LOS RECURSOS IGNORADOS DEL ALMA

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Los recursos ignorados del alma

Los recursos ignorados del alma

“Todas mis pertenencias se encuentran en mi alma”.

 Todos mis bienes están conmigo, e irán donde yo vaya. Mis valiosos tesoros nunca me abandonan, no los dejo en el olvido ni a merced de quien quiera apropiárselos”. Los interrogadores preguntaron: “¿Cuales son esos bienes que te hacen rico y siempre te acompañan?” Bias respondió sin jactancia: “Las conquistas morales de la paciencia, la sabiduría, la bondad, el amor, el perdón y la resignación que he almacenado en mi mente y corazón durante esta vida“.

Bias, uno de los Siete Sabios de Grecia, ante el inminente saqueo de Briene (Jonia) por Ciro el Grande, Rey de los Persas, s.VI a.C

Ciertamente, ya los griegos conocían la naturaleza del alma en profundidad, como es notorio por las máximas de Sócrates, Platón o Aristóteles, e incluso mucho antes, con las máximas de los famosos sabios de Grecia, una de las cuales inicia este artículo. Desde antiguo se conocen características y cualidades del alma humana que constituyen su fuerza y la dotan de recursos especiales para sustentar al ser humano. No solo hablamos de la vitalidad que otorga al cuerpo y que es esencial para la vida orgánica, sino también de los recursos de nuestro ser inmortal que trascendiendo a la muerte, posee y lo caracterizan.

Siendo el alma humana el origen del pensamiento que proviene de la mente y que es reflejado por el cerebro, y a la luz de los últimos descubrimientos de neurólogos bioquímicos y biólogos, ¿alguien podría afirmar o categorizar los límites del pensamiento? Hoy sabemos que el pensamiento es una energía que, al igual que la emoción, interactúa en un campo universal del que formamos parte y en el que todo está interconectado.

“Cuando tus pensamientos van acompañados de una implicación emocional, se transmite una señal electromagnética al campo universal que atrae hacia ti la realidad que coincide con la que tú deseas”

Dr. Joe DispenzaLibro “Deja de ser Tú”

 Por el mismo motivo, ¿acaso el sentimiento y la emoción pueden ser contenidos en una urna? El hombre es un haz de emociones desde sus primordios evolutivos como “homo sapiens”, donde la primera emoción (el miedo) tuvo su preponderancia en la supervivencia. El pensamiento y la emoción son cosas distintas, pero muchas veces van juntas; unas veces el primero precede a la segunda, y en otras ocasiones ocurre al contrario. Cuando ambos se sincronizan se produce lo que se conoce por coherencia, y nuestra mente tiene la capacidad de modificar la realidad a nuestro alrededor. Sea como fuere, ambos son productos o recursos del alma en función del uso que les damos y la naturaleza que poseen.

“Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad”. Albert Einstein (1879-1955) Premio Nobel de Física

 Un tercer recurso del alma humana es la voluntad. ¿Acaso la voluntad tiene límites? Cuántas gestas imposibles, heroicidades y vidas singulares han salvado muchas vidas y almas a lo largo de la historia basados simplemente en la férrea voluntad de hombres ejemplares.

Sin duda, la voluntad es una fuerza que instalada en el alma y con su desarrollo adecuado consigue cosas imposibles en multitud de ocasiones. En las sociedades de excesivo bienestar, donde las generaciones están acostumbradas a tener todo lo necesario desde la cuna, el ejercicio y desarrollo de la voluntad se ve mermado muchas veces por la falta de necesidad.

Sin embargo no quiere decir que el hombre acomodado no la posea, tan solo “la guarda en el bolsillo”, y no la utiliza porque le es más cómodo y le supone menos esfuerzo no tener que ejercitarla si ya tiene sus necesidades básicas cubiertas. Ahora bien, incluso en estas sociedades los ejemplos de hombres y mujeres con voluntad excepcional se desarrollan igualmente cuando no la usan para su propio bien, sino para el del prójimo. Y en estos casos, a la voluntad se une la caridad y la fraternidad del alma elevada que viene y se entrega a su compromiso en la Tierra con ansias de ayudar y de hacer el bien. Los resultados son extraordinarios, y la estela de luz y ejemplo de superación que ofrecen al mundo también lo son.

