TRÁNSITO Y TURBACIÓN

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Tránsito y turbación

“Cuando la envoltura exterior está gastada y ya no puede funcionar, deja de vivir. Entonces el espíritu se despoja de ella, como el fruto de su cáscara y el árbol de su corteza; en una palabra, de la misma manera que descartamos un traje viejo que ya no nos sirve más. Esto es lo que se denomina muerte.”

Allán Kardec –  Libro: El Espiritismo en su más simple expresión.

Sin duda, el concepto social de la muerte y las creencias propias de la persona influyen de manera notable a las hora de enfrentar esta “fatalidad biológica” que a todos nos afecta sin excepción y que supone el “cambio de dimensión” de nuestra conciencia o espíritu.

A lo largo de la historia, la preocupación por el fenómeno de la muerte y su trascendencia ha sido una preocupación principal de las culturas y sociedades. Las religiones, las corrientes de pensamiento espiritualista y las culturas han tenido un papel importante al propagar la inmortalidad del alma y su trascendencia, pero cada una de ellas ha interpretado a su manera este momento excepcional en el que el hombre se enfrenta a su realidad.

El espiritismo de Allán Kardec, al explicar las leyes que rigen el proceso y la relación entre el mundo corporal y el espiritual, así como el origen, naturaleza y destino de los espíritus, es, sin duda ninguna, referencia principal en el esclarecimiento de los procesos y fenómenos que se producen llegado ese momento tan trascendental en la vida de toda persona.

En occidente, el fenómeno de la muerte ha sido conceptuado como un tabú, donde las personas se auto-engañan no queriendo hablar de ella, creyendo que así evitarán que ocurra. Este miedo viene generado por el instinto de conservación, el terror a las “penas eternas” que han inculcado las religiones, el miedo a enfrentar la propia conciencia o la angustia que supone la extinción de todo, es decir, “la nada” que espera a aquel que no cree en la inmortalidad del alma.

Todos estos factores psicológicos, sociológicos y de creencias distorsionadas afectan profundamente a las personas a la hora de morir y en la actitud que adoptan en la vida al respecto de este inevitable momento. Por ello, con gran sabiduría algunos filósofos del pasado recomendaban vivir teniendo presente siempre que tendremos que morir algún día, y debemos prepararnos para ello. Séneca, el filósofo hispano-romano del siglo I, afirma:

“Enseñar a vivir, es enseñar a morir”

Así pues, para detallar de forma precisa y lógica el proceso de la muerte recurrimos a la filosofía espírita de Allán Kardec, donde con detalle se nos afirma en el Libro de los Espíritus, It. 402:

“El sueño libera en parte el alma del cuerpo, hallándonos momentáneamente  en el estado en que nos encontramos permanentemente después de la muerte” 

El proceso de dejar el cuerpo puede ser explicado en tres fases importantes que desarrollamos a continuación: turbación, desprendimiento y tránsito y liberación. Veamos cada uno de ellos resumidamente:

1.- TURBACIÓN

Es conocido que un proceso similar al fenómeno de la muerte se produce durante la vida, cada día, y este no es otro que el sueño, donde el alma se desprende de forma natural del cuerpo al igual que acontece en otros fenómenos como el desdoblamiento, experiencias cercanas a la muerte, etc.

“La turbación que sigue a la muerte no tiene nada de penoso para el hombre de bien. Es tranquila y semejante en todo a la que acompaña a un despertar apacible. Sin embargo, para aquel cuya conciencia no es pura, está llena de ansiedad y angustia, que aumentan a medida que va comprendiendo su situación.” A.K. L.E. It 165

La duración de la turbación depende principalmente de varios factores: En primer lugar, del grado de depuración o materialización de la persona. Si esta se encuentra muy dominada por los vicios, pasiones o sensaciones materiales, el proceso de separación será más largo y penoso, ya que allí donde tenemos nuestra mente y nuestros deseos principales es de donde nos cuesta más salir. Cuando la persona está espiritualizada o moralizada, la importancia de lo material es muy secundaria y el espíritu reconoce de inmediato su nuevo estado, lo que propicia un desprendimiento del cuerpo más rápido y paulatino.

El segundo aspecto de la turbación que influye sobremanera en el tiempo de duración de la misma es el tipo de muerte. Cuando esta es natural, las ligaduras del cuerpo y el espíritu se van soltando poco a poco.

“El alma se desprende en forma gradual y poco a poco de sus ataduras: estas se sueltan, no se quiebran”.  Allán Kardec, L.E., item 155a

En la turbación, también influyen otros factores debido a la ignorancia sobre la vida espiritual, el apego a los despojos físicos, al ignorar que nuestra alma es independiente del cuerpo y fundamentalmente al aturdimiento provocado por la oscilación entre las vibraciones de las dos dimensiones entre las que se encuentra: la física y la espiritual.

