Reencarnación

CASOS DE REENCARNACIÓN COMPROBADA

  Los dos, padre y profesor, acompañados de las niñas, salieron a caminar por las diversas calles de la villa, hasta que entraron en la que se hallaba la antigua morada. De repente, Gillian exclamo: -“Nosotros ya moramos en esta calle, allí en aquella casa. ¡Ah, yo quiero ver la cueva de Tigre!”.
 
 
  Stevenson, miró interrogantemente a John. Este explico disimuladamente, que “Tigre” había sido el nombre de un gatito que tenían y que había sido sepultado en el fondo del jardín de la casa. Informó también al científico, que nunca él ni su esposa habían hablado de Tigre a las niñas. A los pocos pasos, el grupo se encontró frente a la casa, y Stevenson preguntó a Gillian, ¿cómo es que tú conoces esta casa? Fue Jannifer la que, muy espontáneamente respondió, describiendo las partes interiores de la casa, las cuales fueron confirmadas por el padre. 
 
  Siguieron andando. Stevenson aplicó la misma técnica de pasear por otras calles, mientras las niñas iban muy alegres y despreocupadas delante de ellos. Quedaba la segunda prueba, aquella del punto donde ocurrió el accidente fatal. 
 
  Durante el trayecto, Gillian y Jannifer hablaban de personas que nunca habían visto y de una anciana señora que solía pasear por allí, sentada en un sillón de ruedas. 
 
  Cuando se aproximaban al lugar del desastre, a unos cuarenta pasos, Gillian y Jannifer sufrieron un cambio total. De alegres que iban, se pararon, revelando sus caritas una profunda aflicción. ¿Qué sucede? ¿Por qué no caminan? -inquirió amablemente el psicólogo. Gillian respondió: -“No quiero pasar por ahí”. El Dr. Stevenson, siempre con calma, insistió: -Pero ¿por qué, Gillian? Y las dos gemelas, con la energía propia del pavor, se negaron a pasar por el lugar en que había acaecido el accidente. 
 
  La pesquisa del eminente psicólogo estaba hecha. Las pruebas no podían ser más positivas. La opinión fue la siguiente: “Yo creo que, bajo hipnosis, se podría hacer volver a las gemelas al tiempo del accidente y los acontecimientos ocurridos antes de la muerte de las dos niñas anteriores. Pero, dada su corta edad, no me atrevo a efectuar esta experiencia por el momento. Una vez que hayan cumplido los doce o más años, podremos tener una prueba notable de este extraordinario caso de reencarnación.
 
CASO SORPRENDENTE DE REENCARNACIÓN INMEDIATA
 
  En el curso de los acontecimientos trágicos que habían ensangrentado Líbano, en el año 1958, un joven llamado Jamil Souki fue muerto de un balazo, en una de las refriegas callejeras, en Beyrut.
 
  En 1964, seis años más tarde, en el pueblo de Choueiffat, cerca de Beyrut, un niño declaraba con fuerza y convicción que él era Jamil Souki. El nombre de este niño era Mounzer Haidar, quien lejos de compartir los juegos de los niños de su edad, repetía con frecuencia que él era Jamil Souki, dando detalles de la vida de éste, y sosteniendo que su padre era Halim Souki, propietario de una carnicería en Aley; haciendo una descripción completa de sus padres. La noticia se extendió por todo el contorno, llegando hasta los padres de difunto Jamil Souki. 
 
  Ante esta actitud extraña, los padres de Jamil decidieron investigar. 
 
  La madre de Jamil, siente revivir en su corazón el amor a su hijo, por lo que decide verificar por sí misma tal noticia. He aquí el relato de la madre: 
 
  “Yo llegué a Choueiffat, a la casa de los Haidar. Nunca antes había visto al niño del cual me habían hablado. Mi corazón latía fuertemente. ¿Me reconocería? -me preguntaba a mí misma. No mas entré en la casa, Mounzer se lanzó en mis brazos, exclamando – ¡Madre, Madre! Yo no lograba contener mis lágrimas. Era mi hijo Jamil que volvia a mi, con los rasgos de una adorable criatura. 
 
  Dos hechos extraños que han dado la prueba palpable de que era realmente mi hijo Jamil, en el cuerpo de un niño llamado Mounzer Haidar. 
 
  El niño Mounzer me indicó la existencia de un fusil de guerra que había pertenecido a Jamil, y sabía en qué lugar exacto mi hijo había grabado su nombre en dicho fusil. Y, apenas llegamos a mi casa, en Aley, se fue directamente al lugar donde Jamil había dejado encerrado dicho fusil. 
 
(Continuará)
 
SEBASTIAN DE ARAUCO

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