamente relacionado.

En cambio, en otras ocasiones nos encontramos con etapas complicadas que nos gustaría evitar, subsanar o superar. Hay veces en las que todo parece salir mal, convergen más dificultades que facilidades, nos encontramos ante situaciones que nos producen malestar, dolor y sufrimiento y mantenemos una rebeldía interior que lo único que consigue es dejarnos en posturas de incomprensión y amargura, con un estado de ánimo apesadumbrado y abatido, lo que pone más difícil hacer frente a las mismas. Las sentimos como dificultades que nos superan, nos creemos incapaces de avanzar e incluso suele ocurrir que, durante esos momentos, no estemos conformes ni satisfechos con nuestra vida.

Seguro que cada uno de nosotros habremos vivido estos estados diferentes entre si, porque forman parte de nuestro desarrollo social como colectivo y personal como individuos. Y aunque todos ellos son pasajeros, no dejan de ser momentos de vivencias y experiencias que nos pueden afectar mucho, unas veces positivamente y otras que nos dejan en situaciones de sufrimiento.

La gran ventaja que tenemos en todas estas realidades es que podemos intervenir en las mismas de forma decisiva, mejorando nuestra vida, pero no solemos darnos cuenta, porque esas cualidades con las que debemos afrontarlas están inactivas o bloqueadas. No hemos aprendido a desarrollarlas porque no nos hemos preocupado de hacerlo y porque tampoco nos han enseñado a conseguirlo.

Si, por un lado, somos lo que pensamos, sentimos y deseamos, y por otro, nuestra vida actual es el resultado de nuestras decisiones del pasado, nos encontramos ante una realidad incuestionable: Tenemos la capacidad de decidir nuestro futuro. Esta es la gran razón que nos permite comprender que podemos intervenir, empleando adecuadamente nuestro libre albedrío y nuestros recursos, para que ese futuro sea mejor, porque sabemos que será el resultado de nuestras decisiones actuales. Y es precisamente esta posibilidad la que vamos a explorar durante los próximos meses.

Esta sección tendrá por objetivo reflexionar sobre algunos aspectos de nuestra vida que pueden pasarnos desapercibidos, pero que tienen gran transcendencia e impacto en la calidad de la misma, buscando el análisis y el estímulo de quienes tengan la intención o el deseo de mejorarla.

Abordaremos temas como el conocimiento de nuestros problemas más habituales, así como la forma de resolverlos o minimizar sus efectos; los aspectos positivos y la transcendencia de la meditación proactiva; el desarrollo de la conciencia y de la intuición como factores de guía, fundamentales en momentos determinados de nuestra vida; el poder de la mente y del inconsciente, así como su desarrollo; la comprensión de esas fuerzas invisibles del Universo en las que podemos apoyarnos y aprender; la realidad espiritual que nos influye y acompaña; las consecuencias de nuestros actos; los enigmas de la conducta y su interrelación con la sociedad. En definitiva, aquellos aspectos que forman parte indisoluble e inseparable de nuestra vida y que tanta influencia tienen sobre ella, sobre nuestro presente y futuro, sobre nuestra felicidad o desdichas.

Es importante conocer esos recursos latentes que poseemos y que tienen por función añadir valor y calidad a nuestra existencia; comprender las transformaciones que podemos realizar para mejorarla; afrontar las dificultades utilizando la imaginación y la creatividad; conseguir el sosiego de las inquietudes que en ocasiones turban nuestro estado. Todo ello ayudará a eliminar las trabas que impiden nuestra satisfacción y nuestro desarrollo, fortaleciéndonos día a día, y puede ser de apoyo para aquellas personas que no se conforman con vivir por vivir, sin más, que se formulan un sinfín de preguntas sobre sí mismas, su sentido en la vida y sus circunstancias.

Estos y múltiples temas más pueden ser estudiados y analizados en pro de la búsqueda y encuentro de una mayor comprensión de las circunstancias que ocurren y nos embargan, para que a través de una más elevada conciencia de nuestras propias realidades podamos elevar el sentido de nuestra existencia hacia los logros más deseados en la eterna y constante búsqueda de la verdad y de la plenitud. Se trata de abarcar, comprender y solucionar esos problemas que entorpecen nuestro desenvolvimiento y desarrollo, anclándonos a situaciones de preocupación y desespero.

No es lo mismo tener conocimientos de determinada materia que carecer de ellos, vivir consciente que inconscientemente, o con sufrimiento que sin él. No da igual gozar de amistades verdaderas que de falsas, tener paz interior o conflictos. No es lo mismo gozar de salud que padecer por su ausencia, como tampoco lo es ser felices que infelices. Hay realidades en la vida que difícilmente se pueden negar.

