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MENTES SIN CEREBRO

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Mentes sin cerebro

“La mente no es física y por medios no físicos actúa sobre la materia. El cerebro simplemente es el instrumento de manifestación de la mente en el plano físico”.

J. B. Rhine, Padre de la Parapsicología

Esta definición del fundador de la Parapsicología hace ahora más de 70 años viene a confirmar el cambio de paradigma que se está operando en los estudios e investigaciones multidisciplinares llevados a cabo actualmente por neurólogos, psiquiatras, psicólogos y científicos noéticos.

El modelo tradicional dentro de la ciencia hasta hace bien poco es el considerar la mente y la conciencia como “epifenómenos” del cerebro; es decir, que el cerebro crea la mente y la conciencia. La mayoría de los especialistas reconocen que esta explicación está ya obsoleta y desfasada, aunque muchos sigan manteniéndola a pesar de las evidencias que confirman lo contrario.

En el año 2000, un libro marcó un antes y un después en la neurociencia. El neuropsiquiatra Norman Doidge publicó su libro “El cerebro que se cambia así mismo”. En él confirmaba el concepto de neuroplasticidad que ya se venía investigando desde la excelente obra pionera del Doctor Herbert Benson en 1987, titulada “El Poder de la Mente”, Doidge afirmaba la capacidad del cerebro para cambiar su estructura y función neuronal creando nuevas rutas y conexiones así como la capacidad del cerebro de sanarse a sí mismo mediante el ejercicio del pensamiento positivo. Nunca más debería ser considerado el cerebro como algo inmutable y rígido, sino que se confirmaba la capacidad de las neuronas para recablearse y modificarse para sanar. Y esto era especialmente importante en personas con enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson, el autismo o la esclerosis múltiple.

Todos reconocen la íntima relación entre Mente y Cerebro, algo que nadie duda, pero las evidencias e investigaciones de vanguardia en los efectos de la mente sobre la plasticidad cerebral, que llegan incluso a modificar morfológicamente el cerebro y sus rutas neuronales, es uno de los grandes avances que están cambiando el concepto. Pues todo parece indicar que es justo al revés; es decir, que es la Mente la que puede cambiar y modificar el cerebro y no a la inversa.

Otro de los grandes avances en la ciencia de vanguardia sobre la importancia de la mente modificando y sobrepujando el cerebro físico viene determinado por la investigación del Dr. Richard Davidson, neuropsiquiatra y director del laboratorio de neurociencia afectiva de la Universidad de Wisconsin. Davidson es uno de los pioneros del concepto de “plasticidad cerebral”, y en sus múltiples experimentos con voluntarios y pacientes viene a confirmar que las neuronas cerebrales pueden modificarse, cambiar y establecer nuevas rutas de conexión entre ellas debido a la influencia del pensamiento y la meditación. Una de las conclusiones que extrae de su amplia y continuada investigación monitorizando cerebros es la siguiente:

“He visto que la base de un cerebro sano es la bondad, y la entrenamos en un entorno científico… Investigando la base de las emociones me sorprendió ver cómo las estructuras del cerebro pueden cambiar en tan solo dos horas.”

La extraordinaria investigación de Davidson pone de manifiesto la rapidez del proceso. Si en tan solo dos horas se observa mediante los escáneres cerebrales y tomografías computarizadas la modificación de la estructura cerebral, inferimos la potente influencia de los pensamientos y emociones modificando, alterando y cambiando la masa cerebral. Es la mente un poderoso elemento, inmaterial, capaz de sobrepujar una estructura cerebral que consume el 20% de la energía total del cuerpo humano.

Otra de las evidencias irrefutables que tienen que ver con las experiencias de conciencia alterada o con las E.C.M. (experiencias cercanas a la muerte) dejan bien a las claras que con un cerebro aletargado, anestesiado y sin actividad eléctrica ni funcional, se producen experiencias de conciencia que pueden comprobarse por los hechos y que sería imposible que acontecieran si el cerebro estuviera muerto sin actividad ninguna, lo que impediría percepciones, pensamientos, emociones y sentimientos. Nuevamente la mente se levanta por encima del conglomerado celular, demostrando no sólo su inmaterialidad sino su capacidad de servir como instrumento psíquico a la conciencia del individuo prescindiendo del órgano que se supone “crea la conciencia”: el cerebro.

