Leyes Universales

PALINGENESIA V

 
  Los espíritus más evolucionados, planifican ellos mismos su destino y programa a realizar, y escogen con frecuencia una vida laboriosa de realizaciones, de lucha por un ideal, que puede ser científico, artístico o espiritual; rechazando las oportunidades de vida humana fácil y cómoda, a fin de avanzar más rápido en su evolución. Pues conocen ya, por haberlo aprendido en el espacio,
que esas vidas de sacrificio y renunciamientos, de abnegación y esfuerzo en la realización de un ideal, limpia y sutiliza más su alma de las manchas que aún quedan de un pasado de errores, permitiéndole una ascensión en la escala espiritual ascendente, ascensión que añoran y ansían. 
 
  Conocemos ya que las almas afines se atraen. La Ley de Afinidad, consustancial con la Ley de Vibración, es una de las leyes cósmicas que se manifiestan como fuerza de atracción en todo aquello que es análogo, que es afín. Y esta verdad puede comprobarse en el campo de la física y de la química. Y en el campo del psiquismo y en lo espiritual. Esta ley actúa con igual o mayor precisión. 
 
  Así como en las relaciones humanas nos agrupamos por analogía de gustos, aficiones y tendencias, así en el mundo espiritual, los seres que lo habitan en los diversos ambientes, viven y actúan unidos, creando de este modo afecto y atracción entre sí, que les lleva a mantenerse también unidos como humanos, encarnando en el mismo grupo familiar y ambiente, por vidas y vidas, aunque algunas veces suelen encarnar apartados, con el objeto de adquirir nuevas experiencias. Son lo que denominamos familias espirituales. De aquí la semejanza de tendencias y gustos entre hijos y padres, así como el cariño hacendado entre algunos hermanos. 
 
  Los académicos materialistas y filosofías positivistas, sostienen que esas semejanzas se deben al factor genético dentro de las leyes biológicas; por desconocimiento de que la parte psíquica y la espiritual del individuo no está sujeta a las leyes biológicas, que sólo tienen influencia preponderante en el aspecto físico orgánico, pero no en el psíquico y espiritual, regido por otras leyes. 
 
  Y como esas familias espirituales no encarnan a un mismo tiempo, los que quedan en el espacio ayudan a los que encarnan, en la realización de sus destinos (siempre que el encarnado se deje guiar, lo que no siempre acontece). Son los guías y protectores que, aun cuando invisibles, están siempre cerca de nosotros: ya asistiéndonos en los momentos difíciles, ya vibratorialmente proyectando luz y fuerza espiritual desde el espacio. 
 
  A medida que se avanza en la evolución, el espíritu goza de una mayor libertad y poder, que le permite escoger ambiente y futuros padres, o sea, su ambiente familiar, hasta donde su condición o karma le permite. Pero, dado la modalidad de vida en los hogares de hoy, esta tarea no siempre es fácil. 
 
 Aquellos casos que apreciamos a veces, de personas con tendencias hacia el mal en familias buenas, son generalmente reajustes de vidas pasadas, ya que seres buenos también tienen caídas como humanos, y algunas veces se unen al karma de seres de menor evolución, que a ellos vuelven para el reajuste indispensable. 
 
  También casos hay, de seres que han pedido unos padres rectos y virtuosos, como ayuda a su determinación de corregirse, y que a menudo esto es concedido para tal fin; pues, ello, también constituye una prueba para esos padres, prueba de la que no siempre salen bien librados. En nuestra condición humana vemos tan sólo a través del prisma de las conveniencias humanas. Pero, en el espacio la vida es diferente. Allí se ven las conveniencias transcendentales, las necesidades del espíritu, que son las que deciden la clase de vida más conveniente para el espíritu reencarnante. Por ello muchos son los espíritus que aceptan una vida privada del uso temporal de la inteligencia conquistada en vidas pasadas, como medio de regeneración por el mal uso que de esa inteligencia hayan hecho. Así mismo, el crimen, el orgullo, el despotismo y aún la vanidad despectiva, se expían con la reencarnación en cuerpos defectuosos, como en los casos de deformaciones físicas, mongolismo, idiotez, parálisis, dolencias y enfermedades congénitas, etc.; condiciones esas, aceptadas por esos seres que, en el astral se hallan en condiciones de gran sufrimiento. No obstante, hemos de conocer que, en estos casos los afectados son libres de aceptar o rechazar las condiciones impuestas para las reparaciones imprescindible. Pero, como ya fue explicado, ante la situación torturante en la que se hallan inmersos, aceptan para librarse de esos tormentos que se les hacen insoportables.
 
 ( continuará) 
 
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