«DEÍSMO, TEÍSMO, EVOLUCIONISMO»
“Dios no interviene directamente en el orden natural cuando las causas secundarias son suficientes para producir el efecto deseado”
Francisco Suárez – Doctor Eximius, Filósofo S. XVI
Para aquellos que no estén familiarizados con la teología o la filosofía, cuando se habla de Dios es preciso dedicar unas palabras a explicar una diferencia notable entre los conceptos “Deísmo” y “Teísmo”. Las diferencias se establecen en la intervención o no intervención de Dios en su creación.
El primero, el Deísmo, hace referencia a la existencia de un ser supremo, una entidad que siempre ha existido y que ha creado el universo, sus leyes y todo lo que él contiene, aunque después de realizar todo esto, su relación con el mundo es distante y no interviene de manera directa en el proceso de su evolución después de su creación. Lo mismo acontece respecto al hombre. Bajo el concepto del deísmo Dios crea al ser humano, pero al igual que en el Universo, no intervendrá en su vida y no dará lugar a modificaciones o acciones que puedan cambiar el rumbo de su presente o futuro.
Es decir, el deísmo no acepta la intervención divina en el mundo, presenta a Dios desentendido de su obra y no acepta las “revelaciones espirituales” que, proviniendo de Dios mismo han llegado a la Tierra en diversas épocas de la humanidad. Estas revelaciones han sido las religiones, las filosofías espiritualistas y las corrientes de pensamiento que han traído los maestros y avatares espirituales en todos los tiempos y que avalan la existencia de un Creador y un alma inmortal en el hombre.
En contra del Deísmo, opción minoritaria actualmente, se encuentra también la teoría de la evolución como luego veremos. Y por supuesto aparece la opción mayoritaria en los hombres de ciencia que creen en Dios y en la mayoría de las personas religiosas o espiritualistas: el Teísmo. Los teístas son aquellos que creen en un Dios que no solo creó el universo, sino que también se relaciona con él, interviene en sus eventos y puede tener una interacción personal con los seres humanos (por ejemplo, a través de la oración).
Este término, teísmo, es compatible con la teoría de la evolución completamente, nos confirma la existencia de un Dios creador que se preocupa por su obra e interviene en ella a través de las leyes de la naturaleza y en concreto de la ley de evolución.
“No existe contradicción entre la teoría de la evolución y la creencia en la existencia de Dios”
Es más, desde el enfoque teísta, no habría evolución sin la existencia de Dios. No obstante, siempre aparecen las excepciones, y en concreto en este tema, aquellas religiones que interpretan de forma literal los libros sagrados (Biblia, Corán, Torá, etc.) sobre la base del Génesis, se oponen a la teoría de la evolución y son los denominados “creacionistas”, que no aceptan la evolución como algo posible.
De hecho, existe una falacia interesada en oponer el teísmo a la evolución fomentada precisamente por aquellos que se apropian del término creacionismo y que interpretan literalmente el Génesis. Esta equivocación ha sido aprovechada de forma espuria por algunos ateos para desacreditar el teísmo.
“El cristianismo es una religión evolucionista, puesto que cree que la historia tiene un significado: la corriente que fluye desde la creación, a través de la progresiva revelación de Dios al hombre y desde el hombre hasta Cristo”.
T. Dobzhansky – Genetista y Biólogo, Padre de la Teoría Sintética de la Evolución
Dobzhansky supo conciliar los conocimientos de la genética con la teoría de la evolución original de Charles Darwin, y siendo ésta ya muy distinta al acomodarse a las leyes de la ciencia genética. Otro gran científico y genetista, el Dr. Francis Collins, director del proyecto genoma humano, afirma en su libro “Como habla Dios”: “La Evolución podría ser el elegante plan de Dios para crear la humanidad”.
Vamos ahora a analizar el tercer concepto que nos ocupa, el llamado Evolucionismo, que poco tiene que ver con la “Teoría de la Evolución”, pues este término «Evolucionismo», trata de un “constructo ideológico” sin base científica sólida y que es presentado por sus defensores como la versión atea que explica el origen de las especies sin intervención alguna de ningún creador, sólo fruto del azar, la casualidad o unos genes ciegos que nadie conoce.
Esta teoría (sin evidencias) es un supuesto o hipótesis que ha alcanzado rango de disciplina científica sin serlo, convirtiéndose en varias ramas de otras disciplinas a las que denominan “psicología evolutiva” o “biología evolutiva”, donde algunos de sus más eminentes investigadores (Steven Pinker, Richard Dawkins, etc.), todos neoateos, se esfuerzan por encontrar el origen de la vida y del ser humano a su manera. Si duda, la enorme carga ideológica y adoctrinadora de esta pseudociencia ha sido adoptada para ir a la contra del teísmo, como alternativa al cristianismo. Veamos qué opina sobre ello un destacado filósofo, también ateo y evolucionista (por lo tanto, nada sospechoso), llamado Michael Ruse, profesor en la Universidad de Florida:
“El evolucionismo es promovido por sus practicantes como algo más que simplemente ciencia. Es promulgado como una ideología, una religión secular, una alternativa al cristianismo con significado y moralidad. Soy evolucionista…, pero debo admitir que en este tema los creacionistas tienen razón: El Evolucionismo es una Religión.”
