CONGRESO NACIONAL DE ESPIRITISMO 1981

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LA MUJER EN LA DOCTRINA ESPIRITA
Vamos a tratar de presentar de una forma sencilla, el importante trabajo que la mujer puede y debe desempeñar en el espiritismo. Queremos dejar claramente expuesto que nuestro planteamiento es totalmente imparcial, es decir, no estamos a favor ni en contra de esa corriente llamada feminista, ni tampoco de aquella que se denomina machista.

Siendo ante todo espiritas, partimos de la base que, Dios crea a los espíritus de su misma esencia y los dota con las mismas cualidades, sin hacer en ellos distinción de sexo. Tal planteamiento nos lleva a hacernos la siguiente pregunta: ¿Por qué los humanos establecemos esa diferenciación? Si sabemos que el objetivo de la vida es la evolución espiritual, comprenderemos que todos habremos de pasar por las pruebas que ambos sexos nos proporcionan, para adquirir distintas experiencias que contribuirán a nuestro engrandecimiento espiritual.
Sabiendo que la materia es un medio y no un fin, no nos debe importar encarnar en una o en otra condición, porque tal diferencia, por ser física, es sólo temporal. Y una de sus funciones, es la procreación, contribuyendo a que espíritus desencarnados puedan proseguir en el camino de la evolución.
Según las necesidades de nuestro espíritu, de los logros que quiera alcanzar y de las imperfecciones que quiera superar, encarnaremos en una materia de naturaleza femenina o masculina; por ello, cada condición, requiere las experiencias o pruebas apropiadas en cada momento de nuestra existencia.
Por esto, la mujer, además de desarrollar unas facultades claramente definidas en esta condición, como son la ternura, la sensibilidad, la intuición, etc…, puede realizar grandes obras en el campo espiritual, intelectual y en el hogar como madre y esposa.
La mujer, cuando ha formado una familia, debe ser todo amor y cariño para con la misma; ya que, teniendo paciencia y llevando la vida con optimismo, podrá aportar a ese hogar la paz y la armonía que siempre deberían reinar en todas las circunstancias de nuestra vida.
¿Hay algo más maravilloso que una familia en la que el plato preferido sea la armonía, la comprensión, el respeto y un sentimiento de amor puro? Es aquí, donde la mujer debe aplicar esa psicología e intuición que posee, para conseguir así la felicidad y la unión entre los miembros de la familia. De esta forma, contribuiría a su desarrollo y engrandecimiento espiritual, tanto a nivel personal como de conjunto. Además podrá ejercitar las cualidades propias de la mujer, dando siempre ejemplo en el ceder y en el callar a la hora de evitar discusiones y enfados.
Todos, como humanos, cometemos innumerables fallos, erramos con frecuencia; y es en la familia donde nos desahogamos, o mejor, donde damos rienda suelta al malestar que invade nuestro interior, haciendo a los demás compartir esa misma desarmonía. Y si esa situación se repite con asiduidad, provoca en la misma familia un distanciamiento y una frialdad en las relaciones entre padres e hijos. En todos los hogares se viven alguna vez estas penosas situaciones que a todos nos desagradan; y si observamos, con frecuencia es la mujer la que se ha encargado de poner la paz, el sosiego, el cariño y el afecto que hasta al ser más duro es capaz de enternecer.
Esta acción de la mujer, denota un profundo sentimiento de amor y bienestar para con los demás. Pero, no queremos decir con esto que siempre la mujer obra así, porque sabido es, que todos rehuimos de nuestros deberes y en las más de las veces, lejos de pensar en hacer bien a los demás, a nuestros semejantes, limitamos nuestros pensamientos con nuestro egoísmo.
Si por el simple hecho de ser mujer, no realizamos los objetivos a los que nos hemos comprometido, tan sólo por pensar o creer que no tenemos derecho a demostrar nuestras inquietudes, estamos cayendo en un grave error, y tarde o temprano actuará la ley del karma o ley de causa y efecto, teniendo que pagar todas las consecuencias que se hayan creado por no actuar como se debiera.
Es deber de todo ser humano que ha llegado a una mediana evolución, el buscar la verdad de la vida, el por qué, y para qué venimos; por lo que, si todos somos espíritus, la mujer también tiene que realizar dicho deber.
Conociendo que lo trascendente e imperecedero es el espíritu, luchemos con nosotras mismas, con esas imperfecciones que nos entorpecen en el camino espiritual y que sólo nos llevan a un estancamiento; pongamos en práctica los conocimientos que hayamos adquirido, adaptando esas enseñanzas a la vida cotidiana.
Con todo lo expuesto, podremos comprobar, que toda mujer, como espíritu que es, debe realizar todo aquello que se haya propuesto antes de encarnar. Si por ejemplo, ha venido a ejercer cualquier tipo de facultad extrasensorial, reunirá aquellas condiciones necesarias para su desenvolvimiento; como nos lo demuestran a lo largo de la historia, personas que han realizado una gran labor dentro del campo espiritual, como son: Teresa de Jesús, Juana de Arco y Amalia Domingo Soler, entre otras.
Como mujeres que somos, despertemos nuestras inquietudes con una mente clara y limpia, sin prejuicios, desenvolviéndonos tal y como nuestra voz de conciencia nos indique.
CHICAS GRUPO VILLENA
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