DAIMON

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Daimon
Pintura de François-Élie Vincent, en la que aparece Socrates con su Dimon.

“Los daimon llenan el intervalo que separa el Cielo de la Tierra; son el lazo que une el Gran Todo con él mismo. No entrando nunca la Divinidad en comunicación directa con el hombre, por la mediación de los daimon (espíritus), es como los dioses se comunican y hablan con él, sea en estado de vigilia o durante el sueño”

Esta frase del filósofo Sócrates en el siglo IV a. C., pone de manifiesto el profundo conocimiento que en la antigüedad ya se tenía sobre la comunicación con el mundo espiritual, siendo este conocimiento consustancial a todas las grandes culturas, civilizaciones y religiones de las que tenemos constancia histórica.

Ya del paleolítico existen pinturas rupestres que señalan la comunicación de los llamados “vivos” con aquellos que han partido al otro lado de la vida. La creencia en la inmortalidad del alma no es algo nuevo o singular, está enraizada en la más profunda genealogía del ser humano desde que este tiene conciencia de sí mismo.

Y con ello, la posibilidad de comunicar con ese mundo de los mal llamados “muertos” es algo inherente a todas las culturas desde tiempos inmemoriales.

¿Cómo entender si no los oráculos griegos, romanos, o a los magos caldeos o asirios, o los grandes sacerdotes del Egipto antiguo y sus rituales de iniciación y comunicación espiritual?¿Dónde situar a las sibilas (auténticas facultades intermediarias del plano físico con el espiritual), a los augures, los profetas, los bardos, etc.?

Cuando Sócrates se refiere a los daimon, no sólo habla de conocimiento teórico, sino también de experiencia propia. Él refiere repetidas veces que posee un daimon (espíritu, según la interpretación de la época) que le acompaña, le orienta y le indica lo correcto de lo incorrecto para acercarle a la verdadera sabiduría, que para él consistía en la virtud. Su frase “el hombre sabio es el hombre virtuoso”, resume bien a las claras el sentido de toda su filosofía.


«Y en cuanto a nuevas divinidades, ¿cómo podría introducirlas al decir que una voz divina se me manifiesta para darme a entender lo que debo hacer?»

Jenofonte , Apología de Socrates

Este daimon particular no es único ni exclusivo. Sustituyamos la palabra por “ángel de la guarda” y nos será mucho más fácil de comprender a todos los que nos consideramos cristianos. La protección y ayuda del ángel de la guarda cristiano es la misma función que la del daimon griego o el espíritu protector que nos refiere la filosofía de Kardec. Son nuestros auténticos valedores y protectores, pero al mismo tiempo significan el lazo de unión que podemos tener con la divinidad, pues como bien argumenta el filósofo griego, es a través de ellos mediante los cuales recibimos indicaciones de lo alto y podemos comunicarnos con la divinidad.

Es precisamente así, en estado de vigilia o durante el sueño, cuando entramos en contacto con estos espíritus protectores que nos acompañan desde el nacimiento hasta la muerte, en el tránsito que la vida nos depara. Pero no son apuntadores, ni facilitadores, ni están para ayudarnos en nuestros caprichos o deseos materiales. Su principal función es ayudarnos a cumplir el compromiso espiritual adquirido antes de bajar a la Tierra. Ellos, más conscientes que nosotros mismos de nuestras necesidades espirituales, anteponen su ayuda para aquello que necesitamos para nuestro progreso y evolución. 

La mayoría de las veces, aquello que necesitamos espiritualmente no coincide con lo que deseamos materialmente, y ahí ellos no intervienen. Siempre respetan nuestro libre albedrío, pues de lo contrario, si ellos hicieran el trabajo por nosotros, ¿de quién sería el mérito?, ¿a quién le serviría el progreso realizado? Están, pues para orientar, para consolar, para auxiliar, para ayudar en los momentos difíciles, para inspirar el mejor camino, la mejor solución para resolver la expiaciones y las pruebas por las que tengamos que pasar.

Pues ellos comprenden mejor que nosotros que una vida en la carne es apenas un soplo en la evolución milenaria del espíritu, y por ello saben lo importante que es aprovechar el tiempo cuando estamos encarnados para progresar espiritualmente, ya que con materia se progresa más rápidamente que sin ella, al no tener la plena consciencia de qué es lo que debemos conseguir.

El daimon particular de cada uno, o si queremos llamarle ángel de la guarda o espíritu protector, siempre vela por nuestro mejoramiento espiritual, y siempre es un espíritu de superior evolución a la nuestra; de lo contrario, no podría ayudarnos. Y él está a nuestro lado voluntariamente, la mayoría de veces por amor, pues es alguien cercano a nosotros que en otras vidas o en otro tiempo formó parte de nuestros seres queridos y se comprometió a ayudarnos por los lazos de afecto y de cariño que nos unen. 