 “Un alma no se puede comprar, pues es libre gracias a su propia naturaleza”.

 Sin duda alguna, uno de los recursos más importantes del alma humana es la libertad. Y más concretamente el libre albedrío, que subyace en la naturaleza del alma desde que es creada por Dios. No existe el fatalismo ni el ciego determinismo que el materialismo ha querido imponer; existe la capacidad de decidir por nosotros mismos. Otra cosa es que las decisiones sean más o menos acertadas. Por ello, somos los “dueños de nuestro propio destino”. Y en función de cómo actuamos, pensamos y sentimos, así creamos a nuestro alrededor las causas y circunstancias que determinan nuestro futuro feliz o desdichado.

 “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”. ¿A qué se refiere el maestro de galilea con esta frase? Nos explica que solo con la verdad podemos ser libres verdaderamente; libres de la ignorancia que nos conduce al error, libres de las pasiones y vicios que degeneran el cuerpo y ensucian el alma, libres de las imperfecciones que nos dominan y debemos conocer para superar. Y así sucesivamente. La verdad se encuentra en nuestro interior, en cada uno de nosotros, y en diferentes grados según nuestra evolución y progreso moral. El alma elevada comprende mejor y en mayor amplitud los conceptos de “la verdad una” que reside en Dios. El alma endeudada goza de menor libre albedrío por sus constantes equivocaciones, y como consecuencia de ello se ve sometida por su propia imperfección y debilidad moral.

“Si no alimentas tu alma con amor, solo habrá odio en tu corazón”.

Pero sin duda ninguna, el recurso más poderoso del alma  no es otro que el amor. La moderna ciencia de la neuropsicología nos presenta un aspecto del funcionamiento de nuestro cerebro desconocido hasta hace unas pocas décadas. “La base de un cerebro sano es un cerebro bondadoso”. Esta frase del Dr. Richard Davidson, uno de los más eminentes científicos en esta área de la neurociencia afectiva, coloca la bondad y el amor no solo como un elemento de salud y mejoría cerebral, sino como una necesidad para el equilibrio mental y cerebral del ser humano. El mayor psicoterapeuta de la humanidad lo explicó y lo demostró hace ahora más de dos mil años: “El amor es terapéutico”. Toda la vida y enseñanza del maestro de Nazaret se puede resumir en la importancia que concedía al amor a Dios, a uno mismo y al prójimo como fuente de salud, felicidad y armonía del alma.

 “El alma está en el cuerpo como si fuese un diamante; no olvides cuidarlo y sacarle brillo”.

Por ello, cuando hoy las ciencias de la conducta humana, junto a las ciencias biológicas y de la salud, ponen en evidencia la importancia del amor, el perdón, la compasión y la tolerancia como recurso de equilibrio mental y salud física, no hacen más que ratificar la luminosa enseñanza del maestro Jesús en su paso por la Tierra. El amor es sin duda el recurso más poderoso del alma, no solo porque trasciende las fronteras del tiempo y el espacio, sino, sobre todo, porque vincula al alma inmortal por toda la eternidad con aquellos en los deposita sus afectos más profundos.

Es el amor el reflejo de la luz interior que todo ser humano posee como consecuencia de haber sido creado a imagen y semejanza de Dios. Dios es amor y el amor es Dios; por ello su obra más excelsa, que es el alma humana inmortal, posee como naturaleza principal el amor divino que deberá desarrollarse al tiempo que el hombre crece y progresa en el desenvolvimiento de las virtudes que posee como recursos latentes instalados por Dios en su interior.

Los recursos ignorados del alma por: Redacción

©2020, Amor, Paz y Caridad

 “El alma es lo que nos asemeja a los dioses”

Platón – Filósofo griego, s. V. a. C.

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