“Big Bang (Alfa) y Muerte Térmica (Omega)”
“Todo lo que comienza a existir tiene una causa. El Universo comenzó a existir. Por tanto el Universo tiene una causa”
Argumento cosmológico Kalam sobre la existencia de Dios
El argumento filosófico que encabeza este escrito (originado en el siglo X) es sin duda una de las bases cosmológicas de actualidad que ha tomado carta de evidencia científica a raíz del descubrimiento de la radiación de fondo cósmico por los premios Nobel Robert Willson y Arnold Penzias en 1968, y que certificó empíricamente el principio del universo que conocemos, hace ahora 13.400 millones de años.
Mucho antes del descubrimiento de Wilson y Penzias, multitud de físicos, matemáticos, astrónomos y científicos de diversas disciplinas ya afirmaban que el universo tenía un principio, es decir, que no era eterno, y por lo tanto todo lo que comienza necesita una causa que lo haga surgir.
El argumento aristotélico sobre la eternidad del universo que había dominado el pensamiento científico durante más de XX siglos se derrumbaba por completo, y la teoría del Big Bang, argumentada primeramente por George Lemaitre y Friedman y negada por Einstein al principio, termina por imponerse con el transcurso del tiempo y las nuevas investigaciones de finales del siglo XX y principios del XXI.
La implicación filosófica, científica, ética y religiosa acerca del principio del universo y de su expansión constante es tan enorme que derrumba por completo el edificio materialista al colocar como inicio del universo conocido una causa desconocida capaz de hacer surgir simultáneamente “de la nada” (creatio ex nihilo) el tiempo, el espacio y la materia.
«El mundo ha tenido principio. En efecto, el mundo es visible, tangible, corporal; todo lo que tiene estas cualidades es sensible: y todo lo que es sensible y está sometido a la opinión acompañada de la sensación, ya lo sabemos, nace y es engendrado. Además decimos, que todo lo que nace procede de una causa necesariamente.»
Platón, Filósofo, Obra: Timeo
El materialismo y positivismo del XIX y principios del XX se ve violentado en su principal postulado “negar la existencia de una causa primera”, pues cuando el universo era eterno no debían preocuparse por indagar cómo nació, siempre había estado ahí. Pero ahora, cuando hay un principio simultáneo del universo y de repente hace 13.400 millones de años aparecen simultáneamente el espacio, la materia, la energía y el tiempo, ya no encuentran explicación alguna para determinar qué es esa causa que de la nada hace surgir el todo, y por eso mismo el edificio de un Dios creador toma carta de naturaleza y les impide reconocer ese agente que ha dado origen al universo físico.
Evidentemente, establecer el nombre de la causa que origina este principio del universo es ya aceptar que “antes de la nada, ya existía algo”, y además implica otra consecuencia mayor: “el universo es contingente”, lo que quiere decir que surge a partir de algo y por lo tanto no tiene existencia por sí mismo. Es sin duda el argumento cosmológico más importante sobre la existencia de un Dios creador que, fuera del Universo crea y le da vida, constituyéndose como la causa primera e inteligencia suprema que origina todo lo que existe, coincidiendo así con la definición que los espíritus dieron a Allan Kardec en el ítem número 1 del Libro de los Espíritus cuando este preguntó: ¿Qué es Dios?, y ellos respondieron “Dios es la inteligencia suprema, causa primera de todas las cosas”.
Pero si la ciencia ya ha demostrado el principio del universo al confirmar el momento del Big Bang y su tiempo, no es menos cierto que todo lo que tiene un principio tiene igualmente un final. Y en términos de física, cosmología, astronomía y termodinámica, el final del universo físico que conocemos también está determinado. La “Muerte Térmica” del universo físico es un hecho constatado por la ciencia a través de “las leyes de la termodinámica” y de la confirmación hace pocas décadas de “la expansión acelerada del universo”.
El descubrimiento de “la “muerte térmica del Universo en 1998” reafirma que hubo un principio y habrá un final de nuestra galaxia cuando se apague el Sol y este colapse en una enana blanca. Esto acontecerá dentro de aproximadamente 5.000 millones de años. Según la termodinámica, el universo es un sistema cerrado que va aumentando su entropía a medida que pasa el tiempo; es como un fuego en la chimenea o como una vela que se consume poco a poco; si miramos al futuro, tarde o temprano se va a consumir del todo.
“El Universo se consume a una velocidad observable: si existiese desde siempre ya se habría agotado. Por eso, la muerte térmica del universo supone que tuvo un principio absoluto”
Bolloré & Bonnasies. Libro: ¿Y si Dios existe?
La implicación de estos avances de la cosmología y astronomía confirman la hipótesis de George Lemaître (el átomo primigenio) donde LA MATERIA, LA ENERGÍA, EL TIEMPO Y EL ESPACIO comienzan y se originan con el Big Bang mediante UNA CAUSA EXTERNA Y AJENA al punto inicial que permite la gran explosión e inicio del Universo físico, que desde ese momento no ha dejado de enfriarse y expandirse.
El Alfa y el Omega, el principio y el fin del universo físico que conocemos es ya una realidad incuestionable para la ciencia. Y por ello, estos avances y descubrimientos no hacen más que elevar hasta grado superlativo la confianza y afirmación de un Dios creador como origen de todo lo que existe: la vida, el cosmos, el hombre y toda la naturaleza que nos rodea. Todo con un propósito, un significado que iremos desvelando y descubriendo poco a poco, y por nosotros mismos, a medida que adquiramos mayor comprensión de las leyes físicas.
Si enfocamos el tema bajo la perspectiva espiritual, la explicación es diáfana y clara: “Todo se encadena en el universo”. El Universo físico no es más que una etapa en la evolución del alma inmortal que debe transcurrir, experimentar y crecer a través de él por miles de años, hasta que consigue desembarazarse de las pruebas, retos y aprendizajes que un mundo material le proporciona. La esencia y naturaleza del ser humano es espiritual, inmortal. Es el alma humana, creada por Dios, para conquistar los espacios físicos y espirituales, la plenitud y la dicha a la que está destinada. Todo ello en base al principio irreductible de que “lo visible surge a partir de lo invisible”.
“El Universo físico es una etapa ineludible para el alma humana en sus primeros estadios evolutivos. No obstante, no deja de ser una etapa milenaria en el futuro inmortal que le aguarda, para reencontrarse de nuevo con su creador, de manera plena, perfecta y elevada, con el desarrollo de las cualidades y virtudes que Dios colocó potencialmente en su conciencia como la semilla, pendiente de crecimiento y avance por medio de la voluntad y el libre albedrío”.
Este es el principio y fin del Universo físico que conocemos hoy. Podemos especular, pero a día de hoy, no sabemos de la existencia de otros universos. No obstante, la magnitud de la obra divina que podemos contemplar nos llena de admiración y respeto por la infinitud de las galaxias, los planetas y el cosmos que apenas podemos comprender y que permite suponer, puesto que Dios está constantemente creando, que en el estado en el que estamos y el punto de progreso que tenemos, nuevas perspectivas y futuros esplendorosos nos aguardan para contemplar, como hijos de Dios, la inmensidad del cosmos, su belleza y armonía infinita. Todo ello como herederos de esta obra que el Absoluto o Ser supremo ha querido poner a nuestra disposición para comprobar su Amor y Omnipotencia.
“Por parte de la ciencia, ya no hay objeciones en contra de un Dios creador”
P. Jordan, Físico, uno de los fundadores de la mecánica cuántica
Comienzo y final por: Antonio Lledó Flor
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