LAS CRUCES

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Las cruces

Las cruces

En vísperas de Semana Santa, un joven muy creyente, desesperado por sus problemas, cayó de rodillas incapaz de seguir adelante y, rezando, le dijo a Dios: «Señor, que ahora no es momento de pedir nada, pero es que ya no me veo capaz de continuar. Mi cruz es demasiado pesada». Para su sorpresa, el Señor le contestó:«Hijo mío, si no puedes cargar con ella, entra en esa habitación que está llena de cruces y cámbiala por la que tú quieras».

El joven suspiró aliviado y entró en el cuarto dándole gracias a Dios por su generosidad. Una vez dentro, dejó su cruz y se puso a mirar todas las que había. Algunas eran tan grandes y altas, que resultaba imposible ver hasta dónde llegaban. Después de deambular por la habitación, vio una pequeña, apoyada en un rincón. «Señor, quisiera llevarme esa de allá», susurró señalándola. Y Dios le respondió: «¡Hijo, mío, pero si esa es la cruz que acabas de dejar!». El chico se quedó de piedra y, de repente, comprendió una cosa: cuando los problemas de nuestra vida nos parecen abrumadores e insuperables, echar una mirada a nuestro alrededor y ver las cosas a las que se enfrentan los demás puede servirnos para darnos cuenta de que, a pesar de todo, somos muy afortunados.

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