Trabajo Interior

EL CORAJE DE VIVIR

“El coraje nace en los valores morales del hombre que elige la conducta correcta para una  vida feliz”.

Joanna de Ângelis  por Divaldo P. Franco; del libro.- Jesús y actualidad

Coraje es tener fuerza interna para luchar por lo que queremos, a pesar de los obstáculos, los impedimentos o las dificultades que se puedan presentar en contra de nuestra decisión.

El mejor ejemplo que tenemos para saber vivir con coraje a lo largo de nuestra vida es, sin ninguna duda, Jesús de Galilea.

Él, que tuvo tantos desafíos, tantas provocaciones, siempre supo actuar con justicia, con firmeza. Siempre fue la representación del coraje; su camino siempre se definió en favor del bien, del amor y del perdón.

A todos aquellos que la adversidad les asusta, los obstáculos les frenan, no buscando soluciones cuando una prueba se les presenta, puede ser una manera de renunciar, aunque sea de una forma inconsciente, de todo aquello en lo que se comprometieron. Todos pasamos por el banco de pruebas que es la Tierra y sabemos que son momentos de cierta soledad, donde eres tú contra los obstáculos a superar. Muchos eligen lo fácil, buscando mecanismos de evasión, huyendo de los conflictos que implican cargar con el fardo de los compromisos traídos al encarnar.

Las batallas que libramos para forjar unos valores, la perseverancia en el diario vivir para afrontar los contratiempos y pruebas, son las que nos pueden hacer tambalear o dudar, hasta incluso llegar a perder la fe. Ante esto, no debemos pensar que son situaciones injustas o que nos superan, pues nos conducirían a la rebeldía y a una debilidad espiritual, donde los recursos internos que poseemos quedarían debilitados. No podemos olvidar que son, por lo general,  situaciones solicitadas a lo Alto, antes de encarnar, para la superación de viejas deficiencias, errores cometidos en otras existencias, o simplemente son pruebas para desarrollar nuestra conciencia de camino hacia la plenitud espiritual.

Por eso es necesario el autoanálisis profundo de la conducta para descubrir cuáles deberían ser las pautas basadas en el amor incondicional y el perdón, cambiando aquello que fuera necesario. También estudiar con serenidad nuestros límites para saber hasta dónde podemos llegar, y las metas que nos podemos trazar para la consecución de unos ideales superiores.

Tener el coraje de pensar para ser sinceros con nosotros mismos, sin victimismos ni auto reproches; alejando de nuestra mente cualquier complejo de culpa, puesto que somos un proyecto espiritual a largo plazo, lleno de posibilidades y conquistas por alcanzar. De esta manera, si el miedo se nos presentara, sabríamos como vencerlo sin posibilidad de que nos viéramos superados por él, pues el miedo es un estado anímico que arruina muchas vidas al no saber gestionarlo.

El coraje se consigue a través de las experiencias y pruebas que vamos pasando a lo largo de nuestras sucesivas encarnaciones. Las dificultades y sufrimientos que inevitablemente vamos viviendo nos enseñan valiosas lecciones; nos desarrollan la calma, la paciencia, la fe en Dios; nos impelen a mirar hacia lo Alto para solicitar ayuda, puesto que individualmente muy poco podemos lograr; somos aún muy frágiles; no obstante, con la ayuda espiritual de los espíritus benefactores, las fuerzas se multiplican y lo difícil se convierte en posible. También es sacar la voluntad adormecida, es confiar desde el trabajo y el sacrificio diario. En pocas palabras: No podemos recoger una buena cosecha si previamente no hemos realizado una buena siembra.

Es desde el coraje donde se nos abren las puertas; es la palanca que nos empuja a realizar los deberes que hemos traído en la existencia material; consigue que veamos el futuro con optimismo, nos afianza en nuestros principios, nos enseña que lo natural es errar, pero que no hay que desalentarse. Todos traemos conflictos internos pendientes de solucionar, pero es con tiempo y trabajo como se consigue el éxito. Tenemos que tener fe en nosotros y trabajar en el bien del semejante. Es en la conciencia donde encontramos el indicativo de que vamos haciendo las cosas bien.

