Reencarnación

REENCARNACIÓN

LA REENCARNACIÓN A LO LARGO DE LA HISTORIA

La creencia en la reencarnación es conocida y sostenida desde la antigüedad por las diversas religiones y enseñada en las escuelas filosóficas. Es una doctrina milenaria y todas las religiones la han sostenido en sus origines.
Los egipcios enseñaban la reencarnación ya 3.000 años antes de nuestra era con estas palabras: “antes de
nacer, el niño ha vivido ya y la muerte no termina en la nada. La vida es un devenir, que transcurre como un día de sol, que recomenzará”.
De los egipcios pasó a los griegos por Pitágoras y sus discípulos: Socrates, Platón, Empédocles, Apolino y muchos otros que la popularizaron. Pitágoras enseñaba que la doctrina de la reencarnación tenía en cuenta las desigualdad observable en la vida terrestre de los hombres, y decía así: “una vida en la carne, no es más que una anilla en la larga cadena de la evolución del alma”.
Las escuelas de Sócrates y Platón aseguraban que… “Las almas toman cuerpos para repetir una y otra vez sus vidas físicas, a fin de desarrollar las facultades de la psiquis y adquirir la sabiduría”. En “Fedón” podemos leer: “el alma es mas vieja que el cuerpo. Las almas renacen sin cesar para volver a la vida actual”. La escuela del filósofo y sacerdote Hermes ya sostenía que: “Las almas bajas y malas permanecen encadenadas a la tierra por múltiples renacimientos; pero, las almas virtuosas suben volando hacia las esferas superiores.
Ya en nuestra era, Antonio Saccas, filósofo alejandrino del siglo I sostenía la doctrina del renacimiento de las almas en nuevos cuerpos, y fue quien la transmitió a San Clemente de Alejandría, padre de la primera Iglesia; la famosa escuela de Alejandría, dirigida por Filón en tiempos de Jesús, profundizo en el estudio del alma y dio un mayor esplendor a la doctrina de la reencarnación.
Plotino, discipulo de Amnomio, decía: “es un descubrimiento reconocido desde tiempos de la antigüedad, que si el alma comete faltas, será condenada a expiarlas sufriendo castigos; luego se le permite pasar a nuevos cuerpos y recomenzar pruebas”, decía también: “cada alma recibe el cuerpo que le conviene y esta en armonía con sus antecedentes según sus anteriores existencias”.
Orígenes, discípulo de San Clemente, el más instruido de los padres cristianos, aceptaba la doctrina de las vidas sucesivas, que era creencia común de los primeros tres siglos del cristianismo, y por ello fue anatematizado en el Concilio de Constantinopla II.
San Gregorio Nacianceno (328-389) decía: “hay necesidad natural de que el alma sea curada y purificada, y de que, si no lo es en esta vida, lo sea en otras siguientes y futuras”.
San Agustín en su libro de “Confesiones”, emplea la frase: “antes del tiempo que pasé en el seno de mi madre ¿no habré estado en otra parte o sido otra persona?”.
Según el Corán,… “Allah nos envía muchas veces hasta que regresemos a El”.
Ovidio, Virgilio y Cicerón (autores literarios de la antigua Roma) acuden con frecuencia a la reencarnación de las almas. Ovidio decía: “las almas van y vienen. Cuando vuelven a la tierra, dan vida y luz a nuevas formas”; Virgilio en su obra “Eneida” asegura que, el alma al hundirse en la carne pierde el recuerdo de las vidas pasadas.
Los Judíos que se basaban en las enseñanzas de Moisés, mantenían la creencia de la reencarnación, por que les fue precedida por los profetas.
Podemos leer una versión del profeta Malaquías que reza así: “He aquí, yo os enviare al profeta Elías antes que venga el día grande y tremendo del Señor” (Mal. IV, 5). Y la prueba de que estos pueblos estaban convencidos de tal creencia, es el hecho de que una comisión fue enviada por el clero del Sanedrín, a preguntar a Juan el Bautista si era Elías o el Mesías. Esta vuelta a la vida del espíritu de Elías en Juan el Bautista es un hecho confirmado por Jesús cuando dijo: “y si quereis oirlo, El es el Elías que había de venir” ( San Mateo XI, 14-15).
Dicha creencia fue sostenida por los primeros cristianos como doctrina en los primeros siglos del cristianismo.
El arzobispo Paucher Passralli, predicador apostólico adjunto del Vaticano, es partidario de la tesis de la reencarnación, y dice en un escrito: “si fuese posible popularizar la idea de la pluralidad de existencias en el mundo, sería un medio de realizar la voluntad divina, de permitir al hombre expiar sus pecados, purificarse y esforzarse en ser digno de Dios y de la vida inmortal. Esto sería un gran paso que resolvería dolorosos problemas que angustian el alma humana”.
Y el fundamento de progreso espiritual por medio de los renacimientos, ha surgido de nuevo en nuestro mundo Occidental a mediados del siglo pasado, por el esfuerzo del gran misionero de la doctrina espirita, Alland Kardec, de la cual él fue fundador o codificador.
Continuará……
Publicado en: la revista Amor paz y caridad – AÑO 1 OCTUBRE 1982 Nº 3
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