El que los científicos avancen en estas investigaciones desmorona el edificio del naturalismo y fisicalismo materialista y ateo que sólo considera a la materia como única realidad. A esto se le denomina reduccionismo (todo se reduce a la materia), y desde hace décadas grandes investigadores y premios Nobel han elevado su voz para alertar de la falacia que supone seguir manteniendo esta presunción. El positivismo y materialismo se bate hoy día en retirada en los laboratorios dirigidos por investigadores serios, honestos y comprometidos con la verdad.

Estos mismos investigadores reconocen, con una humildad sin muchos precedentes dentro de la comunidad científica, que “no tenemos ni idea de cómo aparece la mente o la conciencia”, e incluso “ni siquiera tenemos una hipótesis racional sobre ello”.

Décadas de trabajo estimulando eléctricamente cerebros de pacientes despiertos me confirman que el libre albedrío, la conciencia y la mente influyen sobre el cerebro físico “desde afuera” no son creados por él en absoluto.”

Wilder Penfield (Neurocirujano)

Desde el mismo momento en que se reconoce que la mente y la conciencia no son creadas por el cerebro y tienen una naturaleza “inmaterial”, entramos en la consideración de si esta mente humana, como inmaterial que es, puede considerarse una energía capaz de trascender la muerte física, ya que la energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma, y además lo inmaterial escapa a las dimensiones físicas que conocemos y que limitan sus efectos.

Desde este punto podemos considerar con suma facilidad y razonamiento lógico el hecho de que “la mente sin cerebro” es una realidad tan perfectamente viable como cualquier otra, puesto que la primera no necesita del segundo para existir ni manifestarse.

Las características de la mente vienen definidas por sus efectos, y entre ellas destacamos los pensamientos, las emociones, los impulsos, los reflejos condicionados, el inconsciente, la memoria, etc.

Mediante un sencillo ejercicio de abstracción podemos imaginar una mente sin cerebro de cualquier persona que sobrevive al fenómeno material de la muerte, trascendiendo la misma y conservando las cualidades, las características de su propia individualidad, su libre albedrío para tomar decisiones y su voluntad para ejecutarlas. ¿Cómo podríamos denominar a esta Mente inmortal, individual e independiente? A lo largo de la historia se le ha llamado de distinta formas, las más habituales son: espíritu o alma. Y en el ámbito de la ciencia, los investigadores denominan como “conciencia” a las características propias del alma.

¿Y si esto es posible, de dónde podría proceder? ¿Cuál sería su origen? Si la ciencia nos afirma que toda la realidad tiene un origen y la filosofía nos confirma que lo que existe en el Universo físico y espiritual es contingente, deberemos buscar un origen de la Mente que refleje las características de la misma que podemos conocer. Hace miles de años, en la escuela egipcia de Hermes Trismegisto se afirmaba: “Todo es Mente, el Universo es Mental.”

Esto confirma aquello que ya nos están avanzando los físicos e investigadores de la mecánica cuántica, el universo es energía en constante transformación y los campos en la que se organiza son capaces de transmitir información. La mente, como energía universal, debe ser el indudable origen de la mente humana.

A partir de aquí sabemos, por lo que conocemos de la información, que detrás de cualquier origen de la misma existe siempre una inteligencia capaz de originarla. Ninguna información existe sin una mente que la elabore y la cree. La pregunta sería: si la mente humana origina la información, la capacidad de abstracción, de creación, de reflexión sobre sus propios pensamientos, etc., ¿de dónde salen?

Es el Azar, la casualidad, la evolución biológica o celular la que permite esta cualidad, como avanzan los naturalistas, o por el contrario, ninguna función de este tipo puede derivarse de procesos exclusivamente materiales, químicos o físicos. Ni la conciencia ni la mente presentan ningún rasgo que pueda explicarse mediante procesos químicos o físicos, estos se circunscriben a los procesos biológicos y transformaciones de la materia y nunca afectan a la psique humana, a las características racionales, volitivas, de libertad de elección, de sentimientos, pensamientos, etc.

Somos Mentes, pues la característica principal de la misma es el pensamiento, y ahora con un cuerpo físico íntimamente relacionados con el instrumento que nos sirve de manifestación en esta dimensión física y que llamamos cerebro, formado por miles de millones de neuronas. Pero incluso así mismo, el cerebro físico limita la percepción y sensación de la realidad, pues actúa como un reductor de vibraciones, percepciones y sensaciones, como lo demuestran los estados de conciencia alterados que sin la atadura del cuerpo físico o del cerebro pueden captar realidades circunscritas a otras dimensiones no físicas.

