DIGNIDAD Y HONESTIDAD

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Dignidad y honestidad
Vientres de alquiler

“Proceder con honestidad en aras de la dignidad del hombre es el compromiso más trascendente en nuestro corto paso por este mundo”.

Dr. René G. Favaloro – Cardiólogo

Conceptos como la lealtad, la honestidad, la sencillez o la simplicidad en las formas de vivir y expresarse están hoy en franco retroceso en esta sociedad individualista que tiene un enorme afán de notoriedad y narcisismo por parte de los individuos a fin de destacarse sobre los demás.

Hoy día, comportamientos enfermizos procedentes del individualismo y narcisismo exagerado propician actitudes que atentan contra el buen sentido, la sencillez, la dignidad y el respeto hacia las demás personas. Muchos creen que solo importa el momento de gloria, su momento de notoriedad, y por conseguirlo trazan planes que no tienen en cuenta en absoluto el respeto por los demás o la dignidad de las personas.

A ello unimos que para conseguir esos fines no tienen escrúpulos a la hora de actuar con deshonestidad, mentiras o simulaciones para alcanzar lo que pretenden, aunque en el camino necesiten olvidar la honestidad, el deber y el respeto debido a todos los seres humanos sin herir ni atentar contra los sentimientos o principios de los demás.

La deslealtad, la complejidad y exageración a la hora de presentarse tiene que ver con ese deseo innato de destacar, de exacerbar su orgullo y presentar la máscara de lo que pretenden ser, pero que no es más que un artificio falso e irreal de lo que realmente son por dentro. Como afirmó al respecto el gran dramaturgo Calderón de la Barca:

Fingimos lo que somos, seamos lo que fingimos”.

En todo esto tienen mucho que ver dos cuestiones importantes de la psico-sociología de este momento. Por un lado, la cosificación de las personas como si fueran objetos de uso, exentos de dignidad y de respeto. Por otro, la confusión respecto a los valores que otorga la felicidad, al confundir lo externo con lo interno, la sensación con la emoción, el placer con la dicha, etc.

En la actualidad existe una confusión muy amplia entre la ética del consentimiento sin límite alguno que propone el pensamiento libertario, y la ética del respeto a las personas y la dignidad de las mismas. La primera opción, al llevar al límite la idea de ser el dueño de uno mismo, produce graves afrentas a la dignidad humana (suicidio, aborto, etc..) Un ejemplo exagerado sería el de aquella persona que viviendo en la pobreza o la miseria es capaz de venderse como esclavo (ej.: vender sus órganos y hasta su vida para obtener dinero para él o su familia) porque se cree con derecho total sobre su vida y su cuerpo.

Los derechos y deberes deben basarse siempre en la consideración de que todas las personas somos seres racionales, merecedores de dignidad y respeto, y por tanto no somos cosas u objetos  que puedan ser usadas como mercancías (ej: la gestación subrogada que cosifica a la mujer y trata como mercancía al niño).

«Una persona no tiene derecho a vender una pierna, ni siquiera un diente. Al hacerlo se trata así misma como un objeto, como un instrumento para un provecho económico.  No podemos usar el cuerpo como nos apetezca. Debemos tratar a las personas (inclusive a nosotros mismos) con respeto, como un fin, y no como un simple medio»

Immanuel Kant – Filósofo S. XVIII

También comprobamos con asombro cómo la persona deshonesta, además de desleal, piensa que los demás también lo son y justifica con ello su actitud. Por ello no duda en engañar a otros a través de la mentira o medias verdades, valiéndose de la confianza que los demás ponen en él. Cuando es descubierto se refugia en la rebeldía y la frustración, volviéndose deshonesto. 

La persona deshonesta vive ansiosa e inquieta, no confía en nadie. Es difícil cambiar este comportamiento por otro hábito de naturaleza honesta, pues el automatismo de su actuación le empuja a repetir errores y conductas equivocadas. Y así como podemos identificar al mentiroso por rasgos de su expresión corporal, lo mismo ocurre con la persona deshonesta, cuyos músculos del rostro y de su cuerpo reaccionan en sentido contrario a la palabra que expresa.

“La dignidad es el respeto que una persona tiene de sí misma y quien la tiene no puede hacer nada que lo vuelva despreciable a sus propios ojos”.

Por el contrario, la persona honesta se respeta a sí misma al imponerse normas de conducta equilibradas para no dañar a los otros. Al mismo tiempo, estas personas alcanzan con facilidad la paz interior y la serenidad, liberándose de cualquier tipo de culpa. Mediante su trabajo aumentan su autoestima y alegría de vivir, y dejan de tener miedo e inseguridad a ser descubiertos en algo incorrecto. 

Este patrón de conducta les hace ganarse el respeto y la simpatía de aquellos que le rodean. Afirmamos claramente que la persona digna y honesta hace amigos allí donde se presenta, porque mientras la deshonestidad produce intranquilidad, la honestidad, acompañada de la dignidad, provoca armonía. Convertir el paso por la vida con acierto tiene mucho que ver con una actitud digna y honesta, tanto a nivel personal como hacia los demás. 

Aquellos que pretenden sacar provecho puntual de la deshonestidad para sus intereses espurios deben saber que la conciencia es el juez inflexible del que no podemos escapar y que, antes o después, el remordimiento y la culpa aparecen en nuestro interior, aflorando y reclamando la reparación del mal cometido. 

Cuando esto se produce, en la misma vida o en vidas sucesivas, la ley de causa y efecto nos devuelve el engaño, el mal o el atentado cometido mediante el sufrimiento. Esto supone que el pequeño beneficio que pudimos obtener con el engaño no es más que una carga que el tiempo se encargará de reclamarnos en la justa medida y proporción al mal cometido.

Creo que la dignidad del hombre reside en sus pensamientos y sentimientos”.  Tadeusz Borowski – Escritor Polaco

Seamos, pues, honestos y dignos con la vida propia y la de los demás. Adoptemos como disciplina moral la honestidad personal, a fin de que todo aquello que salga de nosotros pueda estar impregnado de nobleza, lealtad, buena intención y deseos sinceros de ayuda al prójimo. Todo ello nos ayudará sobremanera en la conquista de la autorrealización, la conciencia tranquila, la serenidad y la paz interior que todos anhelamos mientras avanzamos firmemente hacia la plenitud a la que todos estamos destinados.

Dignidad y honestidad por: Redacción

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“Dadme la verdad antes que el amor, el dinero y la fama”.

 Henry David Thoreau – Filósofo y Escritor (1854)

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