El coraje nos hace comprobar la capacidad de reacción ante pruebas y situaciones. Disipa las dudas, ya que la mente nos puede hacer pensar que no podemos con ello. Son aquellas circunstancias  que nos pueden poner al límite o simplemente nos hacen tomar decisiones que parecen fáciles, pero cuyos resultados pueden distar mucho de lo esperado y no siempre somos capaces de tomar la decisión correcta. Ante eso, el coraje te dice: “Levántate y anda”; “no mires atrás”.

Esta cualidad se traduce en una armonía, un equilibrio, una alegría, una esperanza ante el trabajo bien hecho, en los propósitos suscritos para este tránsito terrestre que nos ha tocado vivir.

Superar con trabajo íntimo las trabas, los conflictos, reducir los defectos y debilidades se hace con determinación, disciplina y rigor, confiando en nuestras fuerzas internas que son inagotables si las sabemos utilizar, siendo la voluntad el timonel que gobierna esas fuerzas, una herramienta que nuestro Padre nos regala para poder vencernos a nosotros mismos.

El coraje es el barómetro que mide nuestra  determinación, con la cual hacemos frente, sin miedo, a los errores que podamos cometer. Las malas decisiones, las equivocaciones cometidas en situaciones determinadas sirven de experiencia, ya que parte del aprendizaje consiste en eso, en darnos cuenta de los errores y caídas para con valentía levantarnos de nuevo; si cabe con más determinación, sin que el remordimiento, la sensación de culpa, el dolor… consigan frenarnos en nuestro caminar, volviéndolo a intentar una y otra vez.

La actitud a tomar frente a las dificultades que la rutina diaria nos presenta, ya sea a nivel familiar (cónyuges, hijos, padres); sociales (amigos, conocidos); trabajo (compañeros, jefes, subalternos), ha de ser serena, tranquila, para saber llegar con equilibrio a cualquier dificultad, aunque a veces resulte complicado conseguirlo.

Tomar la decisión correcta en ocasiones puede resultar difícil. Hay que comprender que la sombra de un pasado más o menos lejano nos persigue; tareas incompletas o mal resueltas que nacen de las luchas vividas anteriormente y que nos alcanzan en el presente: El hijo rebelde, el cónyuge difícil, la carencia material, el jefe colérico, la presencia constante del plano inferior…

La templanza, la tolerancia, la calma, usadas a tiempo, nos evitarían en ocasiones muchas circunstancias negativas que nos producen inquietud, sufrimiento, desequilibrio… donde nuestras emociones no nos dejan actuar con equidad. Es por eso muy importante ser dueños de los sentimientos y pensamientos que se originan en nuestro interior.

Nunca debemos olvidarnos de la oración, de pedirle a nuestro Padre fuerzas para seguir, contando con el mundo espiritual superior que está esperando que le pidamos para poder ayudarnos en nuestras pruebas, ya que nunca nos dejan solos. Que están ahí para auxiliarnos cuando decidimos meternos en la batalla de nuestra transformación interior. Sin ellos, como ya apuntábamos anteriormente, nos sería muy difícil poder superarlas, hecho que nos impediría seguir la senda que el Divino Maestro nos marcó.

Como hemos dicho al principio del artículo, Jesús fue el gran ejemplo de coraje ante las adversidades de la vida, pero no nos podemos olvidar de los discípulos que lo siguieron y no lo dejaron en ningún momento, a pesar del sufrimiento ante el cuadro de ver a Jesús camino del Calvario y posteriormente subido en la cruz. Verdaderas actitudes de coraje, como son:

En el camino del Calvario, una mujer llamada Verónica, en un acto de valentía y amor, limpió conmovida el rostro de Jesús que era la imagen viva del sufrimiento.

Hubo otras que también demostraron coraje: “María, la madre de Santiago el menor y de José, Salomé la madre de los hijos de Zebedeo; también una cierta Juana y una tal Susana (Lc 8,3). Estas mujeres inigualables acompañaron en todo momento al Maestro de Galilea, llorando, sufriendo junto a Él, además de María, madre del propio Jesús; Juan El Evangelista; María Magdalena; todos ellos dieron testimonio a los pies de la Cruz.

No tengamos miedo de vivir nuestra vida con valor. Tomemos las decisiones adecuadas, aceptando las responsabilidades que conllevan, actuando con firmeza y determinación, cumpliendo con las responsabilidades y obligaciones que traemos. Si miramos dentro de nuestro corazón encontraremos nuestro compromiso escrito en él.

 

Gloria Quel

© Amor, Paz y Caridad, 2018

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