No sólo eso, los estudios avanzados sobre la bioquímica cerebral confirman que existe un poderoso neurotransmisor en el cerebro llamado «gaba» (ácido gamma-aminobutírico), que bloquea los impulsos neuronales y actúa como un filtro que en determinados estados de conciencia limita la percepción de esta en un elevado grado, y que se reduce y disminuye cuando la conciencia se expande como «conciencia no local» en experiencias como las E.C.M., los trances, los éxtasis, etc.

El origen de la Mente humana es glorioso, desconocido para la ciencia, pero no para el espiritualismo moderno, las filosofías espiritualistas ni para las religiones. La Mente humana es un reflejo de su creador, aquel que le otorga sus características a imagen y semejanza. A este origen y al creador de la Mente y la conciencia le llamamos Dios. El único ser no contingente, pues siempre ha sido y existido sin ser originado por nadie.

“La Mente humana procede de una Mente Absoluta que es la individualidad espiritual trascendente de Dios”

Stuart C. Hackett, Filósofo

Así pues, si nuestra Mente es inmaterial y su origen es de naturaleza divina, ¿qué dificultades podemos albergar para concebir la inmortalidad y trascendencia después de la muerte? Qué mayor alegría que saber que la muerte no es el límite de nada; que seguiremos viviendo después de abandonar un traje de trillones de células que se deteriora con el paso del tiempo y que nuestra individualidad, pensamientos, personalidad, emociones, afectos y todo aquello que nos caracteriza seguirá vivo y permanente para siempre.

Es también a destacar el hecho de que otra denominación del psiquismo humano que trasciende el fenómeno de la muerte es aquella que lo define como “energía pensante”. Desde el punto de vista filosófico entronca con la propia naturaleza humana, pues como bien definió Descartes, “Cógito ergo Sum” (Pienso, luego existo). La principal característica del alma es el pensamiento que procede de la Mente y constituye la esencia del ser. Y desde el punto de vista de la ciencia, toda energía tiene la capacidad de transmutarse, modificarse, pero nunca destruirse.

Por ello, aquellos que nos precedieron y que se encuentran en otra dimensión de orden espiritual después de trascender la muerte, pueden perfectamente conectar con otras energías pensantes, tengan o no cuerpo físico, puesto que su Mente permanece integral al pasar al otro lado. La energía, como demuestra la ciencia actual, impregna todo el universo físico, y si las formas de energía físicas que podemos medir son multitud, el pensamiento y la emoción son igualmente energías perfectamente medibles y constatables. Albert Einstein definió en una ocasión al ser humano como “un conjunto eléctrico regido por la conciencia”.

Los psicoanalistas nos hablan de la energía de la psique y de sus interacciones con el cuerpo físico y las respuestas automáticas de este a los impulsos de aquella. El inconsciente, nos dicen, es un repositorio de energía gigantesco que nos conecta con otras mentes y otras energías (inconsciente colectivo) y nos influencia mucho más de lo que pensamos.

Además de ello, la capacidad que nos concede la ley de atracción de acercarnos a aquellos que vibran en la misma frecuencia y sintonía, aquellos que tienen nuestros gustos y tendencias, “el semejante atrae al semejante”, sigue rigiendo en la energía de nuestras conciencias y mentes ahora y siempre, lo que nos permite reencontrarnos con aquellos que son afines a nosotros, con los que nos aman, los que nos aprecian y nos quieren, aunque hayan trascendido el umbral de la muerte física. Si nuestra Mente, sin un cerebro que la limite, es capaz de trascender el tiempo y el espacio (estas son dimensiones físicas que no condicionan la mente inmaterial) hasta donde pueden llevarnos nuestros pensamientos, nuestra voluntad y libre albedrío, ¿cuáles son los limites de nuestra conciencia si la Mente es un instrumento psíquico de la misma?

El espiritualismo moderno de Allán Kardec, como lo definió el filósofo León Dennis, responde estas preguntas mejor que ninguna otra filosofía espiritualista. Les invitamos a conocerlo, estudiarlo y sorprenderse. Una filosofía con base científica y consecuencias ético morales que ya en uno de sus libros de referencia: “El Libro de los Médiums” supera en explicaciones y razonamientos a la posterior ciencia parapsicológica del profesor J. B. Rhine mencionado en la frase que encabeza este artículo.

Mentes sin cerebro por: Redacción

2026, Amor, Paz y Caridad

“La física, la neurociencia y la psicología convergen en el mismo principio: la Mente no puede reducirse a la materia”

G. Stanciu y R. Augros – Físico y Filósofo

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