Congreso Nacional de Espiritismo 1981

CONGRESO NACIONAL DE ESPIRITISMO 1981

EL ESPIRITISMO Y LOS TIEMPOS MODERNOS
INTRODUCCION
La ponencia que deseo exponer a continuación, pretende versar acerca del desarrollo de la doctrina, puesto en práctica por el espíritu.
No debemos olvidar, que el objetivo de la revelación es­píritu, no es otro, que el de conseguir un mayor progreso espi­ritual para la humanidad. Pero,

para que esto se convierta en realidad, hemos de ser los espíritus, los que en primer lugar, podamos manifestar la doctrina en su forma más pura y clara, mediante un ejemplo de constante superación y progreso.

Es por ello, que esta ponencia, intentará desarrollarse en el sentido práctico de la doctrina, es decir, en cómo incorporamos el Espiritismo a nuestra actuación diaria y cómo debemos de ir modificando esa actuación en función del avance evolutivo de la humanidad.
Una de las características más esenciales de la doctrina, ra­dica sin duda alguna en su dinamismo. El Espiritismo es ante todo una doctrina evolutiva, por lo que, al no estar limitado por dogmas, se nos presenta como un campo infinito de estudio y conocimiento. Ya lo dijo Kardec: “El Espiritismo, marchando con el progreso, nunca se desbordará; porque si nuevos descubri­mientos le demuestran que está en un error sobre un punto, se modificará sobre este punto, y si una nueva verdad se revelara, la aceptaría”. Génesis, Cap. I, Pto. 55. Este hecho, nos pone de manifiesto la constante idea de progreso que emana de los postulados espíritas.
En relación con lo anterior, sería una clara contradicción que si la doctrina es dinámica, progresista y evolutiva; el espírita fuera todo lo contrario. Por lo que es necesario adoptar en nosotros la mentalidad del progreso y del cambio hacía méto­dos más efectivos de vivir y practicar la doctrina. El espírita, debe observar los tiempos en que vive y las circunstancias que a su alrededor se desenvuelven, para de esta manera, adaptarse al entorno en el que habita y poder asimilar paulatinamente, las nuevas ideas y conceptos que vayan vertiendo a la humanidad, siempre y cuando sirvan para el perfeccionamiento moral del individuo.
No obstante, pese a adoptar en nosotros esta actitud recep­tiva y abierta, nunca debemos dejar de lado los fines claros y concretos de la doctrina, para que estos nos sirvan de patrón y guía antes de aceptar o no cualquier concepto nuevo que llegue hasta nosotros.
Para concluir con esta breve introducción podríamos re­sumir lo anterior en lo siguiente: El Espiritismo es una doctri­na evolutiva y dinámica, y por lo tanto sujeta a modificaciones que la engrandezcan y la amplíen.
Por esto mismo, el espírita y su actuación también están sujetos a cambios, siempre dirigidos hacia una mayor supera­ción personal y una entrega altruista y desinteresada hacia el prójimo.
DESARROLLO
1) Evolución del Espirita:
En un principio el Espiritismo, apareció bajo un carácter estrictamente fenoménico. En aquellos momentos, era más im­portante dar que pensar a la humanidad acerca de la existencia o no del denominado mundo de los muertos.
El espiritista de aquella época, era más bien un curioso que buscaba el fenónemo por simple distracción, ignorante a todas luces de la importancia y responsabilidad que una manifesta­ción espiritual tiene. Acorde con esta actitud, los individuos que asistían a dichas sesiones, no tenían conciencia de que junto al fenómeno, se intentaba crear una responsabilidad y una nueva actuación moral en aquellos que eran capaces de co­municarse con el “Más Allá—.
El siguiente paso sería el decisivo, se hacía necesaria una orientación y un camino a seguir, por ello llegó a la tierra el codificador. Al mismo tiempo, que se marcaban pautas de conducta y se daban respuestas a las múltiples preguntas que el hombre se hacía a través de las leyes espirituales: Reencar­nación, Causa y Efecto, etc.; la codificación, venía a configu­rarse como una nueva revelación de los planos espirituales capaz de comprometer, al hombre que siguiera sus enseñanzas, a un cambio profundo en su fuero interno y en sus actuaciones de cara a los demás.
Una vez la codificación fue concluida y dada a conocer por el mundo; aquellos que asistían a las sesiones de Espiri­tismo por simple curiosidad y que no quisieron aceptar el nuevo mensaje, fueron poco a poco distanciándose de aquellos otros que con una mentalidad más abierta, supieron analizar y aceptar como propias las nuevas ideas que la codificación aportaba. Estos últimos intentaron llevar un cambio a sus vidas asesorados por los espíritus de luz con los que se comu­nicaban y guiados por el nuevo código moral que, desde lo Alto, acababa de derramarse sobre la tierra, para la renovación del hombre.
A partir de este momento, aquél que quería ser espíritu, se debía de comprometer en conciencia a una nueva actitud moral; esto, quizás disminuía el número de adeptos, pero sin embargo beneficiaba a la doctrina, porque se estaba seguro de una mayor calidad que cantidad.
