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LOS TRES CUERPOS

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Los tres cuerpos

«NATURALEZA DEL PERIESPÍRITU»

“El periespíritu no es un reflejo del cuerpo físico, es este último el que lo refleja, así como el mismo periespíritu retrata en sí al cuerpo mental que rige su formación”

Chico Xavier – Libro: “Evolución en Dos Mundos”

Continuamos analizando la estructura de este cuerpo electromagnético que es esencial para la vida humana y que, junto al alma, nos acompaña también al otro lado cuando dejamos el cuerpo y llegamos a la dimensión espiritual después de la muerte física.

Hoy nos corresponde analizar en profundidad la naturaleza y los elementos que lo forman. Grosso modo podemos hablar de que el periespíritu se compone de tres subcuerpos o elementos que denominamos como cuerpo mental, causal y vital o etérico. Los tres se encuentran integrados y presentan una estructura energética comandada por centros de fuerza o núcleos a los que se les denomina en las filosofías orientales como “Chakras”.

Así como las células físicas están rodeadas por la membrana celular donde se encuentran los receptores que reciben los impulsos y energías que las dinamizan, las enferman o las sanan, estos chakras son igualmente los receptores de energía del periespíritu que funcionan como un vórtice de fuerza, y al estar interpenetrando todo el conglomerado celular desde la primera célula en el momento de la concepción, son los que marcan el tono y la frecuencia electromagnética de este extraordinario intermediario que enlaza la materia física con el alma humana cuando estamos encarnados en la Tierra. Y que se desprende junto al alma cuando acontece la muerte física, acompañándola y envolviéndola como un cuerpo sutil en el mundo espiritual.

Dedicaremos más adelante un capítulo a las especificidades de estos centros de energía y las funciones que realizan, baste por ahora mencionar que la “sustentación” del organismo celular depende del periespíritu y su funcionamiento, y en ello tiene especial importancia la vibración y la frecuencia de las energías que emiten estos núcleos de fuerza electromagnética.

A pesar de las muchas estructuras superpuestas en las energías y núcleos de fuerza de este cuerpo electromagnético, podemos analizar de forma global los tres elementos que constituyen la naturaleza del periespíritu:

1º.- El Cuerpo Mental:

En la formación y construcción del periespíritu el papel preponderante le corresponde a la mente. Esta elabora las creaciones que fluyen de la voluntad y encuentra en la materia elemental primitiva, también llamado fluido cósmico universal, los elementos que necesita para producir los pensamientos. A partir de aquí se une con el psiquismo procedente de reinos inferiores a través del Centro Coronario, en formación, de la etapa hominal. Así surge el cuerpo mental del periespíritu.

2º.- El Cuerpo Causal:

Es el registro donde almacenamos débitos y créditos. Se trata del gran procesador y contenedor de información. En términos psicológicos hablaríamos de inconsciente profundo. Es el lugar que archiva, memoriza, registra y graba todas las experiencias. Es donde quedan incorporados los hábitos y automatismos biológico-psicológicos, las vivencias felices y traumáticas del pasado, en otras vidas. Y que en cualquier momento pueden aflorar al consciente en la vida actual, ignorando su procedencia y origen.

3º.- El Cuerpo Vital:

Es el elemento más visible, mensurable y externo del periespíritu. En él tenemos el fluido vital que permite la vida. Sin él no existe la célula viva. Cuando dejamos el cuerpo físico al llegar la muerte física, una parte del cuerpo vital se descompone junto a la consunción celular del cuerpo, mientras que otra se marcha junto a los otros dos elementos del periespíritu, el cuerpo mental y el causal. Puede ser visualizado con cierta facilidad por muchas personas, aunque dispositivos sensibles como la cámara Kirlian lo captan perfectamente.

Transmite a través de su energía los fotones de luz que se degradan en distintos colores en función de la elevación y adelanto moral del espíritu. En algunas culturas se le denomina “aura” porque rodea el perímetro del cuerpo físico como un halo. Un espíritu elevado lo presenta depurado y brillante; los hindúes le llaman “cuerpo de luz”; en el alma atrasada es como la “ropa sucia”, hay que purificarlo y lavarlo con el esfuerzo de la reencarnación, pues los colores son sucios y degradados.

“Hay en el ser orgánico algo que no existe en los cuerpos inorgánicos, algo que los vigoriza. A ese algo le damos el nombre de fuerza vital”

Gabriel Delanne

Debemos recordar que cada uno de estos tres elementos que integran ese intermediario del que hablamos cuenta con su propia red de núcleos energéticos o centros de fuerza, llamados también chakras, a los que dedicaremos un capítulo completo más adelante.

Cada cuerpo tiene funciones distintas y muy importantes, pues si el cuerpo mental recibe los pensamientos y emociones que la voluntad del alma expresa en cada momento, el cuerpo causal es el depositario de las experiencias y automatismos que condicionan muchas veces el comportamiento y la actitud inconsciente del individuo a diario. Mientras, el cuerpo vital no solo permite la vida celular, siendo a su vez como un depósito de energía que se va consumiendo en los órganos físicos cuando llega la vejez y el tiempo de permanencia en la Tierra se va agotando para el alma en función de su planificación previa.

Este principio vital, que la ciencia ya ha descubierto hace décadas denominándolo cuerpo bioplásmico o bioenergía, presenta su propio registro energético y luminiscente (energía que muchas personas pueden transferir a otras para ayudarlas en su debilidad física y denominada en otro tiempo como magnetismo animal, actualmente biomagnetismo) y es patrimonio de este cuerpo, también llamado doble etérico.

Estos tres elementos funcionan al unísono en función de los impulsos bidirecionales del alma y del cuerpo. Es decir, el periespíritu refleja a través del cuerpo mental y causal la voluntad del alma a todo el sistema mediante su intención, voluntad, libe albedrío, pensamientos y deseos. Y de forma recíproca, el cuerpo físico transmite a través de los sentidos a los centros de fuerza del periespíritu las sensaciones, impresiones, percepciones y experiencias que se observan en la realidad física que nos circunda.

En medio de esta información bidireccional se encuentra el periespíritu, como un lazo de unión entre ambos reinos, el espiritual (del alma) y el material (el cuerpo). Pues no debemos olvidar que en la constitución del periespíritu, su parte más externa, el cuerpo vital, posee moléculas semimateriales que le permiten recepcionar todas las sensaciones e impresiones, al igual que hace la célula con sus propios receptores biológicos.

Esta cualidad de intermediación de moléculas físicas con otras espirituales permite a este cuerpo conectar los dos mundos, el del espíritu y el de la materia, dando así explicación a multitud de fenómenos aparentemente paranormales, que no son tales pues todos ellos tienen su explicación racional y científica a la luz de los conocimientos de la doctrina espírita de Allán Kardec.

Los tres cuerpos por: Antonio Lledó

2026, Amor, Paz y Caridad

“El periespíritu es tan etéreo, que el alma no podría obrar sobre la materia sin el concurso de la fuerza a la que se ha dado el nombre de fluido vital.”

Gabriel Delanne

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