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FASCINACIÓN POR VANIDAD

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Fascinación por vanidad

“La fascinación es una ilusión producida por la acción directa de un espíritu sobre el pensamiento del médium que paraliza su juicio respecto a las comunicaciones. El médium fascinado no cree ser engañado”.

A. Kardec, L. Médiums, Cap. XXIII

Muchos que pretenden trabajar desde el otro lado (el mundo del espíritu) estando en este (con una materia reencarnados en la Tierra), a veces, por desconocimiento confunden deseos con realidad, y en otras ocasiones pueden ser víctimas propicias para espíritus inteligentes pero de baja condición moral que, usando de sus tendencias hacia la fantasía, el protagonismo y la vanidad, les hacen creer que son “maestros espirituales”, que “controlan ordenadamente y con precisión” sus desdoblamientos espirituales y que desde ese otro lado pueden realizar grandes prodigios porque son ayudados por otros “maestros espirituales” que les indican lo que deben hacer sin posibilidad de equivocarse.

Debemos advertir a los que así actúan que esto no es más que otro proceso incipiente de obsesión del que se valen espíritus de gran inteligencia y bajo adelanto moral para incentivar la vanidad del encarnado, proponerle aparentemente tareas destinadas a espíritus elevados (sin serlo), y con todo ello van explotando sus debilidades morales y sus defectos para, poco a poco, ir dominando sus voluntades hasta que los “dejan caer”, y todo el entramado de ilusión y vanidad que han construido para él se derrumba y lleva al incauto a la desesperación y el abandono del trabajo espiritual.

Nunca podemos pretender saber más de lo que sabemos ni considerarnos privilegiados por haber sido supuestamente “escogidos” por espíritus de gran elevación para dar curso a nuestros anhelos de protagonismo, vanidad u orgullo. No es así como trabajan los espíritus de gran elevación. Ellos nunca incentivarán en nosotros aquellos defectos que tenemos y que nos perjudican en nuestro adelanto espiritual; antes al contrario, procurarán incentivarnos para erradicarlos, inspirándonos aptitudes de humildad y sencillez.

Con frecuencia escuchamos a algunos decir lo siguiente: «..mis maestros espirituales me dicen lo que necesito hacer, por lo tanto con ellos me es bastante…”. Analizar esta frase es darse cuenta del momento en que se encuentra este compañero, a saber, en el inicio de un proceso de obsesión por “fascinación” (como detalla Kardec cuando explica los grados de obsesión) donde los espíritus que le están dirigiendo le realizan un cerco en el que hacen creer que se encuentra inspirado por grandes almas y maestros, capaces de saberlo todo y de no necesitar a nadie para cotejar sus ideas o aptitudes.

“El aislamiento de un médium siempre es malo para él, pues no tiene posibilidad de cotejar sus comunicaciones, debería cerciorarse por el aviso de un tercero y necesita estudiar las comunicaciones para compararlas…”.

A. K., L.M., Cap. XXIII

Así actúan los obsesores inteligentes que dominan la mente del individuo y procuran apartarlo de cualquier opinión contraria a las ilusiones e ideas que ellos proyectan sobre su víctima. Esta última, pagada de sí misma y de la asistencia espiritual que él considera infalible, al ser grandes almas desencarnadas, se sumerge paulatinamente en el pozo del fanatismo y la sinrazón que le llevará a la hecatombe, antes o después, cuando se percate de que aquello que le han prometido o los anhelos a los que el aspira, no sólo no se cumplen sino que la realidad se desenvuelve en sentido contrario a lo que pretendía.

Por ello es tan importante conocer de qué manera se articula el mundo espiritual; y por eso necesitamos de la información precisa que se nos ofrece en las obras de Kardec acerca de cómo estamos siendo influenciados por los espíritus y cómo diferenciar los buenos de los malos. Es decir, dar paso únicamente a aquellos que quieren nuestro bien, aunque esto no sea agradable para nuestro orgullo y vanidad, pero sí sea verdaderamente útil para nuestro progreso y adelanto moral.

