SOBREVIVIR A LAS PRUEBAS

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Sobrevivir a las pruebas

Sobrevivir a las pruebas

 

«Un adulto creativo es un adulto que ha sobrevivido»
(Ursula K. Guin, escritora estadounidense).

Este pensamiento de la escritora ha encendido en mi mente otro similar, aplicable a nuestro periplo por la Tierra:
«Un espíritu adulto es un niño que ha sobrevivido».
Todo ser que viene al mundo, lo hace tomando un cuerpo carnal; todos lo sabemos, cierto, pero vamos a insistir un poco.
Apliquémoslo en principio al plano material. A partir del mismo instante del nacimiento, esa envoltura carnal, como propia ley natural, tendrá que enfrentarse a numerosos acontecimientos que, en forma de enfermedades, podrán impedirle alcanzar la madurez. In mente tenemos alguna de ellas, como sarampión, rubéola, paperas, típicas de la infancia… pero aún pueden salirle al paso las consideradas enfermedades epidémicas; algunos de nosotros, los más mayores, recordamos las fiebres tifoideas o el brote de poliomelitis, que se cobraron numerosas vidas infantiles; o dejaron una terrible huella para el resto de sus días. Así, pues, esas enfermedades durante el desarrollo del cuerpo pueden evitarle llegar a ser adultos.
Hoy, Dios misericordioso ha dado a las nuevas generaciones la capacidad para el desarrollo de numerosos remedios para luchar contra tales pandemias. El avance de la ciencia médica ha facilitado esa lucha por la supervivencia y, en cierto modo, ganar muchos retos. Sin embargo, no todo lo puede fiar a los medios de que dispone; más adelante habrá de asumir nuevos retos, deberá enfrentarse a nuevos peligros provocados por él mismo, si es llegado el caso: Tabaquismo, alcoholismo, drogadicción, modernas pandemias que, más veces de las que creemos, conducen al suicidio… asumidos esos riesgos, y ganada la batalla, podremos afirmar que un adulto es un niño que ha sobrevivido.
Pero… ¿el adulto es tan solo un niño que ha sobrevivido? Observemos que todo esto ha sido fundamentado desde el punto de vista material, pero el niño-adulto es algo más… Insistamos, dije al principio. Este niño-adulto es un espíritu que necesita liberarse de unas enfermedades que, en su viaje por el mundo carnal, no le van a salir al paso: Son enfermedades que (algunas, al menos) ya trae consigo y viene arrastrando desde mucho atrás: Orgullo, celos, intolerancia, soberbia, indiferencia ante los valores morales, desamor… enfermedades que, durante el periodo infantil, permanecen dormidas y van despertando a medida que el niño va tomando conciencia de sí mismo; pronto habrá de enfrentarse a ellas y necesitará de toda su voluntad, pues la lucha contra las enfermedades del espíritu es mucho más ardua que la lucha contra el sarampión o la escarlatina. La Medicina puede acabar con una enfermedad del cuerpo, pero las del alma solo pueden ser erradicadas mediante la total y absoluta renovación moral.
Llegados a este punto, podemos reafirmar el pensamiento «un espíritu adulto es un niño que ha sobrevivido», un espíritu que, por la misericordia divina, se hace niño y llega a la madurez, salvando las enfermedades de la materia, y dándole la oportunidad, durante la juventud, de desprenderse de las enfermedades del alma; oportunidades que no cesan, pues son muchas las que Dios concede, y al final del periplo por la Tierra, la conquista total:
¡Niño, adulto y espíritu inmortal!

Sobrevivir a las pruebas por: Maria Luisa Escrich

Guardamar, agosto de 2021

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