EL CASTILLO INTERIOR Y SU SOBERANO

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El castillo interior y su soberano

El castillo interior y su soberano

“En cualquier dirección que recorras el alma, nunca tropezarás con sus límites” Sócrates– Filosofo S. V. a.C.

Como bien reza la frase de Sócrates el alma no tiene límites pues es inmortal. Esta cuestión nos indica el camino a tomar ante los momentos de grave crisis personal y social que viven los seres humanos. Vivimos tiempos de incertidumbre y catarsis en la humanidad, provocados por la transición de una generación que acaba y otra que llega.

Por esto mismo, cuando la angustia provocada por las situaciones aflictivas del presente o las expectativas pesimistas del porvenir nos invaden, es más necesario que nunca resguardarse en lo permanente, en aquello que trasciende la vida física y que siempre existe: nuestra alma inmortal.

La fortaleza del alma no está en cuestión, pues al ser una energía pensante inmaterial que se transforma para mejor y sobrevive a la muerte física, constituye nuestro auténtico yo. El cuerpo físico es el envoltorio que sirve para asimilar las experiencias, el alma es la que archiva, procesa, evoluciona y crece rumbo a la plenitud y felicidad que le está destinada.

Así pues, refugiarse en los valores del alma (espíritu), es la opción segura para trascender y superar los problemas. Pues estos valores son eternos y están a nuestro alcance si miramos con atención nuestro interior. Esa fortaleza o castillo interior que es nuestra alma somos nosotros mismos, aunque a veces la confundamos con nuestra personalidad (nombre, fisonomía, creencias, etc).

“No somos seres humanos viviendo una experiencia espiritual. Somos seres espirituales viviendo una experiencia humana” Theilard de Chardin -Filósofo

En cada momento de la vida el espíritu es puesto a prueba, no obstante hay circunstancias difíciles por inesperadas, y con ello las resistencias físicas y morales de los hombres cuando están encarnados, son llevadas al límite.

Ahora muchos se encuentran en este escenario, pues su desidia moral y exagerado materialismo, no les permite vivir más que en la incertidumbre. La duda acosa sus mentes, no sólo respecto a la enfermedad sino también a la situación socio-económica que vivirán después de la pandemia que en el momento presente nos agobia.

Todo su espíritu se agita al no poder vislumbrar cómo será su futuro inmediato y cómo van a satisfacer y dar rienda suelta a los deseos y adquisiciones materiales, vicios, consumismo o tendencias, que hasta ahora constituían para ellos lo único valioso de la vida. Esos bienes materiales, sus deseos insatisfechos, esa ansia de egoísmo, notoriedad y necesidad de “tener” en vez de “ser”, será su perdición moral, si no saben extraer de esta situación que están viviendo, el debido conocimiento y la lección aprendida.

“Tus valores definen quien eres realmente. Tu identidad real es la suma total de tus valores” Dr. Assegid Habtewold

Sólo lo inalterable, lo espiritual, los valores superiores del alma humana, son indestructibles, inmarcesibles. Todo lo demás es pasajero, transitorio; y el que se aferra a lo efímero que continuamente se transforma, sufre, se angustia y se desespera. Sobre todo cuando las expectativas que él mismo forjó en su mente se vienen abajo como un castillo de naipes.

Construyamos en nuestro interior, levantemos todo lo que nos sea posible el poderoso castillo de la perfección moral, de nuestras virtudes latentes. Porque con ello, no sólo nos ayudamos a nosotros mismos y al prójimo, sino que nos protegemos sobremanera ante las aflicciones, las incertidumbres, las angustias y las preocupaciones de un incierto porvenir inmediato. Ese porvenir que sólo se edifica en sólidos cimientos de esperanza y seguridad si se sostiene al amparo de la fe en Dios y en su justicia.

Sin Dios, no existe futuro ni porvenir alguno. Sólo Él, rige desde siempre la vida del hombre, y sólo a Él pertenece el destino, la verdad y la bondad. Él vive en el bien, y sólo a través de este último se manifiesta.

Cultivemos los valores del espíritu inmortal, comenzando por el bien al prójimo y a nosotros mismos; trabajando en ese castillo interior de las virtudes del alma, que nos protegerán siempre de todo acoso e incertidumbre, tanto espirituales como materiales.

En esa fortaleza interior, el alma se encuentra protegida y amparada en Dios, pues Él es el soberano de ese castillo que podemos levantar mediante el esfuerzo para llegar algún día hasta Él, donde ayudaremos a construir sin cesar los cimientos de otros castillos que eternamente se vienen edificando en todo el Universo físico y espiritual.

El castillo interior y su soberano por: Redacción

2020, Amor Paz y Caridad

“Se debe convertir el alma en una fortaleza inexpugnable”

Antístenes – Filósofo S. IV a. C

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