ENTREGA

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Entrega

ENTREGA

Yo te daré la vida por la muerte.
No te importe el dolor que me produzca;
ya sé que amarte, Señor, es sufrimiento,
angustia y soledad, llanto, renuncia…

Ya sé que tu promesa no es el mundo,
He captado, Señor, tus vibraciones,
y sé que más allá de mis tinieblas
me alumbrará la luz de tus amores.

No me importa vivir cara a la muerte,
con el Amor por norte de mi vida,
sabiendo que Tú estás en mi presencia
cuando mi corazón al bien se inclina.

Yo no te buscaré en templo alguno.
Tu iglesia es el Amor Universal,
la paz y la concordia entre los hombres
unidos por el bien y la verdad.

Tu mensaje divino es para todos
aquéllos que te sigan en el bien,
no tienes privilegios para nadie
y a todos por igual nos das tu Ley.

Cumplirla es el deber de todo hombre,
sin distinción de raza, de credo y de color,
de tu divino Amor inmaculado
teniendo como templo el corazón.

Yo no te adoraré en forma alguna,
porque tu ser, Señor, es pura esencia,
y se proyecta en Dios y en los demás
para servir y amar sin diferencias.

Ni buscaré tu Luz en las estrellas,
tus efluvios divinos en el Sol,
porque tu Luz no es Luz de los sentidos,
sino del sentimiento irradiación.

Allí donde el Amor tenga un reducto,
allí donde en tu nombre se haga el bien,
donde la caridad tenga su asiento,
allí, Señor, tu Luz yo buscaré.

Allí te llevaré, Señor, mi ofrenda,
y, en aras del Amor Universal,
me dejaré inmolar por los que sufren
y sienten sed de amor, justicia y paz.

Mi holocausto será retribución
de los bienes del alma que me has dado,
para multiplicarlos en tu nombre
y poder caminar hacia lo Alto.

Para no despeñarme en el abismo
y combatir del mal el signo avieso,
las sombras del error y la ignorancia,
con la divina Luz de tus preceptos.

Entrega por: José Martínez

 

Publicado en “Amor paz y caridad” Septiembre 1986. Nº 38

 

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