
Voy a tratar de compendiar la extensísima vida pública de esta extraordinaria mujer adelantada a su tiempo.
Nació en Vitoria, en el seno de una familia acomodada y de carácter claramente liberal. Su padre, Manuel de Maeztu, fue un hacendado cubano de ascendencia navarra; su madre fue Juana Whitney, católica , de ascendencia escocesa, hija a su vez de un cónsul de Gran Bretaña.
Tras la quiebra de los negocios familiares y la muerte repentina de su esposo, Juana y su familia se trasladaron de Vitoria a Bilbao, donde comenzó a dar clases de inglés. Abrió, por consejo de sus amistades, la llamada «Academia Anglo‑Francesa», donde acudían las hijas de intelectuales y políticos progresistas, como las de Indalecio Prieto, socialista que ocupó cargos importantes en la II República (con el tiempo, este centro educativo pasaría a llamarse «Academia Maeztu»). Aquí, María tuvo su primer contacto con la docencia.
Antes de cumplir los catorce años, María de Maeztu se matriculó por libre en la Escuela Normal de Maestras de Vitoria, que finalizó con nota final de sobresaliente. Y gracias a un permiso especial para opositar, porque no había cumplido veintiún años, sacó plaza de maestra en una escuela pública de Santander, desde donde se trasladó a Bilbao para poder ayudar también a su madre en su Academia.
¿Y cuál fue la plaza que ocupó María? La escuela de párvulos del 4º Distrito de Las Cortes, que nadie quería por estar en el barrio marginal de San Francisco. A ella no le importó esta situación. Al poco tiempo la había modernizado, y enseñó según los principios pedagógicos de la famosa Institución Libre de Enseñanza. María no dudaba en destinar una parte de su sueldo para vestir y asear a las niñas cuyos padres eran realmente pobres carecían de recursos.
Después de una breve estancia en Londres, María de Maeztu presentó dos instancias al Ayuntamiento de Bilbao. La primera, para instalar un cuarto de baño en su escuela; y la segunda, para crear un jardín en el patio con fines docentes. Y lo consiguió: existe un expediente tramitado por dicho ayuntamiento para implantar paulatinamente baños en todas las escuelas de la villa y para designar un médico para el reconocimiento facultativo de los niños. Como puede verse, siempre buscaba el mayor bienestar para el alumnado.
Recojo aquí una frase de María de Maeztu que pronunció en la Universidad de Oviedo:
«Es verdadero el dicho antiguo de que la letra con sangre entra, pero no ha de ser con la del niño, sino con la del maestro».
Fue una de las primeras mujeres españolas en acceder a estudios superiores antes de la aprobación de la Real Orden del 8 de marzo de 1910, que estableció la igualdad entre hombres y mujeres en cuanto al derecho a la educación.
En la Universidad de Salamanca (donde se había matriculado como alumna no oficial) conoció al rector Miguel de Unamuno; y en la recién creada Escuela de Estudios Superiores de Magisterio cursó ya como alumna oficial sus estudios entre 1909 y 1912. Allí tuvo como profesor a Ortega y Gasset, y siempre terminó los cursos encabezando su promoción.
Relataré otra muestra de su desinterés crematístico a en favor de las necesidades sociales. En 1909 dio una conferencia en la Sociedad El Sitio de Bilbao, organización cultural fundada mucho antes, en el siglo XIX. Cuando el secretario fue a abonarle sus honorarios, María de Maeztu renunció a ellos para que fueran destinados a mejorar los servicios higiénicos de su escuela de Las Cortes, de la que ya se ha hablado.
Viajó por diversos países de Europa para estudiar los diferentes métodos educativos, siendo en Alemania donde completó su preparación filosófica y pedagógica, conocimientos que le serían de gran ayuda en adelante para implantarlos en la atrasada España de la época.
También estableció colaboraciones con diversas universidades estadounidenses, como explicaré a continuación. Tras el éxito que supuso la creación de la Residencia de Estudiantes en 1910, pronto se propició su ampliación para integrar a las mujeres universitarias. Así nació en 1915 la Residencia Internacional de Señoritas, que quedó bajo la dirección de Maeztu.
Esta asociación estableció relaciones con el Instituto Internacional de Madrid, centro cultural estadounidense dirigido por Susan Huntington, otra desconocida pionera de la educación moderna en España, cuyo modelo educativo combinaba aspectos técnicos y humanísticos. Los beneficios de esta colaboración fueron grandes para ambas instituciones, con iniciativas como el intercambio de alumnas y profesoras, lectorados en el extranjero o becas de investigación.
