¿UNA FALTA GRAVE?
Al hacer esta pregunta. Así, sin más, la respuesta es obvia: sí, es una falta grave; cualquier espiritista al que se le hiciera esta pregunta, esa sería su respuesta porque, como bien sabemos, la vida solo depende de Dios, quien determina el final de ella; así se ve a la luz del espiritismo. Pero… Como todo lo establecido por Dios, nada es blanco o negro, todo tiene sus matices, y es precisamente a la luz del espiritismo donde encontramos esos matices.
Sabemos que, cuando un espíritu está preparado para reencarnar, antes y durante un tiempo ha venido programando lo que será su devenir durante su estancia en la materia, y en ello cabe toda una serie de acontecimientos, como dolor por la pérdida de seres queridos, cambios de fortuna, enfermedades… todo ello planificado por él mismo en muchos casos, y aceptados por una superioridad mayor; y cuando todo está a punto, toma una materia y emprende un viaje que tendrá una duración asimismo fijada de meses, años…, a veces muchos años… Y durante todo el tiempo que permanezca en la materia, los avatares de su programa se irán realizando, proporcionando una vida de lucha, dolores, sinsabores que en principio han quedado olvidados al entrar en la materia, pero que el periespíritu guarda en sí; todo en él queda archivado, y cuando los avatares se dilatan en el tiempo, el espíritu se agota, va perdiendo la energía que le permitía realizar su trabajo, y es en ese momento cuando recuerda el lugar de donde partió y se empieza a sentir como un exiliado de su patria, y cada día que pasa es más acuciante el deseo de regresar y dar por concluido el exilio… ¿Es este deseo una grave falta? Volvemos de nuevo a la luz del espiritismo. Si el estado natural del espíritu es la libertad que Dios concede a sus hijos en el mundo espiritual por Él creado, ¿cómo puede ser «pecado» desear el goce de esa libertad?
Volvamos por un momento al estado de encarnados envueltos en el trabajo a realizar. Dios, al dar su beneplácito a las tareas que el espíritu va a realizar para su evolución moral, le otorga, así mismo, las herramientas necesarias y la libertad para llevar a cabo su trabajo, y es esa libertad la que va a dar sentido a ese deseo de «morir para descansar», porque donde está verdaderamente la grave falta no es el deseo de regresar al hogar, sino en regresar antes de haber cumplido el tiempo que se nos ha asignado, sabiendo como sabemos que, durante todo ese tiempo que dura nuestro «calvario», tenemos la libertad para hacerlo, aunque después, las consecuencias…
Desear la muerte por: María Luisa Escrich
Guardamar, 14 de julio de 2024
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