CONSUMISMO Y MATERIALISMO
«La libertad no es una licencia para hacer lo que uno quiera, sino una responsabilidad para hacer lo que es correcto».
Viktor Frankl – Psiquiatra
Comienza un nuevo año. Habitualmente son fechas para plantearse nuevos proyectos, objetivos a alcanzar y retos que enfrentar. Sin duda, la sociedad actual, impulsada por la prisa, la competencia y los intereses cortoplacistas del hedonismo y materialismo más embrutecedor, alcanzan con una facilidad extraordinaria la voluntad de las personas dirigiéndolas hacia aquellos anhelos y deseos inmediatos que consideran prioritarios para su felicidad y bienestar.
Además, muchos de estos anhelos se nos presentan como “necesidades” cuando no son más que objetos o cosas prescindibles y superfluas puestas de moda por la imparable maquinaria consumista que nos arrastra. De hecho, el gran engaño es convertir al ciudadano con libertad de conciencia y pensamiento para elegir, en un mero consumidor de las “necesidades artificiales” que nos crea el mundo materialista en cada instante mediante la propaganda, los medios de comunicación y las modas sociales que inducen a la comparación y la envidia de lo ajeno.
El gran error consiste en no pararse a pensar si aquello que constituye la inercia, la moda o lo que todo el mundo busca en el corto plazo (fama, dinero, notoriedad, poder, influencia o reconocimiento social, etc.) es lo que realmente necesitamos para alcanzar la felicidad interior y la plenitud a la que todos aspiramos.
Es evidente que no estamos en la Tierra para sufrir, pero no es menos cierto que la adversidad, el dolor, la enfermedad o la muerte pueden alcanzarnos en cualquier instante de la vida, pues esta última es muy incierta y nadie sabe qué va a acontecer con nosotros pocos instantes después del presente que vivimos.
Y son precisamente los imponderables y los imprevistos los que nos alcanzan de la manera más cruel en multitud de ocasiones, rompiendo de forma brusca los objetivos y proyectos que teníamos previstos alcanzar en el corto plazo. Cuando no se tienen conocimientos espirituales y se desconoce el sentido de nuestra vida en la Tierra, el porqué venimos y hacia dónde vamos, es muy fácil achacar la contrariedad a la mala suerte, a un Dios injusto al que reclamamos pero en el que no creemos, y por último, a circunstancias que se confabulan para crearnos una vida de dificultades que rompen nuestros anhelos y sueños más inmediatos.
El consumismo y el materialismo conspiran en contra de nuestro equilibrio, libertad y paz interior. No sólo directamente, sino incluso indirectamente a través de aquellos que nos rodean y que se ven arrastrados por la inercia social que potencian al máximo estas tendencias. Estudios psicológicos que analizan la inercia de los ciudadanos hacia el consumo desaforado lo presentan ya como una patología con distintas repercusiones mentales y emocionales verdaderamente graves.
En muchos casos es una salida de escape de un mundo totalmente hedonista, donde la persona no desea afrontar, o no sabe como hacerlo, las consecuencias de sus actos y rechaza enfrentar los obstáculos afectivos y emocionales que la vida le presenta. Es entonces cuando se refugia en el consumo sin control alguno, como si fuera «una fuga psicológica en la que se refugia» para obtener una satisfacción efímera que dura pocos instantes y que le lleva a una adicción tan fuerte como pudiera ser la de cualquier otra droga. Estos estudios se ven reforzados por las investigaciones en el campo de la bioquímica cerebral, pues, al igual que nuestro cerebro segrega dopamina (la hormona del bienestar) con determinados comportamientos adictivos como las redes sociales, la pornografía, el alcoholismo, etc., en el consumismo desbocado ocurre exactamente lo mismo. El cerebro reacciona de igual manera, pidiendo cada vez más impulsos y actividad y con mayor frecuencia para obtener el mismo grado de efímera satisfacción que obtuvo la última vez.
No estamos en absoluto en contra del consumo ni de una vida fuera de las normas sociales básicas. Estamos, sin embargo, frente a aquellas tendencias sociales que tienden a convertir al ser humano en un «ser no pensante», de naturaleza biológica únicamente y que se deja arrastrar por los caprichos o tendencias superfluas o frívolas que impone una «sociedad sin alma”, que sólo vive y piensa en satisfacer la sensorialidad y la concupiscencia de lo material sin percatarse de que lo único permanente, trascendente y valioso se encuentra en el interior del ser humano y no en las cosas externas que no puede controlar ni modificar.
“El hombre no es sólo un ser biológico, sino también un ser psicológico y espiritual».
Viktor Frankl
Ya lo advertían los filósofos estóicos hace más de dos mil años. Lo único que está a nuestro alcance es nuestra mente y nuestro interior, todo lo demás, externo a nosotros, es incontrolable y nos afecta de diversas formas, muchas veces contrarias a nuestros deseos. Por ello, seguían afirmando, lo importante es dominar tu interior, controlar tu mente y pensamientos para afrontar adecuadamente aquello que no puedes cambiar y que llega a tu vida de forma inesperada o incierta.