Debemos reconocer que estando encarnados con un cuerpo físico, nuestras capacidades espirituales se ven notablemente limitadas por la vestimenta carnal y nuestro propio cerebro, que actúa como un reductor de vibraciones de la energía de nuestra alma. 

Hay quien argumenta que en estados alterados de conciencia, como los éxtasis, los viajes astrales, los desdoblamientos o desprendimientos espirituales durante el sueño, la lucidez es mayor, y por tanto la claridad de aquello que percibimos es más real que la que experimentamos en un estado de conciencia normal. 

Si bien esto es cierto en algunos casos, en la mayoría de las veces no es así, porque el alma humana desprendida parcialmente del cuerpo tiene sus límites derivados de su naturaleza moral, y en consecuencia, del nivel de energía electromagnética de su cuerpo periespiritual. 

Esto supone que un alma avanzada moralmente no tendrá obstáculo alguno para percibir la realidad espiritual con notable claridad, porque la vibración energética de su alma será muy rápida, lúcida y poco densa, mientras que la de aquellos que tienen una baja moralidad presentan cuerpos periespirituales densos, opacos, mórbidos y deletéreos, compuestos de energías tan oscuras y pesadas que constantemente les imantan por afinidad energética y mental a los planos más bajos del mundo espiritual, por lo que la lucidez estará muy lejos de la conciencia que pretenden adquirir y por ello su capacidad para manifestarse con libertad y claridad en el mundo del espíritu estará notablemente mermada.

De todo esto concluimos que la ligereza y frivolidad con que algunos asumen una importancia capital a la hora de manifestar su supuesta importancia y claridad en su contacto con el mundo espiritual, debe ser siempre puesta en cuestión, analizando pormenorizadamente cómo es esa relación con el mundo espiritual, de qué manera contactan con él los supuestos maestros espirituales, cuáles son sus sugerencias y sus palabras, qué sentido útil tienen y en qué ayudan sus consejos para el progreso y adelanto moral del hombre, etc

Usando la razón en todo momento y bajo criterios de prudencia y discreción, podremos evaluar con claridad si somos víctimas de un proceso obsesivo o verdaderamente la influencia que recibimos está avalada por criterios del Mundo Mayor mediante consejos de sabiduría y bondad que nos ayudan a ser mejores y superar nuestras malas inclinaciones.

El orgullo disfrazado, la falsa modestia y una vanidad o exceso de personalismo, que no es corregido adecuadamente por estos mentores espirituales, es precisamente el primer indicador de que esta relación es tóxica, y que esos supuestos maestros espirituales no son tales, pues por el conocimiento que tenemos de la manera de actuar de los auténticos seres elevados, éstos nunca pretenden exacerbar nuestro orgullo sino corregirlo; tampoco pretenden que tengamos una proyección o fama inútil únicamente para nuestra promoción personal, sino más bien lo contrario; es decir, trabajar en el bien priorizando el valor del anonimato y el sacrificio y abnegación necesarios para elevar nuestra alma a mayores estados de humildad y progreso moral.

Seamos pues consecuentes con la realidad del mundo espiritual y no pretendamos saber más de aquello que no está a nuestro alcance, simplemente por diferenciarnos de los demás o exhibir una supuesta superioridad vanidosa que es claramente contraria a los ejemplos, aptitudes y comportamientos de todos aquellos que han sido verdaderos maestros espirituales en la Tierra y que destacaron por su humildad, sencillez, valentía y abnegación, desconsiderando honores y adulaciones para aceptar sus misiones de entrega a la humanidad bajo los criterios sublimados de la caridad, la humildad y el amor al prójimo.

Fascinación por vanidad por: Redacción

2024, Amor, Paz y Caridad

“En virtud de la ilusión que supone la fascinación, el espíritu dirige a la persona a la que logra dominar como si fuera un ciego, pudiendo inducirlo a comportamientos ridículos e incluso perniciosos”

Allan Kardec, L.M, Cap. XXIII

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