Leyes Universales

PALINGENESIA IV

(Viene del nº anterior) 
  Tengamos presente que el destino de cada cual es siempre justo, y que las dificultades, obstáculos, reveses, etc., que como humanos no nos agradan, son necesarios para el desarrollo de las facultades intelectuales y volitivas.
 
 
  La vida del ser espiritual, es una sola. Las encarnaciones se suceden durante esa vida, que es eterna; en procura de purificación y sabiduría, que ayudan al Espíritu a alcanzar la meta liberadora de las encarnaciones en los mundos atrasados. 
 
  Las diversas clases de vida humana: felices, suaves, difíciles, dolorosas y de sacrificio, están en relación con las actuaciones libremente efec­tuadas en el pasado y con el deseo de progreso. 
 
  No obstante lo expuesto, hay también vidas de sacrificio voluntario. ¡Cuántos de quienes tienen defectos físicos han pedido ellos mismos esa prueba antes de nacer, con el fin de doblegar su orgullo o como antídoto de su vanidad excesiva! ¡Cuantos de los que no estén conformes con la fealdad de su cuerpo o envidian las hermosas formas de otros, ignoran que ellos mismos han preferido esa fealdad para evitar los peligros de la seducción carnal, que en otra existencia pudo haberles ocasionado caídas en el camino de su ascensión espiritual. 
 
  Y vidas de sacrificio, de renunciamento, por seres de gran evolución, que encarnan para ayudar al progreso de la humanidad, tanto en el aspecto espiritual como artístico y científico; y que voluntariamente aceptan, respondiendo al llamado que las Esferas Superiores les hacen, para el adelanto de la humanidad. Y aun cuando ahora mismo nos parezca ilógico y desacertado, nosotros mismos, cuando hayamos alcanzado un mayor grado de evolución, cuando vibremos ya intensamente en amor, habremos de solicitar incorporarnos a los espíritus de Luz para bajar a mundos atrasados, a fin de contribuir al progreso evolutivo de las humanidades de esos mundos; al igual que otros seres de gran evolución han venido al nuestro en otras épocas. 
 
  Son muchos los seres de gran evolución que, habiendo alcanzado ya la sabiduría y el amor, no están ya sujetos a las vidas en los mundos inferiores. Sin embargo, solicitan o aceptan gustosos una o más vidas de lucha y sufrimiento, con el objeto de contribuir al adelanto de sus hermanos muchas veces obstinados en el mal durante vidas y vidas. 
 
  Otros seres que, renunciando a la felicidad que su elevación espiritual les concede, encarnan en misión evangélica, como los ejemplos que la historia nos ofrece de un Sidharta Gautama -el Buda-, Krishna, Moisés y miles de otros; siendo el mayor de todos, el de ese ser sublime que conocemos con el nombre de Jesús de Nazaret. 
 
  Todo lo expuesto nos lleva a la conclusión de que, la vida que tenemos, las vicisitudes por las cuales hemos pasado o estamos pasando, son las que nos corresponden en la presente encarnación y en el momento actual; y consecuenciales de nuestras actuaciones en el pasado y también en el presente, o nuestro deseo de progreso. 
 
  No obstante, aquellos que tenéis una vida difícil, no os desaniméis; porque, aun cuando os corresponda como consecuencia de deudas contraídas con la Ley en el pasado o por errores en la vida presente, tales vicisitudes podréis superarlas si adoptáis una actitud mental acertada. Sí, podréis superar toda vicisitud adversa o dolorosa, siempre que no os rebeléis contra ellas; porque, si os rebeláis, además de haceros la tarea más difícil y amargaros la vida, os impediría la superación de esa prueba, y os obligaría a enfrentarla nuevamente en la siguiente encarnación. Ya que, toda prueba no superada, ha de repetirse hasta que se haya aprendido a superarla. Es Ley Divina. 
 
  Como humanos nos gustan las situaciones fáciles y nos desagradan las difíciles. Y cuando algún aspecto de la vida requiere esfuerzo, preferimos el comodismo, que tiende a anularnos y nos impide ascender, Y esa actitud desacertada que muchas veces adoptamos, es debida al descono­cimiento de nuestra necesidad de realización y progreso, y de los grandes recursos internos que nuestro espíritu contiene y los cuales debemos poner en acción. 
 
  Un cuerpo carnal es uno de los más valiosos auxilios que el Eterno Amor ofrece al Espíritu, para su ascensión hacia la perfección. 
 
  Después de la muerte del cuerpo físico, el Espíritu pasa de inmediato a la cuarta dimensión astral o al mundo psíquico, en ambientes con su grado de conciencia Y la duración del tiempo en ese otro mundo de las almas, esté en relación al grado de evolución de los seres que lo habitan así como su voluntad y ansia de progreso; porque, la ley no fija tiempo de estancia, sino por la condición del propio ser. 
 
  La ley de consecuencias es el factor deter­minante del destino de la nueva vida física. Salvo los casos de seres de gran evolución, de nueva encarnación del ser reencarnante está condicionada a sus vidas anteriores y a sus ansias de progreso. Aún cuando múltiples son los aspectos de la reencarnación, haremos una síntesis a fin de tener una idea de las mismas. 
 
  Los espíritus poco evolucionados, son guiados por seres espirituales especializados en las tareas de reencarnación, a los que algunas escuelas espiritualistas denominan “Maestros Kármicos”; quienes, de acuerdo con el “historial” del candi­dato a reencarnar, condicionan, diré mejor, esco­gen las clases de vida que conviene para su progreso espiritual, generalmente en el mismo ambiente de su vida o vidas anteriores. Comienzan entonces, los preparativos para tal efecto, que varían según el caso. Y esos Maestros Kármicos condicionan el molde o contraparte etérea organi­zadora de la forma física del espíritu reen­carnante, en concordancia con su destino o karma. 
 
( continuará) 
SEBASTIAN DE ARAUCO
* * *
Dueños de sus destinos son los hombres. La culpa no está en las estrellas, sino en nuestros vicios. 
 
W. SHAKESPEARE 
 


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