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REFLEJANDO LA CONCIENCIA UNIVERSAL

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Reflejando la conciencia universal

“El universo y el observador existen como un dúo”

Andrei Linde, Físico, Universidad de Stanford

Si otorgamos al universo el papel de una “Conciencia no local” que interpenetra toda la realidad física y que se explica como el origen de la materia con una naturaleza propia basada en la información y la energía, podemos afirmar que la conciencia humana es parte de esa conciencia cosmológica y se interrelaciona con ella, al ser esta última su origen y principio.

Un antiguo principio aristotélico afirmaba: “El todo es mayor que la suma de sus partes”; el sabio maestro de Alejandro Magno adelantaba el concepto que hoy estudian con profusión la Cosmología, la Física Cuántica y la Astrofísica, donde la conciencia humana es parte importante del universo en el que se mueve, recibiendo la influencia del todo y a su vez influenciando en su medida mediante su acción u omisión.

No obstante, es preciso advertir que la inescrutable naturaleza de la conciencia universal, que todavía hoy en pleno siglo XXI permanece desconocida, no nos impide formar parte de ella al observar mediante nuestra propia facultad de la conciencia humana la realidad objetiva que nos circunda mediante un foco absolutamente subjetivo que nuestra mente proyecta. Este es el gran problema de la ciencia denominado “el problema duro de la conciencia”, pues ni se sabe cómo aparece, cómo se proyecta y de qué manera la mente es capaz de captar, de articular las formas de conciencia que constituyen nuestra personalidad y que son única y exclusivamente individuales.

Esas formas de conciencia que nos identifican y diferencian de los demás seres humanos son los pensamientos, emociones, sentimientos, recuerdos, memoria, hábitos, etc. Por extraordinario que parezca, aunque cada conciencia y mente individual presenta su propia subjetividad, todas son capaces de captar y sintonizar con la conciencia universal de la que proceden, lo que no quiere decir que sean lo mismo.

Si aceptamos que la Conciencia Universal es la Mente Divina o Conciencia de Dios, en la que todo se desenvuelve y desarrolla, podemos valorar que los atributos de esa conciencia cósmica se replican y reflejan en la conciencia humana a menor escala. La frase del eminente doctor Linde que encabeza este artículo pone de manifiesto esa relación entre la parte y el todo, que es inevitable y consustancial a la existencia de todo ser vivo en el cosmos, que nos conecta con la fuente de la que procedemos y nos recuerda los atributos que poseemos.

“Somos lo que pensamos”

Sin duda, uno de los atributos principales que poseemos es el pensamiento que deriva de la Mente. Y está dicho y escrito que a través de nuestros pensamientos creamos la realidad que nos circunda. El príncipe Sidahrta Gautama, en su búsqueda por liberarse del sufrimiento y alcanzar la iluminación, afirmaba:

“Todo lo que somos surge con nuestros pensamientos, con nuestros pensamientos creamos el mundo”

Buda

Desde este enfoque podemos entender que nuestra conciencia lleva latentes los atributos divinos y los recursos que debemos desarrollar para convertirnos en conciencias puras, almas depuradas, espíritus perfectos mediante el esfuerzo, el trabajo y el desenvolvimiento de esos atributos que Dios colocó en nuestro interior.

Este trabajo proyectado en el tiempo futuro tiene la cualidad de confirmar la frase de Kardec: “del átomo al ángel”, evidenciando así el proceso evolutivo del principio espiritual y el final al que está destinado. “Todo en el universo se entrelaza”, y lo que, en el inicio, en las primitivas formas de vida microbiana aparece como una proto conciencia o principio espiritual, va desarrollándose hacia la culminación del principio inteligente que caracteriza la etapa humana, previa a la conquista de la etapa angélica a la que todos aspiramos.

Esta última nos permitirá, después de miles y miles de años y experiencias de conciencia en las distintas vidas y a través de la reencarnación, desarrollar los atributos y recursos divinos latentes hasta niveles inconcebibles para nuestra comprensión actual, donde la perceptibilidad y la potencia espiritual de nuestro espíritu elevará nuestra conciencia hacia el nivel de conciencia trascendental, en permanente contacto con las fuentes superiores del universo, con las energías puras del amor universal y del pensamiento cósmico de la divinidad.

