ARQUITECTOS SIDERALES

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Arquitectos siderales

Co-creación a gran escala

Cap. 1 Libro Evolución en Dos Mundos – Chico Xavier

“En el fluído cósmico o sustancia original, bajo el influjo del Señor Supremo, actúan las Inteligencias divinas asociadas con ÉL en un proceso de correspondencia indescriptible; extrayendo de ese hálito espiritual las energías con las que construyen los sistemas de la inmensidad, en un trabajo de co-creación a gran escala, conforme a los designios del Todo misericordioso, que los convierte en agentes orientadores de la Creación Excelsa”.

Desde antiguo, la historia espiritual de la humanidad ha consagrados como a Dioses a muchos espíritus elevados de los que ha tenido noticia. Unos, encarnados, dejaron sus huellas en la Tierra: Juno, Antulio, Numu, Orfeo, Krishna, Buda, Zoroastro, Confucio, Moises, Jesús, etc. Otros son referencias de las que hablan las tradiciones, seres de una elevación inconmensurable que vibran en amor permanentemente.

Son los seres que colaboran con Dios en la co-creación de los Universos y Galaxias; son aquellos encargados, intermediarios que, habiendo comenzado sus primordios evolutivos como todos, en la más absoluta sencillez e ignorancia de sus almas, han llegado a la meta de la perfección relativa que a todos nos espera. El único fatalismo o determinismo que existe, el sentido por el que Dios creó el Espíritu humano: La felicidad y la vibración en su Amor en el esplendor del trabajo incesante en la creación y la expansión de la fuerza divina a través de los mundos y universos físicos y espirituales.

Si no podemos siquiera definir a Dios, pues en nuestro pobre lenguaje definirlo sería limitarlo, otro tanto ocurre con estas luminarias, arquitectos siderales que con sus propios recursos, méritos y trabajos a lo largo de miles y miles de años, en distintos y sucesivos mundos y universos, poblaron sus huellas de ejemplos y senderos de luz y claridad para que otros siguieran sus pasos en la búsqueda de la felicidad y la perfección que nos está destinada.

Pálidos reflejos tenemos en la Tierra de esos seres inconmensurables que pueblan el espacio infinito, las milenarias galaxias, los trillones de mundos que, bajo sus inspiraciones y fuerza divina, son capaces de crear siguiendo los planes divinos sin apartarse un milímetro de la fuerza creadora de la Divinidad que dirige sus acciones y con las que se encuentran plenamente integrados e identificados, que no absorbidos. 

Alguien podría pensar en el Panteísmo (concepto que avala la integración en Dios al final de la evolución y la desaparición de la individualidad), pero es justamente lo contrario. Estas luminarias, arquitectos de universos y expresiones de los atributos divinos alcanzados por sus propios méritos, son el mayor ejemplo del desarrollo del espíritu inmortal, individualizado, con pleno albedrío, con conciencia plena, con integración absoluta de las fuerzas espirituales y materiales que comandan las leyes físicas y espirituales que rigen los procesos y destinos de los universos, etc.

Sabemos tan poco de ellos que, en la ignorancia espiritual que padecemos al ser un planeta atrasado espiritualmente hablando, apenas podemos comprender su grandeza e influencia en el desarrollo de la vida del espíritu y del cosmos. Baste entender que, en la escala espírita de los mundos y universos, son aquellos que como espíritus puros ya no vibran en mundo alguno, sino que se nutren y desenvuelven en la fuente primigenia de la esencia espiritual, el fluido cósmico universal del que surgen y parten todas las modificaciones y transformaciones que dan origen a la realidad, tanto física como espiritual. En esa sustancia primitiva, única, creada por Dios, tienen ellos su elemento de configuración, desarrollo y evolución, bajo la influencia divina que permanentemente nutre su pensamiento de la orientación adecuada que les permite co-crear y ayudar en el progreso de los mundos y las humanidades. 

Pero el influjo de la Causa Primera e Inteligencia Suprema sobre estos seres que, volvemos a repetir, en el pasado fueron como nosotros y alcanzaron ese estado por sus propios méritos, ese influjo, ese hálito divino, por así decirlo, se sustancia en dos aspectos que dotan a estos seres de capacidad inigualable y difícilmente comprensible para nosotros: Estos dos aspectos son la Sabiduría y el Amor. Como hemos adelantado arriba, vibran en la fuente permanente del amor divino y conocen el pensamiento divino, y por tanto la sabiduría que la causa primera posee en grado infinito y eterno es compartida por ellos.

Bajo estas premisas, superadas por milenios todas las experiencias que los mundos físicos podrían proporcionarles, son los focos que irradian en todas las partes del cosmos la influencia divina, pues ellos mismos, sin ser como Dios, sí son su reflejo más fiel y preciso de la energía y fortaleza divina.

Ellos guían los procesos de las humanidades en sus evoluciones milenarias. Ellos planifican y desarrollan los momentos en el tiempo y el espacio necesarios para los impulsos de las sociedades en sus ansias de mejoramiento, así como las intervenciones de los grandes avatares o maestros espirituales que reencarnan para dar ese impulso necesario que permita avanzar a las humanidades hacia estados de mayor perfeccionamiento y felicidad.

Son las mentes que planifican los advenimientos, no solo de aquellos que servirán de paradigma y patrón, sino también de los tiempos adecuados para derramar la vedad de la vida espiritual con arreglo a la evolución de las humanidades, procurando que lleguen hasta ellas las ideas, las doctrinas y los movimientos espirituales de regeneración que ayuden en la consolidación de los postulados del amor, para que puedan apartar al hombre de su camino de sufrimiento y ponga rumbo a la felicidad a la que está destinado por ser el heredero del Universo físico y espiritual, según Dios lo determinó en su momento.

Jesús, como máximo exponente del amor divino sobre la Tierra, fue así mismo el mayor de estas luminarias y arquitectos siderales, capaz de reflejar el amor divino en la medida que pudiéramos comprenderlo. Pero Él sabía perfectamente que nuestro limitado desarrollo moral era todavía insuficiente para comprender las excelsitudes de la vida espiritual, y por ello hablaba en parábolas, y por ello no lo dijo todo, y por ello anticipó la llegada a la Tierra de un consolador que aclararía aquello que Él no pudo explicar por falta de entendimiento de la humanidad de su época.

Como no podía ser de otra forma, el anuncio del Maestro de Galilea, nuestro particular Arquitecto Sideral en el gobierno de este mundo Tierra, avanzó la llegada de la tercera revelación que la doctrina espírita acepta, al ser aquella filosofía de vanguardia capaz de explicar lo que el Maestro Jesús dejó tan solo esbozado.

Como manifestó el “Espíritu de Verdad” a Allán Kardec cuando este le preguntó cuál era su misión en la Tierra: “Reconstruirás lo que fue demolido”, refiriéndose con ello a la reconstrucción del Cristianismo primitivo; máximo código moral del Amor Divino y expresión más pura que los Arquitectos Siderales hayan inspirado en la Tierra para la felicidad y evolución humana. Un código tergiversado durante siglos por los intereses espurios, las malas interpretaciones y la ignorancia de muchos, y que era de justicia reconstruir colocando de nuevo las bases explicadas por Jesús en sus hechos y palabras, sirviendo así a las inspiraciones de los Arquitectos Siderales que reflejaron el Pensamiento y el Amor Divino a través de su representante en la Tierra: El incomparable Maestro de Nazaret.

Arquitectos siderales por: Redacción 

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