2.- DESPRENDIMIENTO

“El lazo fluídico que une alma y cuerpo es la clave de este fenómeno”

Allán Kardec, Libro: El Cielo, el Infierno y la Justicia Divina, 2ª Pte. Cap. I

Efectivamente, el periespíritu, como cuerpo intermedio que acompaña al espíritu antes, durante y después de la vida física y que permite la conexión con el cuerpo biológico desde el momento de la concepción, es el lazo fluídico que opera el desprendimiento del cuerpo. Primero se muere, y el espíritu se retira, aunque sigue unido al cuerpo por este lazo; a continuación se va perdiendo el fluido vital, acompañando la extinción de la vida orgánica; y por último se realiza el desprendimiento periespiritual.

Pero cuando es una muerte violenta, los lazos que unen el periespíritu (cuerpo intermedio entre el espíritu y el cuerpo) y el cuerpo físico se rompen de forma brusca, y por tanto es más difícil el desprendimiento, generando una mayor perturbación en la mente de la persona. Leemos en el Libro de los Espíritus, it. 162:

“La conciencia cesa, por fuerza, con la vida orgánica del cerebro, lo que no implica por ello que el periespíritu se haya desprendido por completo del cuerpo. Antes al contrario, en toda muerte violenta, cuando no se produce por la extinción de las energías vitales, los lazos que unen al cuerpo con el periespíritu son más fuertes y el desprendimiento completo se realiza más lentamente.”

El desprendimiento a veces comienza antes de producirse la muerte biológica certificada por la medicina; cuando el espíritu sabe que son sus últimos momentos en la Tierra, se empieza el desprendimiento de su cuerpo periespiritual a través de los centros de fuerza del mismo, principalmente del centro coronario (residencia de la mente) y el umbilical (residencia de la emoción). Inmediatamente después, e incluso simultáneamente, el alma va recapitulando sus experiencias más importantes de la vida, que se le presentan como una película donde de forma vertiginosa vive los procesos buenos y malos de su acción sobre la Tierra, y estos quedan indeleblemente grabados en su conciencia para siempre.

Explica Allán Kardec en el Libro “El Cielo, El Infierno y la Justicia Divina”, 2ª Part. cap. I que existen cuatro opciones que pueden darse en el desprendimiento del alma y el cuerpo:

1º Si al extinguirse la vida la separación del periespíritu estuviera terminada, el alma no sentiría absolutamente nada. 2º Una cohesión fuerte produce una rasgadura que actúa dolorosamente sobre el alma. 3º Si la cohesión es débil la separación es fácil y sin sacudidas. 4º Si al cesar la vida existen aún puntos de contacto entre cuerpo y periespíritu, el alma sentirá los efectos de la descomposición. 

3º TRÁNSITO Y LIBERACIÓN

“El periespíritu, como envoltura fluídica del alma, no se separa ni antes ni después de la muerte, y no se puede  concebir la una sin el otro”

Mientras quede un solo átomo del periespíritu unido al cuerpo físico, la liberación del alma no será completa, y por ello a veces en determinados tipos de muerte violenta, como el suicidio donde el lazo de unión está muy fuerte, la ruptura brusca genera una enorme perturbación que impide al espíritu liberarse de inmediato, tardando a veces años en liberarse y viviendo lamentablemente las señales de descomposición orgánica que el cuerpo experimenta.

Hemos de explicar que, en las muertes violentas por accidente o por otras cuestiones ajenas a la voluntad de la persona, este proceso no se produce, pues las entidades espirituales que nos acompañan a todos ya saben del desenlace, y antes de que la muerte se produzca ya realizan las previsiones oportunas para realizar el desprendimiento y la liberación de forma inmediata.

El tránsito de la vida física a la vida espiritual no cambia nuestra conducta. Conservamos la individualidad y la conciencia. El espiritismo diluye el temor a la muerte, pues a nivel de conciencia esta no existe, ya que seguimos viviendo en otra dimensión con nuestras propias características. Antes lo hacíamos en un cuerpo físico rodeados de un ambiente y condiciones, y ahora lo hacemos en otro ambiente y en otras condiciones, pero siendo nosotros mismos.

Muchas personas no temen a la muerte sino a la transición, por ello hemos querido explicar las condiciones en que este se produce. También el conocimiento de la doctrina espírita nos ofrece la certeza de la inmortalidad, nos enseña el valor de la vida presente y la realidad de la vida futura; y además prepara, serena y tranquiliza anticipadamente a los que deben de partir.

Tránsito y turbación por: Redacción

©2022, Amor, Paz y Caridad

«¿Es dolorosa la separación del alma y el cuerpo? No. Muchas veces se sufre más en la vida que en el instante de la muerte. El alma ya no participa ni siente en tales momentos. Los sufrimientos que en ocasiones se experimentan durante el proceso de la muerte, son un goce para el espíritu, el cual ve llegar el término de su exilio.»

Allán Kardec, L.E., item 154

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