Hay quien, sabedor de que está a su lado, se queja constantemente de no recibir su ayuda. A estas personas les diremos que se pregunten qué tipo de ayuda y para qué están solicitando la misma a ese ser que les acompaña. Si son sinceros con ellos mismos descubrirán que algunas de las cosas que se les solicitan no pueden facilitarlas, por no ser verdaderamente necesarias para nuestro progreso espiritual, o porque no constituyen un propósito que ellos puedan otorgar al no depender de su libre albedrío. Son espíritus más evolucionados que nosotros, pero eso no quiere decir que sean perfectos, omnipotentes o exentos de errores.

No, los espíritus son las almas de los hombres que, una vez dejan el cuerpo físico, pasan a vivir sin él en otro plano, y ahí se manifiestan tal como son, tal como su propio progreso les permite. Por ello, un espíritu protector tiene que tener un mínimo de progreso y evolución para poder ayudar, pero esto no significa que sea perfecto, ni angélico, ni por supuesto que no pueda cometer errores.

Es algo evidente que, a mayor evolución del alma encarnada, el espíritu que la acompaña es superior en evolución a ella; por eso, los grandes maestros y seres elevados que han pasado por la Tierra llevaban a su lado espíritus de alta jerarquía. Estos sí espíritus angélicos, rayanos en la perfección, que con su fuerza y su elevación podían ayudar en las enormes empresas, misiones y realizaciones espirituales de aquellos a los que acompañaban en la Tierra. 

Ellos son nuestros mediadores ante la divinidad, como bien dice Sócrates. Cuando nosotros nos colocamos en oración sincera ante Dios, son los encargados de elevar nuestra plegaria hacia lo alto, para que esos pensamientos lleguen al lugar adecuado y sean recibidos y respondidos como se merecen en función de nuestra intención y necesidades de progreso.

Además, este espíritu guía (junto a familiares queridos que nos antecedieron en el tránsito al mundo espiritual) son los encargados de asistirnos en el momento de la muerte, acompañándonos al lugar que nos corresponde en el espacio para recapitular nuestra vida y prepararnos para una nueva encarnación el día de mañana.


“Después de la muerte, el daimon que nos ha sido destinado durante la vida, nos lleva a un paraje donde se reúnen aquellos que han de ser conducidos al Hades para ser juzgados. Las almas después de permanecer el tiempo necesario en el Hades, vuelven a ser conducidas a esta vida en numerosos y largos periodos” (reencarnación) 

Sócrates – Filósofo

Así pues, estimados lectores, la comunicación mental con nuestro daimon o espíritu guía se realiza con el transcurso del tiempo mediante la perseverancia en el bien, en el trabajo de mejora moral que diariamente nos sintoniza con él, pues al tratarse de un espíritu más elevado nos habla a nuestra conciencia y a veces a nuestra mente, indicando el consuelo, el auxilio o la acción adecuada que hemos de realizar. 

Si bien la vida que llevamos nos impide muchas veces escuchar a los que nos rodean, mucha más dificultad hallaremos en escuchar las indicaciones de nuestro guía particular si no le prestamos la debida atención. A ello contribuyen en gran medida dos cuestiones que deben ser tenidas en cuenta, la oración y la introspección. Si somos capaces de dedicar diariamente unos minutos a la oración sincera y a la introspección, podremos darnos cuenta de muchas cosas prestando la debida atención.

Ahí se presenta el terreno abonado para la inspiración del espíritu guía, de nuestro daimon particular. Y junto a las indicaciones que puede ofrecernos directamente cuando estamos dormidos y salimos espiritualmente al espacio, nos ayudarán sobremanera a entender cuál es el compromiso que traemos a la Tierra y la mejor forma de afrontar las pruebas y expiaciones que nos acontecen. 

Escucharemos su voz y sus consejos, pero como ya hemos advertido, el trabajo nos corresponde únicamente a nosotros, pues es la única forma de progresar y avanzar que nuestra alma tiene: conquistando por sí misma y sus propios méritos la transformación moral necesaria que nos lleve a la plenitud, la paz y la felicidad que nos aguarda.

Daimon por: Antonio Lledó Flor

2019, Amor, Paz y Caridad

Nota del Autor:
Sócrates y Platón son Precursores de la Filosofía Cristiana y Espírita de Allán Kardec, cuyo estudio recomendamos con mente abierta y libre de prejuicios, al tratarse de la filosofía espiritual de vanguardia más avanzada para la comprensión del espíritu y el mundo espiritual.
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