LOS GRACOS

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Los Gracos

Tiberio y Cayo

Los personajes de este mes fueron otros de aquellos adelantados a su tiempo, en una época tan convulsa y complicada como lo fue el Imperio Romano; unos personajes que trataron de cambiar ciertas situaciones que, siendo legales acorde a la legislación romana, también podían considerarse inmorales. Los dos hermanos trataron de llevar a cabo una reforma agraria, como igualmente lo había intentado con anterioridad Cayo Terentilio Arsa, que ya ha aparecido en las páginas de esta revista.

Previamente a comenzar con el primero de ellos, Tiberio Sempronio Graco, es necesario ponernos en situación. Antes de los Gracos, la situación de la agricultura en Italia era muy complicada. Llegó un momento en que los pequeños y medianos agricultores no podían competir con los precios del trigo que venía de las posesiones en el extranjero, como Hispania, Cerdeña, Sicilia o África. Esto les obligaba a vender sus pequeñas fincas. ¿Y quiénes las compraban? Los senadores sobre todo, cuyas riquezas les permitían adquirir esas fincas que, al unirlas entre sí, acababan conformando grandes latifundios.

Por otro lado, existían otras tierras de labranza que habían pertenecido a agricultores enemigos de Roma. Roma se las había confiscado y después se las había cedido a especuladores, que muchas veces eran acreedores del estado romano porque aquellos les habían prestado dinero para financiar las campañas militares.

Así pues, senadores y especuladores se habían adueñado de casi todas las tierras agrícolas de Italia. Y como no les gustaba vivir en el campo, daban sus latifundios en arriendo a administradores, que intentaban sacar el mayor rendimiento posible a las tierras, sobreexplotando a los esclavos. 

En este ambiente, año 134 a. C., Tiberio Graco fue elegido tribuno de la plebe.

Este hombre trató de solucionar el problema agrario y mejorar la desastrosa situación del campesinado itálico. Para ello propuso una ley agraria (Rogatio Sempronia) apoyada en las Leyes Licinias que habían sido aprobadas ya 200 años antes. Según estas leyes, un «possesor» no podía tener más de unas 125 hectáreas de terreno (más otra pequeña cantidad adicional por cada hijo); volviendo a aplicarse estas leyes, las grandes fincas latifundistas deberían ser devueltas al estado y repartidas en lotes de unas 7’5 hectáreas a ciudadanos sin tierras, los cuales se convertirían en colonos a perpetuidad. Para ello, estos colonos habrían de pagar una contribución, más simbólica que gravosa.

Este proyecto de ley era coherente con las citadas Leyes Licinias, no derogadas, además de ser éticamente razonables, pues permitían a muchos pequeños agricultores tener un medio de vida viable. Como es evidente, la Rogatio Sempronia no cayó pero nada bien entre los grandes propietarios que eran, como ya se ha mencionado, los senadores y otros miembros de la alta aristocracia romana.

Pero la aprobación final de la ley se llevó a cabo mediante algunas operaciones y medidas de dudosa constitucionalidad, en las que no entraré en detalle (el lector puede verlo en la documentación que se incluye al final del artículo), lo que causó más enojo entre los opositores a la ley. Así, cuando Tiberio Graco se presentaba a un segundo mandato, un grupo de senadores y hombres armados, al mando de Publio Cornelio Escipión Nasica Serapión, masacró entre 200 y 300 seguidores de los Graco, entre ellos el propio Tiberio, que murió de un mazazo en la nuca. Su cuerpo fue arrojado al Tíber y no se le pudo dar sepultura.

Los planes de reforma agraria, tras la muerte de Tiberio, fueron retomados por su hermano Cayo Sempronio Graco, que se encontraba sirviendo en Hispania en aquellos trágicos momentos.

Cayo, que también era tribuno de la plebe, logró introducir algunas reformas en la constitución para poder poner en marcha las nuevas leyes agrarias preparadas por su hermano.

Y logró grandes cosas. Sus primeros proyectos de ley, entre otros, fueron:  

–Una ley por la cual un magistrado destituido no podía investir cualquier otra magistratura. 

–Una ley para poder llevar a juicio a quien hubiera hecho ajusticiar a ciudadanos sin posibilidad de defensa (tal y como ocurrió con su hermano Tiberio).

–Y otras más que pasaré por alto.

Pero sus tres grandes leyes, votadas en 122 a. C., fueron:

–La ley agraria, mediante la cual se permitía a la comisión recibir poderes para disponer del ager publicus de las provincias (las tierras que habían sido confiscadas a los enemigos de Roma) y repartirlas posteriormente.

–La ley frumentaria, que obligaba al Estado a vender al pueblo el cereal a un precio uniforme y bajo (medida clarísimamente social).

–La ley judicial, que ordenaba el reclutamiento de los jueces de los tribunales sólo entre ciudadanos no pertenecientes al orden senatorial, beneficiando así al orden ecuestre (formado por emprendedores y negociantes que también se encargaban de controlar los contratos estatales de abastecimiento, obras públicas y recaudación de impuestos en las provincias).

Cayo Graco también llevó a cabo otras reformas constitucionales, como aquella que obligaba a determinar con antelación los comicios, o aquella otra de carácter castrense que eximía de prestar el servicio militar a los menores de diecisiete años. Igualmente llevó a cabo un programa de construcción y reparación de calzadas en toda la península Itálica, que proporcionó trabajo a la clase más pobre del imperio. También prometió a los soldados que serían equipados a costa del Estado, y no como hasta el momento, que debían pagarse ellos mismos sus pertrechos, a veces incluso las armas.

Su último proyecto fue proponer la ciudadanía romana a los aliados latinos y el derecho de sufragio a todos los itálicos, que por supuesto causó una violenta oposición senatorial. Y debido a su ausencia de Roma, organizando la colonia en Cartago, los optimates (aristócratas y políticos tradicionales de la República Romana) fueron debilitando la influencia de Cayo Graco, lo que impidió que fuese reelegido en un segundo cargo tribunicio. Fue declarado enemigo público por el Senado. Tras unas revueltas violentas se produjo una gran matanza en la que murieron más de 3000 partidarios de Cayo, quien terminó suicidándose, asistido por uno de sus esclavos, en las faldas del monte Janículo de Roma.

El programa de reformas legislativas de los hermanos Graco habría sido bueno para Roma, y de hecho, como se ha mencionado, lo fue para infinidad de ciudadanos de la plebe, que obtuvieron tierras para su cultivo o trabajo en las obras públicas; pero fracasó a causa de la reacción violenta de la aristocracia romana, que veía amenazados sus tradicionales privilegios.

Con ello, y a pesar de los errores cometidos por los Graco (como recurrir también a la violencia para lograr sus propósitos), opino que son merecedores de estar en esta sección, pues su motivación no fue otra que mejorar las condiciones de vida de los más desfavorecidos de una sociedad romana en la que había enormes diferencias entre las clases sociales. 

Tiberio Sempronio y Cayo Sempronio, los Gracos, de la notable familia de los Escipiones; ambos, tribunos de la plebe; ambos con nobles pretensiones de mejorar una sociedad manifiestamente mejorable; y ambos eliminados violentamente por oponerse a los intereses creados.

Los Gracos por: Jesús Fernández Escrich  

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