APERTURISMO DE IDEAS

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Aperturismo de ideas

APERTURISMO DE IDEAS

Estimados lectores, con la ilusión con que hacemos siempre nuestros trabajos iniciamos aquí un nuevo reto, una nueva sección titulada MEDITACIONES. En ella vamos a tratar de reflexionar sobre algunos de los consejos que nos transmiten las honorables entidades espirituales que nos ayudan desde el otro plano de la existencia. Me estoy refiriendo especialmente a Joanna de Ângelis y a su obra Vida Feliz. No obstante, esto no significa que en algún momento podamos incorporar alguna que otra reflexión de textos de otras obras.

La intención es que todos podamos aprender un poquito más a través de la reflexión interior, serena, de todos aquellos aspectos cotidianos que nos marcan el diario vivir, para que sepamos actuar en cada momento con mayor sabiduría, sabiendo localizar nuestras malas tendencias, aquellas actitudes e inclinaciones espontáneas que nos empujan de manera automática a cometer errores de carácter moral, así como para potenciar todo lo bueno que poseemos.

Con esa obrita anteriormente mencionada, la venerable mentora nos trata de prevenir y aconsejar, como si fuese una madre a sus hijos desde la intimidad del hogar, sobre los peligros que nos acechan y de lo frágiles que somos todavía ante los desafíos que nos impone la vida.

Para esta nueva sección, cada mes vamos a escoger preferentemente un tema de los propuestos en la obra VIDA FELIZ, y trataremos de desarrollarlo de forma sencilla.

Como inicio, hemos elegido el tema número 66:

“Sé una persona abierta a las ideas, a los conceptos nuevos.

Discútelos, compáralos con lo que sabes y piensas, retirando el mejor provecho de las informaciones que desconoces.

Las ideas saludables renuevan la emoción, abasteciendo los sentimientos con estímulos y entusiasmo.

Nadie es tan sabio que no necesite aprender más, ni tan completo que pueda prescindir de otras contribuciones para su crecimiento íntimo.

Aprende más, estando receptivo a nuevas contribuciones”.

Necesitamos estar abiertos a nuevas ideas. Como nos decía el insigne científico Albert Einstein: “La mente es como un paracaídas… Solo funciona si la tenemos abierta”. No podemos pensar en crecer, en desarrollar nuevas ideas, si nos complacemos y recreamos con aquello que ya hemos conseguido. Esta forma de enfocar la vida puede ser una forma sutil de comodidad, viviendo de rentas, de un pasado de esfuerzo y de estudio, pero que ya pasó. Nada se consigue sin trabajo, y no podemos olvidar que ignoramos todavía muchas cosas, y precisamos abrirnos  al conocimiento de los demás.

Es muy sano replantearse de vez en cuando aquello que consideramos como verdades inamovibles, como verdades absolutas. Somos seres todavía muy pequeños, frágiles y en proceso de crecimiento, en permanente construcción intelectual y moral. Poseemos la semilla divina, todas las potencialidades a nuestro alcance; no obstante, tenemos unas tareas asignadas acordes a nuestro nivel evolutivo. De lo Alto no nos pueden pedir más de aquello que podemos dar, comprender y asimilar; esto es una obviedad, pero los límites muchas veces nos los autoimponemos nosotros mismos. Cerramos la puerta a nuevas posibilidades, a nuevos retos, a profundizar sobre lo ya conocido.

La propuesta es también de debate, de discusión serena, tanto a nivel interno como a nivel externo con otras personas, siendo el medio más adecuado para la revisión de las ideas; cotejando las viejas con las posibles ideas nuevas. Incorporando, en el transcurso del estudio e investigación atenta, aquellas ideas renovadoras que seamos capaces de descubrir, enriqueciéndonos y, al mismo tiempo, aportando también a los demás.

Es como si se tratara de un golpe suave de aire fresco, una nueva perspectiva que nos ayuda a ver la vida de otra forma más rica, con nuevos matices; un estímulo para continuar en la senda del progreso. Nos ayuda a potenciar algunas ideas y al mismo tiempo nos renueva y modifica aquellas que ya están obsoletas.

Nunca se alcanza la verdad total, ni nunca se está totalmente alejado de ella

(Aristóteles).

Hemos de ser conscientes de que nadie está blindado contra el error o el conocimiento equivocado o incompleto; esto sería una ilusión muy perjudicial, propia de una época de dogmas y de fanatismos; ni tampoco podemos creer que somos autosuficientes.

También hemos de huir de la fascinación que conduce al aislamiento o a la autocomplacencia. No ser tan orgullosos como para creer que nuestra verdad es superior a la de los demás; o que todos los demás están equivocados, menos yo.

El fanatismo nos empuja precisamente a todo eso; su intensidad es directamente proporcional a nuestro grado de inseguridad, y también al miedo a lo desconocido o inexplorado. Obedece a la necesidad de refugio y de sentirse protegido y seguro. Todos en algún momento hemos podido pasar por esa circunstancia, por muy leve que sea.

Es posible que, en la actualidad, mantengamos ideas que seguramente en el futuro serán reemplazadas por otras mejores, más completas o exactas. No hay que apurarse por ello. Es la historia del pensamiento humano, y es lo que ha ocurrido en relación a las enseñanzas de los grandes avatares enviados por lo Alto. Por lo general, el mensaje limpio y puro, en un primer momento, pasa por el filtro humano imperfecto; se contamina y pierde una parte, o hasta incluso, toda su esencia, a la espera de que, con el paso del tiempo, poseamos la suficiente madurez como para recuperar su verdadero significado.

Por tal motivo, aquellos que profesamos una doctrina espiritual como es la espírita sería bueno que escucháramos o leyéramos a otras personas que tienen otras perspectivas, e incluso que critican nuestro punto de vista. De todos se puede aprender algo. A veces, sus críticas pueden tener un fundamento coherente que no podemos soslayar. No obstante, todas las opiniones son respetables y de todo el mundo siempre se puede descubrir algún enfoque enriquecedor con el que no contábamos.

En definitiva, y pensando en el propio interés, no podemos prescindir nunca de aquello que nos pueden aportar los demás, esto sería contraproducente y retardaría mucho nuestro progreso. Somos seres sociales, ricos en matices por explorar, y por tanto, nos necesitamos unos a otros.

La mentora Joanna nos exhorta finalmente a aprender más, a estar receptivos y atentos a las nuevas aportaciones que nos puedan llegar del exterior.

Hemos de perder el miedo a descubrir cosas nuevas que pudieran sacudirnos de una posición de confort intelectual o que pudieran tener unas repercusiones morales.

Nada se consigue sin trabajo, como hemos dicho anteriormente, y para estar abiertos a nuevas ideas se requiere el esfuerzo de abrirse a los demás, con una actitud de humildad y sencillez.

La satisfacción que se experimenta cuando nos atrevemos a salir del área de confort para explorar nuevos territorios, lo que se llega a descubrir allí, no tiene precio, y a veces no se puede expresar con palabras.

Hace falta mucho coraje para salir y descubrir, así como para encontrarse con algún fracaso o tierra infecunda. Aun así, se aprende y se adquiere valiosa experiencia. Como dijo el propio científico Albert Einstein: “Los que nunca han cometido errores es porque nunca han intentado hacer cosas nuevas y diferentes”.

Aperturismo de ideas por: José Manuel Meseguer

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