En 1920, María cofundó la Juventud Universitaria Femenina con mujeres de reconocido prestigio, como Elisa Soriano Fischer, Concepción Alexandre Ballester y Clara Campoamor.
Para María de Maeztu era muy importante que la mayor cantidad posible de familias provincianas pudieran enviar a sus hijas a estudiar, y esto se lograba con numerosas y novedosas iniciativas como ajustar los precios, ofrecer becas a las chicas con menos recursos…; incluso las residentes, para sufragar parte de sus gastos, podían realizar diferentes trabajos en la casa, en la biblioteca o en tareas administrativas.
Muchas mujeres de prestigio en varios ámbitos socioculturales se formaron con Maeztu. Por citar algunas:
- Concha Méndez, poeta, dramaturga y guionista.
- Victoria Kent, política republicana; segunda mujer española en colegiarse para ejercer como abogada, y primera en hacerlo en el Colegio de Abogados de Madrid.
- Francisca Bohígas, política, escritora, maestra e inspectora de primera enseñanza.
- María Luz Morales, periodista, primera mujer en dirigir un diario nacional, La Vanguardia.
- Josefina Carabias, periodista, locutora y la primera corresponsal que trabajó en EE. UU. para tres periódicos.
- Felisa Martín Bravo, primera doctora en Física de España y primera mujer en ingresar en el Cuerpo Superior de Meteorología.
- Y Cecilia García de Cosa, una de las dos primeras mujeres en formar parte de la Marina Civil española, y primera doctora en ejercer medicina en Castilla-La Mancha, donde contribuyó a la erradicación del paludismo, entre otras patologías.
Todas estas mujeres bebieron de la metodología pedagógica de María de Maeztu.
Gabriela Mistral, poetisa chilena, diplomática, pedagoga y Premio Nobel de Literatura en 1945, se alojó en la Residencia de Señoritas, donde entabló una fuerte amistad con nuestra protagonista, que duró hasta la muerte de esta.
Seguimos con María. Fue también cofundadora y primera presidenta del Lyceum Club Femenino, cuyos objetivos eran defender los intereses de las mujeres, facilitarles un lugar de encuentro y promover su desarrollo educativo, cultural y profesional, así como organizar obras sociales.
Durante la dictadura de Primo de Rivera aceptó formar parte de la Asamblea Nacional (sección de educación) junto con otras doce mujeres. Aceptó porque podía ser un primer paso en la consecución de los derechos políticos de la mujer española, que aún carecía de algo tan simple como el derecho al voto.
Durante la Segunda República se impulsaron proyectos como las Misiones Pedagógicas, que querían llevar la enseñanza y la cultura a las zonas más desfavorecidas de España. Por supuesto, María comulgaba plenamente con la renovación social que propugnaba la República.
El 27 de junio de 1936, Maeztu fue nombrada catedrática, cosa que solo había logrado veinte años antes doña Emilia Pardo Bazán. Pero a poco de del estallido de la guerra civil, dejó la dirección de la Residencia de Señoritas (que quedó bajo control de la Sección Femenina), y tras el fusilamiento de su hermano Ramiro en octubre de ese año, partió al exilio, estableciéndose en Nueva York para tomar posesión de la cátedra de Literatura Española en la Universidad de Columbia, creada expresamente para ella por Federico de Onís, que ya estaba como profesor en dicha universidad.
Tras ser invitada por la escritora argentina Victoria Ocampo para impartir un ciclo de conferencias en Buenos Aires, por diversos avatares (largos de reseñar) decidió permanecer en el país sudamericano. Allí se le dio la cátedra de Historia de la Educación en la Universidad de Buenos Aires, donde siguió enseñando pedagogía progresista hasta su fallecimiento, ocurrido en 1948 en Mar del Plata.
Esta es, muy a grandes rasgos, la vida de esta mujer extraordinaria. Implicada activamente en una enseñanza universal basada en los principios de la pedagogía progresista mencionada (llamada también reformista), que buscaba romper la educación tradicional basada en la pura memorización de conocimientos, e impulsar otra de carácter opuesto: que fuera democrática, práctica, participativa, activa, motivadora, en contacto con la naturaleza, deportiva, etc.
Creo sinceramente que María de Maeztu estableció los cimientos de una educación igualitaria para mujeres y hombres, sobre todo para las primeras, con objeto de sacarlas del ostracismo de la sociedad patriarcal en cuanto a la posibilidad de instruirse, llevando esta instrucción a todos los estamentos de la sociedad. Sirva este artículo para recordar su labor.
María de Maeztu Whitney por: Jesús Fernández Escrich
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