ANIMALES Y HOMBRES: EVOLUCIÓN PARALELA

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Animales y hombres: Evolución paralela

Animales y hombres: Evolución paralela

“Considerando únicamente la parte biológica, y haciendo abstracción del Espíritu, el hombre no tiene nada que lo distinga del animal. Sin embargo, todo cambia de aspecto cuando se establece la diferencia entre la habitación y el habitante”.  Allán Kardec – Génesis, cap. XI

La habitación es el cuerpo y el habitante, en el caso del hombre, es el Espíritu. Por ello es necesario precisar la diferencia entre el espíritu humano y el alma del animal. Sin duda, aceptando la ley de la evolución, es muy probable que los homínidos hayan sido los cuerpos que sirvieron como vestido a los primeros espíritus que vinieron a reencarnar sobre la Tierra. 

El origen del cuerpo de los primeros humanos nada tiene en contra de la dignidad del espíritu ni de su posterior evolución, incluso aunque este hubiera procedido de los simios o monos más avanzados, puesto que el cuerpo es solo materia mientras que el espíritu reúne los atributos superiores que lo distinguirán de los animales más adelante. A través de la procreación y evolución de la especie se mejoraron las formas y se embellecieron, dando origen a una nueva especie más avanzada y caracterizada por la incorporación del espíritu y sus atributos de inteligencia voluntad y libre albedrío.

No ocurrió más que una bifurcación en la especie, los monos siguieron evolucionando como tales y la nueva especie comenzó su trayectoria con un cuerpo animalizado pero con un espíritu distinto al del alma de los primates.

Realizada esta introducción, donde establecemos la procedencia del origen del hombre en su aspecto biológico, comprobamos que descendemos de los animales porque nuestra naturaleza biológica es animal, y de ella heredamos el instinto que el psiquismo humano todavía conserva como vestigio procedente de la etapa pre-humana que todo ser humano conserva en su interior. La incorporación del espíritu aportó al hombre la inteligencia (incipiente en las primeras encarnaciones) que, junto al instinto, le dotó de las herramientas necesarias para una evolución más rápida de la especie, y con ello fue diferenciándose cada vez más del reino animal. 

La aparición de la inteligencia trajo consigo el desarrollo del “sentido moral”, que significa la capacidad de distinguir el bien del mal, y con ello el nuevo habitante de la Tierra comenzó a recorrer un camino que ya no tiene parangón en la historia evolutiva de este planeta. 

“El alma en su primera encarnación se presenta como en el estado de infancia de la vida corporal. Su inteligencia apenas está desarrollada: se está ensayando para la vida. Y estos ensayos, el espíritu los realiza en una serie de existencias que preceden al periodo que llamáis humanidad”. Allán Kardec –L.E., It.190-607

Los animales son nuestros ancestros, y como tales tienen también su lugar en la naturaleza y la creación divina. En la etapa pre-humana es donde se elaboran las cualidades y características incipientes de la posterior evolución del ser que conocemos como hombre. La etapa animal se caracteriza porque son seres con un alma, un psiquismo diferente al del hombre, pero que les permite sentir, emocionarse, experimentar y tener una inteligencia incipiente que se rige por el instinto de supervivencia y conservación.

Esa inteligencia primitiva deriva de un principio independiente del cuerpo, un alma particular que sobrevive a la muerte y que carece de conciencia de sí misma, aunque mantiene su individualidad. Tampoco tienen libre albedrío como el hombre, porque este último en el caso de los animales, queda restringido a los actos de la vida material; por lo tanto, no son máquinas. Precisamente, al no tener libre albedrío, progresan por la fuerza de las cosas y no por propia voluntad, y por eso no sufren expiación alguna. Las expiaciones son directamente proporcionales a la intención y la voluntad; al no existir esta última no están sometidos a ellas.

Una gran mayoría de los animales tienen percepciones sensoriales mucho más afinadas y habilitadas que los humanos, mayores capacidades auditivas, olfativas, de lenguaje, de orientación, etc. Y también se da la paradoja que algunos animales parecen tener emociones y actitudes superiores a las de algunos hombres todavía muy primitivos. En estos casos, la línea entre ambas especies se difumina.

“P: ¿Existe en los animales un principio independiente de la materia? R: Sí. Y sobrevive al cuerpo; es también un alma pero inferior a la del hombre…y después de la muerte conserva su individualidad pero no la conciencia de su yo. En ella la vida inteligente se encuentra en estado latente”. A.K., L.E., It 597-598

Cuando el espíritu encarna las primeras veces en el cuerpo de un hombre trae consigo el principio intelectual y moral que le hace superior a los animales. Este es el aspecto diferenciador entre los animales y el ser humano. Tanto es así que, atendiendo a las características del espíritu y no del cuerpo biológico, podemos afirmar que el hombre es una especie excepcional que Dios eligió para encarnar en ella los seres que pueden conocerlo (A.K., LE., It 610).

Podemos concluir de lo expuesto que los animales y el hombre siguen evoluciones paralelas que se entrecruzan en determinado punto, aportando los primeros el envoltorio de naturaleza material que necesitará el espíritu humano para iniciar su evolución en los mundos físicos y materiales, a fin de afrontar las experiencias y el crecimiento intelecto-moral que con el transcurso de las eras y los siglos, a través de la reencarnación, acercará al hombre a Dios y con ello alcanzará el primero los estados de plenitud, felicidad y perfección relativa al que está destinado, tal y como programó por Amor la suprema inteligencia y causa primera de todas las cosas.

Animales y hombres: Evolución paralela por:Redacción

©2021, Amor,Paz y Caridad

“Existe en el hombre una doble naturaleza; por su cuerpo participa de la naturaleza de los animales; por su alma, participa de la naturaleza de los espíritus” Allán Kardec, LE., It. 604

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