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Vida eterna 

La Vida es una espina que se clava
en nuestros corazones al nacer
y que nos va matando poco a poco, 
para al final hacerlo de una vez.
Y el hombre se pregunta, contrariado,
por qué la Vida invierte sus papeles 
y desde el momento que nacemos
nos somete al influjo de la muerte. 
Profunda y razonada es la pregunta
cuando del Más Allá la Luz se ignora 
y se niega de Dios la Providencia, 
al darnos una vida tras de otra. 
Cuando el hombre comprende el mecanismo, 
de la vida y la muerte las funciones, 
no rechaza el dolor y el sufrimiento, 
pues sabe que por Ley le corresponde. 
Reconoce que el alma es inmortal, 
y que una sola vida no es bastante 
para alcanzar del Bien la perfección 
y del mal y las sombras liberarse. 
Por eso es necesario que al dolor 
se le rinda tributo buenamente, 
para saldar las deudas del pasado 
y familiarizarnos con la muerte. 
Su proceso es normal, equitativo, 
no interfiere las leyes de la Vida, 
sino que las ensancha y complementa 
al ser parte integrante de las mismas. 
La Vida es una máscara de carne 
que nos oculta el rostro de la muerte 
y nos impide ver del Más Allá 
la realidad divina y transcendente. 
Si el hombre comprendiera su destino, 
el porqué del dolor que le flagela, 
no rechazara el signo de la muerte 
ni negara de Dios la Providencia. 
Procurara vivir en concordancia 
con las leyes del Bien y del Amor, 
no cerrando la mente al Más Allá 
y abriendo a la Esperanza el corazón. 
Para cuantos amamos la Verdad, 
de la inmortalidad la Luz Divina, 
que orienta nuestros pasos hacia el Bien, 
la muerte, Vida Eterna significa. 
Sabemos que por ella alcanzaremos 
liberarnos del mal y del dolor, 
de las tribulaciones de la Vida, 
y nos llena de luz el corazón. 
Al margen de las sombras del camino, 
nos sentimos seguros, confiados, 
y vamos a su encuentro sin temor, 
del Bien y del Amor la luz sembrando. 
Fomentando la Paz entre los hombres 
y el culto a la Razón y a la Verdad, 
para que se liberen del error 
y puedan ver la Luz del Más Allá. 
JOSE MARTINEZ 
Publicado en Amor Paz Caridad – Octubre 1986 – Nº 51
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