En la actitud correcta ante la vida encontramos “el control de nosotros mismos”, las actitudes que nos proporcionan “paz y felicidad interior” además de una “conciencia tranquila”. Todo esto constituye la felicidad a la que podemos aspirar en un mundo imperfecto como este, y además nos libera de la angustia y la ansiedad que las frustraciones nos producen al no alcanzar aquellos bienes o deseos materiales que anhelamos desesperadamente.
Cuando avanzamos en el conocimiento de uno mismo y en el fortalecimiento de nuestro equilibrio mental-emocional, es más difícil que la ansiedad se apodere de nosotros, pues vislumbramos la vida desde un punto de vista más acorde con nuestra propia realidad. La reflexión y el análisis sobre lo que es verdaderamente importante en la vida se abre paso de manera sosegada y tranquila. Y esta actitud nos proporciona la serenidad suficiente para elegir correctamente; es decir, decidir por nosotros mismos, libremente, qué es lo que nos conviene y qué no.
«El hombre no es sólo el producto de sus circunstancias; también es el producto de sus decisiones».
Viktor Frankl, Psiquiatra
Además, probado está por la psicología y otras ciencias del comportamiento humano que, cuando nuestros objetivos o deseos materiales no se alcanzan o no llegan en el tiempo esperado, la frustración se abre paso generando angustia y dando origen a procesos de desequilibrio mental-emocional que suelen degenerar en enfermedades o patologías psíquicas, a veces muy graves.
Analizando estas actitudes bajo el aspecto de las relaciones, el ser humano es un “haz de emociones” y también en este campo, cuando los sentimientos no son correspondidos y no existe control alguno sobre los mismos, ya que únicamente están dirigidos por el instinto o la pulsión sexual, la energía psíquica que se acumula en nuestro interior se hipertrofia y bloquea, generando problemas de comportamiento y liberación de la misma.
La falta de amor en todo tipo de relaciones humanas: sexuales, afectivas, fraternales, de amistad, etc., es un condicionamiento más importante del que suponemos. Pues el afecto sincero, el amor y el procurar lo mejor para el otro suponen un intercambio de energías que es capaz de sublimar y generar alegría y paz interior, fomentando la creatividad y la capacidad mental emocional de aquellos que así se relacionan. El amor es terapéutico.
«El amor es la única manera de trascender la muerte».
Viktor Frankl, Psiquiatra
Por otro lado, la esclavitud a la que nos sometemos voluntariamente cuando vivimos “por y para el instante presente y las sensaciones inmediatas”, es como una adicción perniciosa que nuestro cerebro graba profundamente en sus rutas de comportamiento neuronal, generando una reacción de estímulo-recompensa que cada vez exige una mayor dosis de aquello que disfrutamos. Esto acontece con las drogas, el alcoholismo, la ludopatía, el sexo descontrolado y promiscuo, etcetera…
Volvemos al inicio. La crisis moral que vive el planeta en todos los sentidos es la responsable del exacerbado materialismo y consumismo. La inmediatez de las recompensas sensoriales que exigimos a la vida nos impide ver la auténtica realidad efímera de tales placeres, confundiendo placer con felicidad. Esta última no va unida a la sensorialidad sino a la plenitud y equilibrio interior que nos concede la paz de conciencia y la tranquilidad de espíritu que el sentido del deber, el esfuerzo por controlar nuestras imperfecciones y la búsqueda incesante de la virtud nos proporcionan.
Los recursos del alma inmortal son de tal calibre que nunca los vamos a encontrar en las pasajeras satisfacciones materiales que, moderadamente, podemos usufructuar correctamente para una vida más alegre y placentera.
Combinar la moderación en el uso de los bienes y satisfacciones materiales, la comida, el sexo, las relaciones personales, los objetivos profesionales, sociales, etc., consigue alcanzar una vida equilibrada y plena que nos capacita para “decidir libremente” bajo el control de nuestra mente y no guiados por las modas o inercias que se nos sugieren a través de tantos impulsos visuales, mediáticos y de todo tipo y que nunca pueden llegar al interior de la conciencia de cada ser humano, pues cada uno de nosotros somos seres únicos, con necesidades y objetivos personales, individuales y espirituales concretos y diferentes de los demás.
Esos conspiradores de nuestra paz que son el materialismo y el consumismo y que, muchas veces y casi sin darnos cuenta, nos envuelven y dirigen nuestros actos y decisiones, son una oportunidad para desarrollar nuestra capacidad cognitiva, nuestra reflexión, nuestra libertad de pensamiento y de conciencia, generando así un fortalecimiento interior que nos vuelve libres y autónomos en nuestras decisiones, aprendiendo por nosotros mismos de las experiencias que la vida nos presenta, creciendo y adelantando en el progreso e inteligencia de nuestra alma inmortal.
«La libertad interior se logra al elegir nuestra respuesta a las circunstancias externas.»
Viktor Frankl
Conspiradores de la paz y la libertad por: Redacción
2026, Amor, Paz y Caridad