Pese a todo, si el Espiritismo no ha alcanzado todavía objetivos de grandeza, no podemos caer en el error de achacar esto a la mala imagen y propaganda que de él se ha hecho. Hemos de reconocer, que en este sentido, los espíritus tene­mos también gran parte de culpa; puesto que muchas veces hemos contribuido a empañar el mensaje de la doctrina con nuestra actuación personal, al no haber intentado en nosotros esa renovación moral que es la base de la codificación.
Por ello, es necesaria una reactivación; reactivación que contemple aspectos tan importantes como: una mentalidad más abierta, una mayor adaptación a los tiempos y circunstan­cias que hoy vivimos, un olvido de los prejuicios sociales así como de todo aquello que pueda limitarnos a divulgar am­pliamente la doctrina.
Y sobre todo, es necesario basar esa renovación en un ofrecimiento sincero y sencillo hacia los demás, en un respeto hacia las demás ideas o corrientes que puedan tener los que vengan a escucharnos y por último en un olvido de vanidades y orgullos para incorporar en nosotros permanentemente el patrón de la humildad.
Aspectos muy importantes de la nueva situación sería, el intentar ponernos al corriente de las necesidades espiritua­les que esta sociedad tiene, para de esta forma poder dar a todo aquel que se nos acerque, lo que más le pueda servir para su realización espiritual; no caigamos en el error de ofre­cer aquello que nosotros queremos dar, intentemos ponernos en el lugar de los demás, para de esa forma practicar mejor la caridad.
El espírita debe ser consciente de cuál es su misión y res­ponsabilidad: estamos llamados a ser la luz de una humanidad en crisis, y esto, solamente lo podremos realizar si primero hemos conseguido internamente la paz que, queremos y tene­mos la obligación de dar a los demás.
Así pues, podemos concluir diciendo que a lo largo del tiempo, se han ido observando cambios en la-actitud del espí­rita, estas modificaciones han sido motivadas por multitud de circunstancias: sociales, de mentalidad, espirituales, etc… No obstante, siempre y cuando hayan servido para una mayor comprensión y análisis de las verdades divinas y del desarrollo del Amor en el hombre, es obvio, que dichas modificaciones han sido altamente beneficiosas.
2) Ventajas dé la actuación y las vivencias del Espiritismo en grupo:
Desde sus comienzos, la actuación del espírita se ha ve­nido desarrollando en grupo. Sin duda, aquel espírita que haya vivido también una etapa en solitario, se habrá dado cuenta de los inconvenientes que ésta conlleva. La actuación en solitario, puede tener su importancia, pero generalmente se encuentra uno limitado, y al mismo tiempo, la soledad lle­va muchas veces al desánimo y la frustración, ya que los frutos que se puedan conseguir trabajando individualmente son casi siempre escasos.
En un grupo, el trabajo del espíritu reúne dos facetas cla­ramente diferenciadas, la primera es la personal; aquella que nadie puede realizar por otro, porque se trata del esfuerzo personal por la superación moral; la segunda es la colectiva: de cara a los demás miembros del grupo de la sociedad.
Este trabajo de grupo se desarrolla con mayor fluidez que en solitario, unos a otros fraternalmente se ayudan y se dan ánimos en los momentos de flaqueza, al mismo tiempo que, si son numerosos, pueden realizar empresas, imposibles de conseguir en solitario.
En la convivencia, es cuando más sobresalen nuestros gustos, tendencias y personalismos, siendo ésta la mejor forma de localizar nuestras imperfecciones y de poder superarlas. Al mismo tiempo, el encontrarse en un grupo supone una mayor entrega y un mayor aliciente, pues puedes comprobar el trabajo de tus compañeros y su resultado, hecho que te ayuda a esforzarte cada día más y a tener la certeza de que estás en el mejor de los caminos.
Conscientes de lo que acabamos de exponer, sería de desear que la mayoría de los espíritus intentaran agruparse y formar una colectividad unida por ideales comunes de perfec­cionamiento y progreso, para, de esta manera realizar con mayor facilidad obras de caridad y ayuda a los demás, en estos tiempos de tantas dificultades y en los que la negatividad mani­fiesta toda su potencia.
Así pues, es necesario trabajar en grupo para poder en­frentar con éxito la nueva etapa que nos corresponde realizar. Debemos buscar un modelo de grupo, que reúna una serie de características capaces de realizar un espiritismo actual, dinámico, consciente y responsable y cuya mejor propaganda sea la de su propio ejemplo. Hemos de fijar unas bases y trabajar sobre ellas, para de esta forma conseguir aquello que todos anhelamos: El reconocimiento del Espiritismo a nivel mundial y más concretamente nacional.
A.LL.F.
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