“Lo que se necesita para cambiar a una persona, es cambiar la conciencia de sí mismo”.

Abraham Maslow, pionero de la Psicología Humanista

En ese estado al que todos antes o después deberemos llegar, nuestra capacidad creativa, iluminativa y perfeccionada será la interconexión con el pensamiento divino, convirtiéndonos en ejecutores de sus instrucciones en el universo, asumiendo los roles de su poder y magnanimidad, de su amor y su permanente actividad en el cosmos que ha creado.

El encuentro con esta etapa a la que todos estamos destinados no nos convertirá en dioses, pues solo hay uno, pero sí que nos permitirá actuar en su nombre como Él hubiera actuado, pues al convertirnos en los agentes intermediarios de su pensamiento y de su amor estaremos vibrando, creando, auxiliando, ayudando, orientando y amando permanentemente a otros que necesitarán de nuestros recursos y capacidades para expandir la vida universal, asumiendo la tutela del amor divino en los torpes pasos de los inicios evolutivos de multitud de espíritus y humanidades en el cosmos.

Es así como nosotros mismos nos vimos favorecidos en otros tiempos por estos compañeros y hermanos elevados que vinieron a la Tierra y marcaron los rumbos del progreso espiritual y la felicidad humana. El concepto de solidaridad y fraternidad universal tiende a esta actitud entre todos los espíritus, hijos de Dios y chispas divinas emanadas de su Conciencia Suprema.

“Toda la idea de la compasión se basa en una aguda conciencia de la interdependencia de todos los seres vivos, que son parte uno del otro y todos están involucrados el uno en el otro”

Thomas Merton, Teólogo

Somos su mayor creación, los herederos de su obra, hijos de su sabiduría y perfección infinita por tanto, vamos alcanzando la integración y sublimación de nuestra conciencia humana en la misma medida que depuramos y elevamos nuestra alma inmortal hacia estadios superiores de amor y perfectibilidad.

Hoy día, los avances experimentados en las ciencias noéticas, cuyo principal objetivo es el estudio de la conciencia humana, sus potenciales, la forma cómo influye en el mundo físico y su origen todavía desconocido, establecen firmemente la hipótesis de que nuestra conciencia ha de tener su origen en una conciencia superior, inmaterial, atemporal y no espacial, de carácter no local, reflejando algunas de las singularidades de las partículas elementales que estudia la mecánica cuántica.

No existe, ni podemos concebir si quiera en pleno siglo XXI, ningún ejemplo que reúna las características y cualidades anteriormente mencionadas, salvo el de una entidad o conciencia eterna (porque siempre ha existido), y de la cual surge todo con una perfección, orden y equilibrio tan preciso como el que demuestran las leyes que rigen el universo físico y espiritual.

Esta conciencia universal a la que llamamos Dios es el origen de la vida, de la existencia y de nuestra propia individualidad que vamos construyendo milenio a milenio con esfuerzo, dedicación y distinción en nuestra alma, a fin de llegar hasta ella en plenitud, pero con las características propias y diferenciadas de nuestra trayectoria personal.

La excelsa, elevada y armoniosa proyección de la Conciencia Universal se refleja en cada uno de nosotros, como conciencias en construcción, todavía imperfectas.

Y como un reflejo de esta Mente Superior, nuestra propia conciencia va conquistando su propia elevación y depuración cuando, a través de las leyes que ordenan el progreso de la chispa divina que somos y de la fuerza vital que el creador imprime en su obra (deotropismo), nos encontramos impulsados inevitablemente al progreso del espíritu, amparados en todo momento por el Amor Divino, aun a pesar del mal uso que hagamos de nuestro libre albedrío.

Reflejando la conciencia universal por: Antonio Lledó Flor

2026, Amor, Paz y Caridad

“En este camino, el esfuerzo nunca se desperdicia, y no hay fracaso. Incluso un pequeño esfuerzo hacia la conciencia espiritual te protegerá del mayor temor”

Bhagavad Gita

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