«ORACIÓN EN COMÚN»
“Si atravesamos el mundo, es posible encontrar ciudades sin murallas, sin letras, sin moneda, sin escuelas ni teatros: pero una ciudad sin un templo o que no practique la oración, nadie lo ha visto jamás”
Plutarco – Historiador Griego s. I. d. C.
Desde hace ya muchísimo tiempo se han venido confirmando los efectos benéficos de la oración, tanto para el que la realiza con verdadero sentimiento como para aquel que es objeto o destinatario de la misma.
En las últimas décadas, las investigaciones en neurología mediante las tomografías computarizadas (TM) y las resonancias magnéticas nucleares (RMN) han puesto de manifiesto la activación de las neuronas cerebrales y la iluminación de las áreas del cerebro correspondientes cuando la persona realiza el acto de orar.
El neurólogo Andrew Newart de la Universidad de Pensilvania se especializó en una disciplina llamada “Neuroteología” al comprobar cómo sus pacientes bajo los experimentos de estas técnicas de diagnóstico cerebral iluminaban de forma excepcional sus cerebros simplemente al pensar en Dios (fueran estos ateos o creyentes).
Cuando eran ateos se comprobaba que la iluminación del lóbulo cerebral correspondiente era menor que en aquellos que tenían una creencia en una divinidad (sin diferencias entre las distintas religiones de los pacientes). Y cuando se le pedía que oraran a Dios, en aquellos que tenían alguna religión por creencia el efecto luminiscente se ampliaba de forma exponencial.
A raíz de estos descubrimientos, Newart realizó diversos experimentos y estudios dando lugar a la publicación de un artículo de investigación denominado “La Luz de Dios”, donde daba a conocer sus conclusiones y afirmaba de forma manifiesta que tanto el pensar en Dios como el alabarle, darle las gracias u orar tenían una repercusión inmediata en las conexiones neuronales y la actividad eléctrica del cerebro.
Esta es una de las muchas investigaciones en las que la ciencia demuestra la importancia de la oración. Existen otras, también realizadas por neurólogos, en las que se afirma que la persona al orar libera una serie de substancias bioquímicas cerebrales que elevan su grado de satisfacción interna y generan bienestar, al trasladarse a la corriente sanguínea las hormonas correspondientes liberadas por la acción del pensamiento y el sentimiento elevado que una oración bien realizada produce.
Si bien la ciencia ya tiene demostrado mediante la neurología y la psicología los beneficios de la oración personal (se ha demostrado en diversos estudios psicológicos que las personas que oran con auténtico sentimiento y tienen fe mejoran sus condiciones de vida, son más longevas y tienen mayor resiliciencia ante las dificultades de la vida), es preciso reconocer que la “oración en común” y la “oración a distancia” son dos formas de orar que pueden multiplicar los beneficios de la oración de manera importante.
“La oración en común, tiene una acción más poderosa cuando todos aquellos que oran se asocian de corazón a un mismo pensamiento y tienen un mismo objeto”
Allán Kardec, E.S.E, c. XXVII
Si aceptamos que el pensamiento y la emoción son fuerzas vivas y actuantes en el ser humano, como lo demuestra la ciencia de vanguardia, debemos inferir que un pensamiento o sentimiento amplificado por la asociación de varias personas supone una energía de carácter excepcional que forma una “corriente magnética” de extraordinaria capacidad para atraer las fuerzas espirituales que lo recogen, lo atienden y lo amplifican.
Diferentes estudios desde hace años demuestran que las prácticas de oración en conjunto y las meditativas son herramientas poderosas cuando aquellos que las llevan a cabo muestran un alto grado de coordinación en el pensamiento común y un elevado sentimiento de altruismo al orar por aquellos que lo necesitan.
Esto se basa en la ley física de la atracción, también denominada como de sintonía o frecuencia de onda vibratoria. Al orar, emitimos con nuestro pensamiento y emoción una onda en una frecuencia determinada que se solapa y se incrementa con otras que se mueven en la misma frecuencia. Esto multiplica el efecto resultante y su poder de alcance e influencia.
“Los biólogos no tienen explicación para los efectos “no locales” de la oración. Si bajo su concepto materialista la mente no puede escapar del cerebro, estos fenómenos no pueden ocurrir. Sin embargo, estos sucesos sí ocurren, y mucho más, se han puesto a prueba en decenas de laboratorios modernos, y la oración funciona de forma no local, en la distancia”.
Dr. Larry Dossey – Libro: Oración es buena medicina.
Conociendo que la distancia no tiene apenas valor intrínseco en la velocidad del pensamiento, es fácil deducir que las oraciones en común son herramientas extraordinarias para ayudar a aquellos que están necesitados por problemas físicos, psíquicos, morales o espirituales.
La mayoría de las religiones conocen este poder extraordinario de la oración, de ahí que desde muy antiguo (como explica Plutarco arriba), en la práctica totalidad de las mismas el ejercicio de la oración o la meditación en común y a distancia ha concitado a muchos seguidores de estas religiones a esta tarea o actividad. Incluso los monjes de distintas religiones tienen, muchos de ellos, esta tarea principal o primordial por delante de otras muchas: “Ora y labora”, reza el viejo axioma de una orden monástica cristiana.
Lo que la religión ya viene realizando desde antiguo, la ciencia lo pone ahora de manifiesto; por ello es importante resaltar que la “oración a distancia y realizada en conjunto” tiene un poder extraordinario y alcanza sus objetivos con grandes efectos beneficiosos cuando el equipo de personas que se dedican a ello lo hacen de forma concentrada, con verdadera fe y con auténtico sentimiento de caridad y de ayuda al prójimo. El amor es el combustible más potente de la oración.
De esto, podemos dar testimonio cuando en las instituciones y centros espíritas se realizan estas prácticas de ayuda a las personas necesitadas y con el tiempo se reciben los agradecimientos de los beneficiados o de sus familiares, ya que en multitud de ocasiones el destinatario del beneficio ignora que está siendo ayudado, pues la petición ha venido realizada por alguna de las personas que lo quieren y piden la ayuda.
En este último caso mencionado no existe el efecto placebo, ni creencia o sugestión alguna que pueda condicionar el resultado como consecuencia de una predisposición a la curación, ya que la persona que recibe el beneficio de la oración ignora que está siendo ayudada.
Seamos pues conscientes de esta importante herramienta que tenemos a nuestro alcance; procuremos ayudar, si es posible, de forma individual o en conjunto a todo aquel que lo necesite, porque este acto de caridad es mucho más grande cuando se realiza desde el anonimato y el auténtico deseo de servir a nuestro prójimo.
“Las personas enfermas no necesitan charlas sino esperanza y amor; ambos curan y son el mismo fundamento de la oración”.
Dr. Larry Dossey
Una fuerza desconocida por: Redacción
2024, Amor, Paz y Caridad






