CUATRO TIPOS DE MAL

0
76
Cuatro tipos de mal

Cuatro tipos de mal

Dado que Dios es el principio de todas las cosas, sabiduría bondad y justicia, nada que de ÉL procede puede ser irracional, malo o injusto. Por consiguiente, el mal que vemos no se ha originado en ÉL”.  Allán Kardec – Génesis, cap. III.

Es una realidad innegable que el mal existe; pero es muy conveniente dilucidar su origen y sus consecuencias a través del análisis que se nos ofrece por medio de la filosofía, la ciencia y la moral. 

Desde el punto de vista de la ciencia sociológica, la distinción entre bien y mal tiene que ver con la ética y los códigos vigentes en las distintas sociedades que conforman la humanidad. La moral social es distinta en los distintos puntos del planeta y ha venido modificándose desde el principio de la Historia en base a la evolución y progreso de las civilizaciones y los distintos pueblos. 

Hoy mismo podemos comprobar que en una misma conducta puede ser ética y moralmente aceptada en un país y reprobable o perseguida en otro. Esto está basado en las costumbres, la tradición social y religiosa y los avances en derechos y libertades sociales que no son iguales en todos los lugares del globo. Pero esto atañe únicamente a la ética social basada en las leyes humanas del derecho, más o menos adelantadas fruto del avance de la inteligencia y el desarrollo moral de las sociedades. Estas leyes determinan el mal o el bien (la conducta ética) basándose en sus particulares códigos de conducta, sin duda imperfectos y susceptibles de mejora al tratarse de leyes humanas. 

Sin embargo, todo cambia cuando en vez de hablar del mal sancionado por las leyes humanas hablamos de las leyes morales que afectan al alma y que tienen su origen en la Ley Natural creada por Dios, esculpida en nuestra propia conciencia y de la que nadie puede escapar. Las leyes morales son eternas e inmutables, la ley humana es imperfecta, falible y relativa.

Estas leyes que rigen las relaciones del hombre con Dios y entre sus semejantes, establecen el código moral superior que afecta a todos los seres humanos. La percepción y sensibilidad a este código es directamente proporcional al desarrollo del sentido moral del individuo, que comienza con el desarrollo de la inteligencia, la madurez psicológica para aceptar las consecuencias de sus propios actos y la aparición de la conciencia ética en el interior de cada cual, que es capaz de guiar y ayudarnos a discernir con claridad el mal del bien. 

Existen cuatro tipos de mal que podemos vislumbrar. El mal físico, el mal moral, el mal independiente de la voluntad del ser humano y el mal derivado de los defectos morales, los excesos, las pasiones y vicios descontrolados. Analicemos cada uno de ellos para comprender mejor su origen, manifestación y consecuencias. 

EL MAL FÍSICO 

Este mal tiene que ver con la merma de la salud, las enfermedades o los accidentes que acontecen al hombre durante su vida física; unas veces por excesos y abusos realizados con nuestro cuerpo, otras por imprudencia, las más por ignorancia del funcionamiento de las leyes físicas y morales que mantienen la salud y el equilibrio de la mente y el cuerpo. 

«Nada en exceso”  Oráculo de Delfos – 600 a.C. 

En muchos casos, la vida licenciosa y sin control de los apetitos más groseros lleva a la enfermedad. En otros, el mal físico proviene de las deudas kármicas y las pruebas que hemos de superar por débitos del pasado. La mayoría de las causas de este mal se encuentran en el interior de nosotros mismos, por lo que es inútil y absurdo culpar a la mala suerte, la vida, Dios o a los otros de aquello que nosotros mismos hemos sembrado. 

EL MAL MORAL 

Es aquel que se sufre en la mente y en el alma, y a menudo es más grave y de mayor importancia que el mal físico, porque este último puede aliviarse con las terapias farmacológicas a nuestro alcance, mientras que el mal moral es más difícil de solventar de forma plena mediante las terapias psicológicas. 

Hay muchos tipos de mal moral: Aquellos que tienen que ver con el remordimiento y la culpa, aquellos otros que se asocian a diversas psicopatologías como las neurosis, las psicosis o las esquizofrenias, y también se produce el mal moral por los reflejos condicionados del inconsciente procedentes de errores cometidos en vidas anteriores que afloran sin causa aparente y perturban la mente, distorsionan la emoción y nos llevan a comportamientos exacerbados, alienantes, violentos o depresivos que acaban con la cordura y la lucidez de las personas que lo sufren. (*) 

En este tipo de mal como en el anterior, la mayoría de las causas que lo producen se encuentran en nuestro propio interior o en las acciones que realizamos contra las leyes divinas en esta vida o en las anteriores y que, por justicia retributiva, llegan hasta nosotros en la misma proporción al daño realizado. 

EL MAL INVOLUNTARIO

Este es el único mal que no depende de nosotros y que tiene cierta justificación ante la Ley de Dios. No obstante, la ignorancia no nos exime totalmente de la culpa cuando atentamos contra nuestro prójimo o nosotros mismos, aunque sea sin intención. Existe una responsabilidad menor pero, si hacemos daño, sin duda deberemos reparar ese agravio proporcionalmente al mal causado y la intención. 

Aquellos que nos inducen al mal, abusando de nuestra ignorancia, son igual o más responsables que nosotros ante la ley y deberán pagar con sufrimiento y dolor por esta responsabilidad, aunque no hayan sido los ejecutores del mal realizado. 

EL MAL DERIVADO DE VICIOS E IMPERFECCIONES 

Este es el más claro de todos los males; nuestras pasiones y vicios desenfrenados originan en nuestro cuerpo físico las secuelas que dan origen al abuso de las energías que mantienen la salud, deteriorándolas y dando lugar a la aparición de múltiples enfermedades orgánicas, infecciones, patologías mentales, de comportamiento, etc. 

Por otro lado, los defectos morales son la lacra interna que arrastramos vida tras vida y que condiciona nuestra mente, nuestra emoción y nuestro comportamiento sin que apenas nos demos cuenta, ya que son hábitos adquiridos por nuestra alma durante siglos que solamente podemos erradicar si somos conscientes de su gravedad y de los males que persistir en ellos nos produce. 

«El mal es el resultado de las imperfecciones del hombre. Si Dios hubiese creado perfecto al hombre, el mal no existiría”. Allán Kardec

Como podemos comprobar, el mal es cosa del hombre en el uso de su libre albedrío concedido por Dios. Sin embargo, enfocando con pragmatismo la cuestión comprobaremos que solo Dios puede sacar un bien de un mal acontecido previamente, mientras que el hombre precisa de la experiencia y del sufrimiento derivado del mal cometido para levantarse, fortalecerse y no volver a hacer el mal. La gran ley de causa efecto (Karma) es la gran educadora de la vida y la que nos coloca en la posición adecuada para ampliar nuestro discernimiento sobre las leyes de Dios; unas veces a través del dolor (como consecuencia de nuestros errores) y otras a través de la dicha cuando actuamos en el bien, esforzándonos por mejorar moralmente y ayudar a nuestro prójimo. 

De aquí las sabias palabras que afirman que «el progreso del espíritu se logra siempre por el dolor o por el amor”. 

Cuatro tipos de mal por: Redacción  

©2022, Amor, Paz y Caridad 

(*) Capítulo aparte merece el tema de la obsesión, un mal moral y psico-físico que se debe a la imposición de un espíritu malvado con deseos de venganza o daño sobre otra persona. 

Publicidad solidaria gratuita