Quiero dedicar este mes a un personaje de los más activos de nuestra historia reciente. Y lo traigo a colación no por su extensa actividad política y académica, sino por haber protagonizado un hecho que, a mi entender, dignificaría a cualquiera como ser humano, como espíritu de nobles carácter e intenciones.
Nicolás Salmerón fue muy relevante en el convulso siglo XIX español. Nacido en Alhama la Seca, Almería, en 1838, cursó el bachillerato en esta capital de provincia. Era hijo de un médico rural de ideología liberal, y esto lo marcaría de por vida. Realizó estudios de Derecho y Filosofía y Letras en la Universidad de Granada, donde trabó amistad imperecedera con Francisco Giner de los Ríos, que con el tiempo fuera el creador de la Institución Libre de Enseñanza inspirada en la filosofía de Karl Krause; tanto Giner de los Ríos como Krause merecedores ambos de un artículo en esta sección.
Salmerón ocupó numerosos cargos en el mundo de la enseñanza. Citaré algunos, solo para destacar su valía como auténtico sabio:
Profesor auxiliar de filosofía en el Instituto San Isidro de Madrid y de la Universidad Central de Madrid; ganó la cátedra de Historia Universal de la Universidad de Oviedo (aunque no llegó a ocuparla); y catedrático por oposición de Filosofía y Letras de la Universidad Central de Madrid.
Pero Salmerón destacó mucho más en el ámbito de la política.
Durante el reinado de Amadeo I, Salmerón obtuvo gran popularidad entre los republicanos por su magnífica oratoria y sus discursos excelentemente preparados. Tras la abdicación del mencionado monarca se proclamó la Primera República (1873), y nuestro protagonista fue nombrado ministro de Gracia y Justicia, pronunciándose desde entonces claramente a favor de la abolición de la pena de muerte.
Inmerso en la inestabilidad política que caracterizó a esta Primera República, Salmerón fue elegido presidente de las Cortes Generales; y cuando Pi y Margall dimitió del cargo de Presidente del Poder Ejecutivo, Salmerón fue nombrado en su lugar, convirtiéndose en el tercer presidente de la república en el brevísimo periodo de cinco meses.
Durante su gobierno, Salmerón hubo de hacer frente a numerosos acontecimientos gravísimos: las tres guerras civiles, la guerra de Cuba, la rebelión cantonal y la 3ª Guerra Carlista. Y aquí voy a enfilar el motivo de incluir a Salmerón en este artículo, un motivo que no termino de tener claro. Según una fuente consultada, un grupo de militares fue juzgado por colaborar con los cantonalistas y condenado a muerte. Según otra fuente, fueron ocho soldados los detenidos y condenados a la pena capital por haberse pasado al bando carlista en Barcelona. Fuera como fuese, toda sentencia de muerte debía ser ratificada por la firma del Presidente del Ejecutivo. Nicolás Salmerón se negó a rubricar dichas penas de muerte, y ante la insistencia y la presión recibida para que lo hiciera, presentó su dimisión como Presidente de la 1ª República. Había pasado un mes y medio desde su nombramiento. Salmerón prefirió renunciar al poder antes que traicionar a su propia conciencia. Se marchó sin firmar las penas de muerte.
Tras la restauración borbónica, Salmerón, junto con otros catedráticos krausistas, fue depurado y apartado de su cátedra. Esto le llevó a un largo exilio de nueve años en París, donde conoció a personajes ilustres como Clemenceau, al tiempo que organizaba tertulias en su casa a la que acudieron individuos de la talla de Bernardino Machado (presidente de Portugal) o el gran escritor galo Víctor Hugo.
No añadiré más sobre esta personalidad de nuestra historia, dado que su vida, tanto política como académica, dio aún mucho de sí hasta su fallecimiento en la ciudad de Pau, en 1908. Invito al lector a que profundice en la apasionante vida de Nicolás Salmerón consultando la documentación indicada al pie de este artículo.
Pero la huella de su noble acto no se ha borrado, ni mucho menos. Por eso terminaré comentando que, desde el año 2009, se entrega el Premio Nicolás Salmerón de Derechos Humanos, surgido a iniciativa del Ateneo de Madrid. Este premio se entrega en la sede del Ateneo todos los días 10 de diciembre, coincidiendo con la fecha aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos adoptada en la
Asamblea de la ONU en 1948 en París.
Pienso que el hecho de que este premio lleve el nombre del político es algo absolutamente merecido.
Nicolás Salmerón por: Jesús Fernández Escrich
Amor, Paz y Caridad, 2024
Documentación:
WIKIPEDIA. Nicolás Salmerón.
WIKIPEDIA. Rebelión Canton