Hagamos un reto: Detener toda actividad y aislarnos del ruido externo que tanto nos distrae, para observar nuestra vida de forma objetiva y sincera. Démonos tiempo para ello.

Si lo hacemos, nos daremos cuenta que necesitamos aprender, cambiar, mejorar y crecer, modificar nuestros aspectos más débiles, cimentar los más fuertes y desarrollar las emociones positivas como puntos de apoyo y fortaleza interna. Podremos comprobar cómo con el desarrollo de nuestras cualidades y capacidades, dirigiendo nuestro esfuerzo hacia nuestras verdaderas prioridades, irán desapareciendo nuestras dificultades.

Para conseguirlo, es necesario comprender que no somos una parte independiente de las situaciones que nos acontecen, sino todo lo contrario, somos el factor central, los verdaderos protagonistas de las misma, porque es precisamente en nosotros donde se encuentran tanto los problemas como las soluciones. El poder de decisión, en la inmensa mayoría de las múltiples facetas que afectan a nuestra vitalidad, es nuestro, porque somos quienes experimentamos esos estados en base a nuestra particular forma de reaccionar ante lo que vivimos. Aunque todo lo exterior influye y mucho, cada uno de nosotros somos determinantes en nuestras reacciones.

Mi manera de pensar, de ser y de sentir afecta a los demás, pero la primera persona en sufrir o disfrutar de sus consecuencias soy yo. Entender esta realidad es el primer paso para evitar muchos de esos males que deterioran y empobrecen nuestra existencia, permitiéndonos alcanzar una solución certera al conocer cuál es la raíz principal de la que se derivan muchas de esas circunstancias adversas que tanto malestar y dolor suelen causarnos. La asimilación de este principio inalterable me deja ante una pregunta muy natural: Mejorar mi vida ¿es un reto fácil o difícil?

Veremos que ni lo uno ni lo otro. No podemos hablar de facilidad o dificultad porque ambas características están plenamente unidas a nosotros. Será tanto o más fácil como clara sea mi decisión, mi deseo auténtico de cambiar todo aquello que está lastrando mis días hacia lo que no me satisface y no llena mi interior.

Si quiero puedo cambiar, nada ni nadie lo impide excepto yo, pero para ello es necesario comprender la necesidad que tengo de hacerlo y sentir un deseo tan íntimo como real de conseguirlo. Necesito ser consciente de cuáles son aquellas características de mi personalidad que deseo modificar, los motivos por los que debo hacerlo y cómo trabajar para conseguirlo. Tener verdadera consciencia de ello es fundamental, porque nos será útil en la medida de nuestra propia convicción y nuestro propio deseo.

 Es posible cambiar esas actitudes, comportamientos, pensamientos, sentimientos y deseos que nos están perjudicando, dañando o entorpeciendo, transformándolos y sustituyéndolos por aquellos que sean más beneficiosos y positivos, liberándonos de esos problemas que nos constriñen al sufrimiento y nos impiden ser libres de verdad.

Realizar esos cambios personales se convierte en algo necesario para mejorar nuestra calidad de vida. No hay que tener miedo a salir de esa zona de confort que tanto nos atenaza, pues necesitamos experimentar para desarrollarnos plenamente. Para quien se sienta insatisfecho, mantenerse en esa situación no es acertado. Si no introducimos novedades en nuestra vida seguiremos con la misma rutina y el mismo resultado de siempre. Esas soluciones que buscamos a nuestras preocupaciones las encontraremos en los cambios que podamos ser capaces de hacer en nuestra vida; sólo así podremos generar un futuro diferente al que hoy día tenemos. ¿Por qué no hacerlos?

Buscar y hallar el sentido que la vida tiene para cada uno de nosotros, apoyándonos en la búsqueda de nuestras realidades y comprendiendo qué debemos hacer para sentirnos realizados, es una necesidad, porque nunca podremos llegar a sentirnos bien ni a vivir la plenitud si no experimentamos y sentimos la realización de nuestro ser. Buscar una nueva manera de vivir mejor, con más alegría e ilusión, con menos complicaciones, olvidando lo innecesario y valorando lo importante, nos dará una versión mejorada de nosotros mismos.

Al abrir nuestra mente a nuevas posibilidades y nuevas realidades, terminaremos viendo puertas donde antes sólo veíamos muros insalvables.

Desarrollo de la personalidad por: Antonio Gómez Sánchez

© Amor, Paz y Caridad, 2019

 

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