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LEYES UNIVERSALES

MENTE, ALMA Y ESPÍRITU
Estudio breve de estos tres aspectos. Mente espiritual y mente humana.
Alma espiritual y alma humana. Manifestación del Espíritu.
La personalidad del ser humano es una representación del Espíritu en el plano físico. Pero, dado la baja vibración del cuerpo físico, el Espíritu apenas puede manifestar sus potencialidades. La capacidad intelectual

del ser humano, de la personalidad, es muy reducida en comparación a los elevados poderes del Ego espiritual, cuando está independizado de la materia. Por ello, la personalidad humana es una representación parcial tan sólo de la personalidad transcendente.

De acuerdo con el programa de este curso, daremos a conocer algunos aspectos del cuerpo psíquico o astral, que actúa de unión o factor intermedio entre el Espíritu y el cuerpo físico, para la manifestación del primero en el plano físico. Pues, dada la intensidad vibratoria del Espíritu, éste no puede manifestarse directamente en el plano físico, donde debe actuar para su evolución. Por ello, tiene que valerse de cuerpos intermedios, que el mismo Espíritu conforma de la substancia astral con el poder de su mente. Dicho de otro modo, el Espíritu o Ego superior, es incapaz de recibir directamente las vibraciones del mundo físico; por lo que necesita las envolturas intermedias, o que forman lo que conocemos como alma humana.
Y esa alma humana o cuerpo astral, que actúa como fuerza cohesiva de la estructura orgánica compuesta por trillones de células, recibiendo del Espíritu la energía necesaria; tiene la misma forma y configuración del cuerpo físico. Comprende en sí dos aspectos bien definidos:
1.-Mente psíquica, condicionada para recibir el pensamiento y demás facultades del Espíritu.
2.-Cuerpo sensorial y emocional, que contiene las facultades del alma humana.
La primera de estas dos, permite recibir al Espíritu las manifestaciones del plano físico, así como transmitir las sensaciones espirituales a la personalidad. Y la segunda, para transmitir a la personalidad esa energía estimulante que recibe del Espíritu; o sea, la facultad necesaria en el plano físico, sin la cual la personalidad carecería de entusiasmo para las realizaciones.
Esto es lo que venimos indicando en las lecciones anteriores, como mente humana y alma humana, que conforman el cuerpo psíquico o cuerpo astral, que es el cuerpo de manifesta­ción al pasar al mundo psíquico o astral, al que todos vamos al fallecimiento del cuerpo físico-orgánico. Y es entonces que, al desprenderse definitivamente el Espíritu con sus cuerpos, el cuerpo físico ya no recibe la energía del Espíritu ni la fuerza cohesiva del cuerpo psíquico; comenzando enseguida la desintegración por el procedimiento denominado putrefacción.
Así como el cuerpo físico está formado con materia orgánica que se renueva constantemente; así el cuerpo psíquico está formado con material astral, y ésta de la energía universal emanada de la Divinidad Creadora, energía que adquiere diversos aspectos y formas, según la orientación impartida por la facultad creadora de la Mente espiritual. Y de esa energía astral el Espíritu plasma la forma de su cuerpo psíquico o periespíritu, según el padrón mental existente en sí mismo. Por su naturaleza magnética, el cuerpo psíquico es afectado grandemente por las vibraciones emanadas de otras mentes, encarnadas o desencarnadas, así como por los pensamien­tos de la propia mente y también por los sentimientos de la persona misma.
Ahora, necesario es conocer que, en nuestra persona­lidad existen dos aspectos bien definidos, además del aspecto físico, que es el que apreciáis solamente. Ellos son el aspecto espiritual y el aspecto psíquico.
En el aspecto espiritual, el Espíritu o Ego superior, que es vibración intensa y energía sutilísima, carece de forma, ya que procede de más allá del astral, donde la Vida tiene otras manifestaciones diferentes a las de la 4ª dimensión (astral) y 3ª dimensión (física); si bien, puede plasmar la forma o formas a voluntad en los mundos que le toque vivir. Y conforma en sí dos aspectos: mental y sensorial, los cuales denominaremos Mente espiritual superior y Alma espiritual superior. En la Mente espiritual superior, residen las facultades intelectivas, raciocinativa, creativa, volitiva y rectora o directriz; así como también la memoria de todo lo bien aprendido y adquirido por el Espíritu en sus pasadas existencias humanas, que forman la memoria espiritual o subconsciente, y de donde viene toda la inspiración. Y en el Alma espiritual superior, “envoltura” sutilísima, no astral, reside la facultad sensorial solamente, que es la que percibe y manifiesta las bellezas y los senti­mientos elevados; porque vibra siempre en sentimientos y deseos de bien que pocas veces el alma humana deja manifestar, apegada como está a las sensaciones materiales. Naturalmente, más o menos según el grado de evolución alcanzado por el Espíritu.
En el aspecto psíquico, descrito antes, reside la mente psíquica, que denominamos mente humana, conocida también como mente consciente; y que actúa como receptora de las vibraciones de la Mente espiritual, donde reside la capacidad de inspiración. Y simultáneamente actúa también como receptora de las vibraciones del plano físico y psíquico (astral). Y así como la Mente espiritual superior se manifiesta a través de la mente psíquica o mente humana, ésta se manifiesta a través del cerebro, y sirve de “archivo” o memoria del conocimiento adquirido en la vida presente. O sea la denominada mente consciente.
Residen también, en el aspecto psíquico, las facultades sensorial y emocional, descritas anteriormente, y a las que denominamos alma humana. Y a través de la primera facultad sensorial, el alma espiritual superior puede percibir las bellezas y sensaciones del plano físico y psíquico, en el grado de sensibilidad alcanzado o desarrollado.
