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ESTADOS DEL ALMA: CIELO, PURGATORIO E INFIERNO

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Estados del alma

Estados del alma: Cielo, purgatorio e infierno.

“El cielo es el espacio universal, son las estrellas, los planetas y todos los mundos superiores donde los Espíritus gozan de la plenitud de sus facultades, sin padecer las adversidades de la vida material ni las congojas inherentes al estado de inferioridad”.

Esta definición sobre el cielo es perfectamente plausible bajo el contexto del siglo XIX en que fue ofrecida. Sin embargo, hoy día, cuando se habla sobre este tema, se tiende a no circunscribir el cielo, el infierno ni el purgatorio a ningún lugar en el espacio ni fuera del mismo. La expresión más extendida es considerar que no se trata de lugares concretos sino más bien de “estados de conciencia” que el alma humana experimenta.

Es un cambio radical de enfoque al respecto, de pasar a considerar un lugar o un sitio concreto (espiritual o físico) a entender que se trata de estados que el espíritu experimenta, independientemente de que se esté en estado errante o encarnado en la Tierra.

La localización precisa de los lugares de penas y recompensas sólo existe en la imaginación del hombre. Proviene de la tendencia de éste a materializar y circunscribir aquellas cosas cuya infinita esencia no puede comprender.

Sabemos que la conciencia tiene, en sí misma, las cualidades “latentes” de la perfección y la dicha con la que Dios concede al hombre la inmortalidad y la felicidad futura. Pero esta dádiva hay que desenvolverla y desarrollarla en función del progreso y las experiencias que bajo el libre albedrío el alma humana ha de superar en las distintas vidas en la Tierra y mediante el examen riguroso y la planificación adecuada en el espacio.

Es por ello que, como en todo proceso de crecimiento, existen impulsos y estancamientos, retos a superar, metas que alcanzar y logros por conseguir. Todo eso implica esfuerzo y muchas veces aflicciones o sufrimientos derivados de las conductas equivocadas por la ignorancia o el escaso desarrollo intelecto-moral que el alma tiene. Y es aquí donde, cuando se experimentan o se sienten estos momentos de dicha o de desconsuelo, de elevación o de depresión, cuando el alma “vive interiormente” estos estados que pueden considerarse “momentos de cielo”, “instantes de infierno” o “angustias del purgatorio”.

“Lo que el hombre llama Purgatorio es asimismo una imagen por la cual se ha de entender no algún lugar determinado, sino el estado de los Espíritus imperfectos que se encuentran en expiación hasta obtener su purificación total, que debe elevarlos a la categoría de Espíritus bienaventurados. Puesto que tal purificación se opera en las diversas encarnaciones, el purgatorio consiste en las pruebas de la vida corporal”.

Esta es una excelente explicación del purgatorio, un estado de sufrimiento derivado de la expiación temporal del alma hasta que alcanza un grado de pureza mayor que le aleja del sufrimiento y que, cuando está encarnada en la Tierra, viene reflejada en las pruebas que debe superar.

La comprensión lógica y coherente de la “inexistencia del infierno eterno” y su imposibilidad son consecuentes al entender a Dios como Amor infinito incapaz de condenar a nadie eternamente, puesto que es algo que atentaría contra la misericordia, la piedad y la justicia divina.

Por ello, los estados del alma de grave perturbación, que a veces necesitan siglos para poder superar las gravísimas adicciones y dependencias del mal en el que se instalaron sin querer cambiar, representan el “infierno interior” en el que la conciencia experimenta la ausencia de la paz, la acidez del remordimiento, la crueldad del odio y la venganza, el desconsuelo de la soledad por el egoísmo exacerbado, la imposición y dominación de la voluntad por aquellos con los que sintonizaron y que gozan con el sufrimiento ajeno, etc.  Así, sucesivamente, todo ello se convierte en un auténtico infierno que somete a la conciencia a un círculo vicioso de aflicciones y sufrimientos de los que solamente se sale cuando el alma cansada de sufrir y alejando la rebeldía contra Dios y sus leyes, es capaz de solicitar ayuda ante la desesperación y la angustia que la dominan.

Este “estado de infierno interior” suele darse tanto en el espacio sin cuerpo como cuando estamos encarnados en la Tierra. La posición que ocupemos en uno u otro lugar no importa en absoluto, pues es nuestra conciencia la que experimenta, vive, siente y padece esta difícil situación en la que nosotros mismos nos hemos colocado a consecuencia de nuestros actos contrarios a las leyes divinas y los agravios y crímenes cometidos contra otros que al final, por ley de causa y efecto, revierten sobre nosotros mismos.

“El vocablo infierno puede traducirse como una vida de pruebas extremadamente penosas, con la incertidumbre de alcanzar una mejor; purgatorio es una existencia también de pruebas, pero con la conciencia de que se tendrá un futuro más dichoso. Cuando estás experimentando un gran dolor, ¿no te dices que sufres como un condenado? No son más que palabras, y siempre en un sentido figurado”

En la actualidad, las ciencias que estudian el comportamiento humano y las consecuencias que de él se derivan (psicología, psiquiatría, sociología, neurología, etc..) ya han confirmado no sólo la somatización de enfermedades en el cuerpo físico derivadas de trastornos emocionales o patologías mentales, sino que confirman como origen de la mayoría de disturbios de comportamiento y de conducta el estado interior de la psique humana; siendo esta una fuerza y energía extraordinaria capaz de convertir la vida en un “cielo o un infierno” en función de cómo pensamos, sentimos y actuamos.

Así pues, estos estados del alma, que representan la condición y el grado de perfeccionamiento de los espíritus a lo largo de su evolución, se reflejan en cada uno de nosotros y por ello debemos entender en qué lugar nos encontramos, para que, mediante el trabajo de adelanto moral e intelectual, podamos revertir los estados negativos que todavía afloran del inconsciente como patrones de conducta mórbidos del pasado y cambiarlos por otros de signo contrario que procuren la paz y la serenidad interior, que acompañados por la alegría, son los auténticos estados de felicidad a los que podemos aspirar en este mundo imperfecto.

Está en nuestras manos y bajo el libre albedrío del que gozamos procurarnos un destino dichoso y feliz, viviendo las experiencias luminosas y elevadas de los sentimientos puros del amor y la dicha que nos aguardan y que se encuentran en nuestra propia conciencia, esperando que nos decidamos por la tarea de la auténtica felicidad a la que estamos destinados.

Estados del alma: Cielo, purgatorio e infierno por:Redacción

©2023, Amor, Paz y Caridad

“Las penas y goces son inherentes al grado de perfeccionamiento de los Espíritus. Cada cual encuentra en sí mismo el principio de su propia ventura o infelicidad.”

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