EL JARDÍN DE LAS ESTRELLAS

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El jardín de las estrellas

Se cuenta la historia de un hombre llamado Jacobo que vivía en un modesto pueblo de una comarca afamada por su fértil tierra. Era este hombre una persona de bien, siempre pendiente de los demás, siempre presta a ayudar a quien lo precisara.

Su casa era modesta como la villa donde se ubicaba, pero el jardín, bastante más extenso que la casa, era una preciosidad. Era único. Cultivaba todo tipo de arbustos de flor, árboles de sombra, frutales… el tiempo que no estaba practicando la fraternidad con sus vecinos lo empleaba en cuidar de su bello jardín, que siempre estaba abierto a cualquiera que quisiese disfrutar de sus fragancias y de su cromatismo.

Sucedió que, habiendo alcanzado una cierta edad, se le apareció en sueños una entidad espiritual. Se presentó a él como un ángel amigo, y le habló de esta forma:

-Hola, hermano.

-Hola…

Jacobo dudó, porque no entendía lo que pasaba; pero aquel ser irradiaba serenidad, por lo cual quedó a la escucha. Al cabo de unos instantes, el ángel habló de nuevo:

-Querido Jacobo, vengo a hacerte un encargo. No es obligatorio cumplirlo, pero me gustaría que lo considerases y llevaras a efecto.

-Dime… -Jacobo seguía dudando.

-No hemos dejado de vigilar tus pasos en la Tierra desde que vives en este pueblo. Hemos visto lo que has hecho por tus semejantes.

-Sentía en mi conciencia que debía hacerlo… nada más.

-Por eso queremos que, a partir de ahora, hagas un trabajo que está directamente relacionado con tu afición jardinera –argumentó la entidad.

-Dime qué sería ello…

-Desde este momento, por cada buena acción que hagas, plantarás un rosal blanco en tus parterres. Es más importante de lo que crees.

Jacobo, que continuaba dubitativo ante todo el episodio, quedó meditando unos segundos, y respondió:

-Pero ¿quién soy yo para juzgar buenos mis propios actos? ¿No será eso un ejercicio de vanidad? ¿De orgullo?

-En tu caso, no –repuso rápidamente el ángel-. Haces el bien con tanta naturalidad que la gratitud no se te sube a la cabeza. Ya sabemos bien cómo piensas, y no creemos que caigas, a estas alturas, en el error de envanecerte por los halagos que recibes.

-Entonces, ¿de qué manera…?

-Muy sencillo: Cada vez que alguien te dé las gracias por lo que hayas hecho por él, plantarás el rosal blanco. Repito, será importante para tu futuro… y el nuestro.

-De acuerdo. Lo haré como dices.

Entonces, a la par que el ángel se disipaba, el alma de Jacobo retornaba a su cuerpo, yacente tranquilo en el lecho.

Al despertar, recordó con nitidez el sueño. ¿Habrá sido un contacto real, o solamente un episodio onírico, una recreación mental de mi cerebro? Ante la duda, decidió hacer lo sugerido por el amigo angélico: plantar un rosal por cada agradecimiento recibido.

Durante años siguió con su vida habitual, saliendo adelante con su pensión, cuidando su jardín y plantando rosales blancos, pues no paró ni un momento de ayudar a quien se lo pidiese. Y claro, cada primavera los parterres eran una explosión de blanco, pues el jardín acabó, literalmente, atestado de rosas de ese color.

Así pasó la vida hasta que llegó el momento de partir. Cayó enfermo y hubo de guardar cama. Al no poder cuidar de sus plantas, pidió que movieran su cama hasta la ventana del dormitorio para poder, cuanto menos, disfrutar visualmente del jardín. Y la última noche de Jacobo en el mundo de los “vivos” se produjo el milagro. De pronto, todas las rosas blancas empezaron a emitir destellos de luz. El jardín entero quedó invadido por una luminosidad que no era normal en la Tierra. Y no era normal porque aquellas rosas, en realidad, no eran tales; eran… estrellas. Jacobo había estado cultivando, sin saberlo, estrellas.

Esa última madrugada, el alma de Jacobo se desprendió definitivamente mientras contemplaba sus rosas blancas alumbrando el entorno de la casa. El ángel amigo y otras entidades similares vinieron a acompañar al nuevo jardinero celeste en su postrero viaje. Y las estrellas de su jardín ascendieron detrás de él hasta ocupar su nuevo lugar en el jardín de las estrellas.

El jardín de las estrellas por: Jesús Fernández

(Guardamar, 16 de mayo de 2018).

 

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