El Alma superior, cuando está encarnada, siente muchas veces el peso de su envoltura carnal, que la persona percibe como insatisfacción, melancolía de algo, que pocos logran identificar y responder a esa sensación o ansia que les produce inconformidad con el medio ambiente en que se halla. Aquellas personas ya un poco más evolucionadas, comienzan a identificar esa sensación como un ansia de liberarse de algo y buscar la verdad de la Vida, impelidos por el deseo de satisfacer esa ansia íntima que el Alma siente. Y en otras, esa ansia se manifiesta en el deseo de darse a los demás. Es también esa sensación de nostalgia que ciertos adolescentes sienten, ya que es la edad en la que el Espíritu comienza a manifestarse.
Si analizáis con detenimiento vuestros sentimientos y sensaciones, descubriréis con facilidad la diferencia entre lo que emana de vuestra alma espiritual superior y lo que emana de vuestra alma humana inferior.Corresponde al alma humana todos aquellos sentimien­tos relacionados con los aspectos humanos y materiales, que impulsan a las realizaciones de las conveniencias humanas, así como deseos que incitan a la búsqueda de placeres inmediatos. La atracción del sexo, por ejemplo, el deseo de riquezas y poder, de lujos y apariencias, etc., son el efecto y manifesta­ción del alma inferior humana. En cambio, la atracción y encanto que se siente hacia las bellezas de la Naturaleza, en las bellas expresiones artísticas y musicales, así como el ansia de cooperar en toda acción de bien; son sensaciones que responden a las manifesta­ciones del alma superior, espiritual. Y esas sensaciones que como humanos percibimos, son vibraciones de color, forma y sonido, que el alma superior percibe, y que recuerda a la mente superior lo que ya conoce en el espacio; y ese recuerdo conmueve el Alma produciendo esa emoción dulce y a veces nostalgia.
Toda inspiración viene del Ego superior, al que suele denominarse el dios interno. El ego humano solamente conoce lo que su mente ha aprendido en la vida actual, a través de los sentidos y grabado en el cerebro psíquico interpenetrado en el cerebro físico. El estudio, las experiencias y todo lo que se aprende bien, va quedando grabado en ese cerebro psíquico o mente humana. Y cuando esas experiencias y aprendizaje es intenso, pasan a la Mente espiritual (subconsciente) que se enriquece y queda permanente, y servirá para las siguientes vidas humanas y manifestaciones del Espíritu en sus diversas actuaciones. Pero, cuando el aprendizaje o estudio se hace a medias, no se pasa a esa Mente espiritual; y de aquí el motivo de tantas equivocaciones. No obstante, esas equivocaciones serán menos si recurrimos al Ego interno que en nosotros existe (al subconsciente en el aspecto mental) que contiene la sabiduría adquirida en las múltiples vidas pasadas. Los valores intelectuales son el cúmulo de las múltiples experiencias y aprendizaje en las diversas vidas del Espíritu en el plano material y también en el plano espiritual. Esas inteligencias destacadas de nuestro mundo, son el acervo de las experiencias y aprendizajes en las luchas planetarias.
Las genialidades, inspiraciones, etc., son manifesta­ciones del Ego superior, cuando logra poder manifestarse en la personalidad. Lo que acontece es que, con la mente obstruida por los asuntos humanos de baja vibración, a más de una alimentación inadecuada que impide un mejor funcionamiento de las células cerebrales; la vibración superior rara vez logra penetrar en el cerebro y manifestarse. De aquí la necesidad de sutilizar las células cerebrales, mediante una alimentación menos tóxica, más natural, y sutilizar el cerebro psíquico o mente, manteniendo una constante armonía vibratoria en nuestras relaciones humanas, comenzando en el hogar.
La armonía vibratoria de la mente y alma humana, es de grandísima importancia y transcendencia para una mejor manifestación del Ego superior, del Espíritu. Necesario es ir sutilizando y purificando los deseos y sentimientos, a fin de que el cuerpo psíquico o alma pueda ser más receptivo a las vibraciones del Espíritu, y éste pueda manifestarse con mayor intensidad para una personalidad más eficiente; a fin de aprovechar la vida presente para avanzar en el empinado camino de la evolución. No nos dejemos dominar por el comodismo y la desidia. Realicémonos interna y externamente, a fin de no estancarnos, de no quedarnos rezagados en el camino del progreso. Pues cuando la persona se deja vencer por el comodismo o la desidia y no se realiza, se estanca y el Espíritu no progresa, lo cual es motivo de sufrimiento para éste; sufrimiento que se refleja en la personalidad, en esos estados psíquicos depresivos, o de inconformidad, desasosiego, hastío, etc., productores de infelicidad.
Y por último, debéis conocer que, cuando el cuerpo físico duerme, el Espíritu se desprende con su cuerpo psíquico, y pasa a gozar de la libertad a una o más de las esferas del astral de la tierra, para recuperar energías, ya que no podría soportar permanecer siempre aprisionado en el cuerpo físico. Y esas energías espirituales, varían mucho en cada ambiente o plano astral.
Y los espíritus más adelantados, con misiones importantes, suelen atravesar el astral de la tierra, para otras dimensiones espirituales, y vivir durante esas horas en que el cuerpo físico dormita, la vida espiritual y adquirir conocimientos, así como recibir energías para continuar la realización de su destino. Y para tal efecto se desprende de su cuerpo astral, el que recupera al volver al plano físico.
SEBASTIAN DE ARAUCO

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