FERNANDO DE CASTRO PAJARES

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Fernando Castro Pajares

Fernando de Castro Pajares

El personaje del que voy a hablar en esta ocasión es Fernando de Castro Pajares, de quien muchos dicen fue un auténtico feminista que ya en el siglo XIX vio en la mujer a un ser con los mismos derechos y capacidades que el hombre.

Nació en Sahagún, León, en 1814, y falleció en Madrid en 1874. Su currículo es notoriamente extenso; citaré que fue Doctor en Sagrada Teología, Capellán de Honor de la Reina Isabel II, Académico Numerario de la Real Academia de la Historia, Senador, filósofo cristiano… Pero aquí quiero resaltar su extraordinaria faceta de pedagogo. Fue un decidido impulsor de instituciones para la enseñanza universitaria de los pobres y para la instrucción de la mujer, punto en el voy a detenerme fundamentalmente.

Fernando de Castro tenía muy claro su modelo educativo para las universidades, ámbito en el que su actividad fue muy importante (llegó a ser Catedrático de Historia General en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid, así como Rector de la Universidad Central). Algunos puntos de su modelo educativo eran: Libertad de enseñanza y de cátedra, descentralización de la enseñanza por parte del Estado; mantener separada la universidad de toda contienda política; huir del aislamiento, estableciendo contactos con las universidades de Europa, etc. E iba más allá: Era partidario de la difusión de los conocimientos para hacerlos llegar a toda la población de la forma más accesible que fuese posible, mediante la realización de conferencias, la creación de asociaciones que funden la enseñanza en las clases obreras, procurar que la juventud se agrupe en academias científicas y abrir bibliotecas y museos para el uso libre de todos los ciudadanos. Y realizar cursos especializados para completar la educación de la mujer.

Su motivación nació de su actividad como Capellán de la Reina. Al entrar en contacto con la nobleza y la alta burguesía, se percató de que las damas tenían una formación cultural bastante baja; y si las mujeres de la alta sociedad tenían escasa formación, cómo sería la del resto de aquellas. Hay que situarse en el contexto histórico. En el siglo XIX la mujer solo era instruida en las tareas «propias de su sexo», a saber: Leer, escribir, cocina, costura y bordado. Y si la familia era pudiente, la formación se ampliaba con algunas clases de geografía, historia, música y francés… pero con la idea que de poco les iba a servir, porque a las jóvenes, al cumplir los quince o dieciséis años, se las empezaba a preparar para bien casarse y ser buenas esposas y madres en su futura vida matrimonial. Para el protagonista de este artículo esta situación no era tolerable. Y así, en 1870 fundó la Asociación para la Enseñanza de la Mujer. La dotación presupuestaria inicial fue aportada por unos ochenta socios, entre los que se encontraban, por citar nombres conocidos, los músicos Francisco Asenjo Barbieri e Isaac Albéniz (una de cuyas hermanas fue profesora en la Asociación), Francisco Pi y Margall y, como no podía ser de otro modo, Concepción Arenal, que fue protagonista del primer artículo de esta sección. La institución fundada por Fernando de Castro contó en su junta directiva con personajes vinculados a la Institución Libre de Enseñanza, como Francisco Giner de los Ríos; ambas colaboraron en proyectos comunes hasta el estallido de la Guerra Civil.

El objetivo de la Asociación para la Enseñanza de la Mujer está perfectamente planteado en sus propios estatutos: « […] contribuir al fomento de la educación e instrucción de la mujer en todas las esferas y condiciones de la vida social […] ». Contaba, en principio, con una clase de parvulario cuyo sistema era el de la coeducación, es decir, no había separación de sexos sino que niños y niñas compartían la misma aula. En los niveles superiores, la Asociación ya se centraba en la formación de la mujer, y para ello contaba con un ambicioso plan que, como es lógico, incluía las labores consideradas netamente femeninas, destinadas al ámbito hogareño; pero el tema no acababa ahí, ni mucho menos, la Fundación disponía de escuelas de formación muy variadas, como la de Institutrices (en la que profundizaré por su amplitud); Correos y Telégrafos, donde se enseñaba a las mujeres el código Morse y el manejo de los emisores y receptores eléctricos; una escuela de Profesoras de Párvulos; otras de Primera y Segunda Enseñanza; otra más de Taquigrafía y Mecanografía, dos actividades que, a finales del siglo XIX y principios del XX, abrían a la mujer numerosas puertas laborales… Por si esto no fuera bastante, en 1883 la Asociación creó las secciones de Dibujo y Pintura, Idiomas, e impartió cursos de Archiveras y Bibliotecarias a partir de 1885.

Hablaré un poco de la Escuela de Institutrices, extraordinaria por el amplísimo programa de conocimientos que impartía. Las muchachas que ingresaban en esta escuela acometían un ciclo formativo de tres años de duración (lo que hoy sería una diplomatura) en el que se estudiaba de todo: En el campo de las Humanidades, Historia de España y Universal, Gramática y Literatura (general y española), Francés, Bellas Artes, Música, Higiene, Psicología y Pedagogía… y Moral. En el campo de la Ciencia, Matemáticas, Física y Química, Zoología, Botánica, Antropología y Geología.

Como pueden ustedes ver, queridos lectores, la formación que adquirían las mujeres les permitía, no solo la integración social y laboral (incluso en puestos reservados tradicionalmente a los varones), sino que contribuyó a dignificarlas como personas. La Asociación para la Enseñanza de la Mujer contribuyó de manera decisiva al cambio de esa mentalidad arcaica que postulaba la inferioridad de la mujer por el mero hecho de pertenecer al sexo (presuntamente) débil.

Para concluir, decir simplemente que esta institución todavía existe, si bien como Fundación Cultural, puesto que la enseñanza reglada, como sabemos, es competencia de las universidades o de las administraciones autonómicas (privada o pública, respectivamente). Sus actividades son numerosas: Presentaciones de libros, conciertos, conferencias, concursos de fotografía, exposiciones, etc. Y por supuesto, actividades en colaboración con las universidades y entidades culturales sin ánimo de lucro, así como la investigación sobre el fundador de la Asociación original, Fernando de Castro Pajares, y de otras personalidades que estuvieron vinculadas a ella. Para quien desee visitarla, se encuentra en Madrid, calle San Mateo, 15.

El espíritu cristiano de este hombre extraordinario le indujo a trabajar en pos de la recuperación de esa igualdad entre mujeres y hombres, concepto que se perdió por la baja condición moral que ha caracterizado al ser humano desde el origen de la Historia. Por tal motivo, la Moral constituyó un pilar básico en el programa educativo de la Asociación que fundó en aquel lejano año 1870. Muchos de los avances que consiguió la mujer en cuanto a educación, acceso a la universidad, incorporación a más amplios campos laborales se debieron, sin duda, a su aportación y trabajo.

 

Fernando de Castro Pajares por: Jesús Fernández Escrich

 

Bibliografía y documentación:

Wikipedia.
Página web de la Fundación Fernando de Castro (A.E.M.), fernandodecastro.org
Documental Fernando de Castro, un feminista del siglo XIX, original del blog «Antiguos Cafés de Madrid y otras cosas de la Villa», disponible en YouTube.

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