Como podemos comprobar, hasta las mentes más lúcidas desde sus propias filas ateas, saben distinguir entre ciencia y religión. Y todo ello viene dado por la frecuente e interesada confusión entre “la teoría de la evolución” y “el evolucionismo”, dos conceptos diametralmente opuestos, puesto que el Evolucionismo no es una teoría científica sino filosófica, y eminentemente ideológica, que usa términos de psicología social para asentarse como ciencia sin serlo.
Hemos de ser cuidadosos con los conceptos, puesto que las personas no informadas suelen confundir estas dos cuestiones. Sea como fuere, lo importante es el principio del que se parte, es decir, si creemos o no creemos en Dios, o en un ser supremo que ha dado origen como causa primera a todo lo que existe y que todavía no podemos comprender ni definir más que por sus obras.
Y es conveniente destacar que las obras que no son creadas por el hombre tienen un origen. Y este origen, como hemos explicado en artículos anteriores de esta sección, es no solo excelso sino eminentemente perfecto, ordenado, ajustado y equilibrado hasta grados superlativos que una mente humana es incapaz de concebir. ¿La perfección y equilibrio de las leyes y constantes universales es fruto del azar? ¿La complejidad de la célula que origina la vida es el resultado de trillones de combinaciones aleatorias y de la suerte o el acaso? ¿El orden que manifiesta todo el Universo físico que conocemos y su ajuste milimétrico se debe a un principio sin causa?
“A medida que aprendemos sobre el mundo, la probabilidad de que este sea el resultado de un proceso aleatorio es cada vez más remota, de tal manera que son raros los científicos actuales que defienden una actitud atea”.
Arthur Compton, Premio Nobel de Física, 1927
Hoy, dentro de la comunidad científica y debido a los avances y descubrimientos de vanguardia en la cosmología, la física cuántica, la astronomía, la biología molecular y otras muchas disciplinas, muchos de los que se afirmaban ateos han cambiado autodenominándose agnósticos, y reconociendo así su ignorancia o incapacidad para comprender o aceptar una causa primera que origina todo. En estos casos estamos ante un ejemplo de honestidad intelectual.
Aún hay muchos otros que, beligerantes contra todo aquello que sea aceptar una entidad superior y eterna que es la fuente de todo lo que existe, deciden optar por negar las evidencias que no les convienen e inventan hipótesis alternativas, por ejemplo, el evolucionismo, para minusvalorar y desacreditar esta causa primera.
“Un poco de ciencia nos aleja de Dios y mucha ciencia nos aproxima a Él”
Afirmaciones de Werner Heisenberg (Físico) y Louis Pasteur (Microbiólogo)
La mayoría de las religiones y filosofías espiritualistas son de carácter teísta, reconociendo la intervención de Dios en el Universo que ha creado y en su criatura principal: el ser humano. Para ello no sólo existen las leyes físicas sino las leyes morales que el creador colocó en la conciencia del hombre para su integración plena con el universo y con el camino que debe recorrer hasta la perfección relativa y la felicidad que le espera.
Por ello, “las revelaciones” que provienen de Dios a lo largo de la historia y a través de sus enviados, son la manera que tiene el Ser Supremo de intervenir y corregir el rumbo equivocado de los hombres.
Esta palabra, revelación, sólo significa descorrer el velo de lo que está oculto, y en el caso del espiritualismo moderno tienen plena vigencia. El Espiritismo reconoce tres revelaciones importantes; la primera la de Moises, donde se aboga por el reconocimiento de un único Dios (Monoteísmo); la segunda la de Jesús, donde se prioriza el amor por encima de cualquier otra cosa como norma de conducta humana superior; y la tercera la propia filosofía espiritista que ha venido a la Tierra a explicar aquello que estaba oculto y que Jesús sólo pudo explicar en parábolas. Es el “consolador prometido” que explicará todas las cosas en el “final de los tiempos”.
Estamos en época de grandes cambios y transformaciones donde este final, que no es más que un cambio de era espiritual en el planeta, logrará establecer en el transcurso de décadas un nuevo orden basado en la fraternidad. Es una nueva intervención indirecta de Dios en la sociedad humana, procurando las herramientas y los procesos necesarios para el cambio de generaciones de espíritus atrasados por otros más adelantados, a través de una selección (derecha e izquierda) y de nuevas reencarnaciones de espíritus más adelantados provenientes de otros mundos, con el propósito de impulsar el cambio hacia el bien en toda la humanidad.
Confirmamos así el teísmo e intervención de Dios en su creación a través de sus leyes justas y perfectas y de aquellos misioneros y espíritus enviados por Él para que nos sirvan de ejemplo y modelo a seguir, corrigiendo el rumbo de manera libre y personal pero sin poder evitar la intervención indirecta del creador, tal y como afirmaba el filósofo en la frase que encabeza este artículo.
Intervención por revelación Por: Antonio Lledó
2025, Amor, Paz y Caridad
«Algo, en el invisible universo del espíritu ha intervenido por lo menos tres veces en la Historia: 1º.- En la creación de la vida a partir de la materia inorgánica. 2º.- En la introducción de la conciencia en los animales superiores. 3º.- En la generación de las facultades del espíritu humano».
Alfred Rusell Wallace, (Naturalista y co-descubridor con Darwin de la Teoría de la Evolución)






