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LEYES UNIVERSALES

RELACIÓN DE LOS SENTIMIENTOS CON LOS PENSAMIENTOS
Y ESTOS CON LAS ACTUACIONES

Comencemos por conocer y comprender que, los pensamientos y sentimientos son formas de energía; energía psíquica y energía espiritual; son vibraciones que emanan de las mentes y de las almas de los seres humanos, encarnados y desencarnados, cuya intensidad varía según el grado de desarrollo evolutivo de esas mentes y esas almas.

Como fácilmente podéis comprender en vosotros mismos, la mente nunca está quieta sino en constante función, general­mente ocupada con pensamientos no controlados. Debemos ser conscientes que, cuando pensamos estamos vibrando, estamos emitiendo ondas, pensamientos, con un grado de energía en proporción a la fuerza impartida por la mente y con un alto poder de atracción por afinidad. Cuando comprendáis bien este aspecto de la vida, os será más fácil comprender el por qué y el cómo de muchas cosas, que hasta ahora pueden haber sido misterio para alguno de vosotros.

Son pocas las personas que conocen cuan poderosa es la mente y la fuerza del pensamiento, así como su incidencia sobre las actuaciones ya que, según pensamos así actuamos. Y muy pocas, poquísimas, son las que conocen la influencia enorme que los pensamientos y sentimientos ejercen sobre el funciona­miento glandular y el sistema nervioso, reguladores de la salud; a más de la influencia que ejercen sobre la configura­ción del alma. Las formas, pensamientos que se plasman continuamente en los centros cerebrales, producen sustancias imponderables para la rudeza de los sentidos físicos; pero, de gran influencia en el sistema nervioso y glandular, llegando a acelerar o retardar la producción hormonal normal, con las consiguientes consecuencias.

Pero, son aún menos las personas que conocen el poder creador y destructor de los pensamientos que, al unirse a otros emitidos por otras mentes que funcionan en la misma tónica vibratoria, forman grandes cúmulos en el espacio que en un momento dado pueden descender sobre cierto sector de la humanidad, atraídos por la misma frecuencia vibratoria de otras mentes, con el consiguiente efecto, bueno o malo, según su naturaleza.

Muchos de los éxitos en la vida, así como muchas de las desgracias que sufrimos, son causadas por nosotros mismos, porque las atraemos con nuestra actitud mental. Necesario es conocer que, de acuerdo con la actitud mental que adoptemos frente a la vida, así será la vida para nosotros. Si mis pensamientos son de pesimismo, o por una actitud mental desacertada, dejo invadir mi mente por pensamientos deprimen­tes, ruines o de temor, por ejemplo; yo mismo estaría creando unas condiciones mentales depresivas que amargarían mi vida. Más aún, si mi mente se coloca en una actitud sórdida, fría y antipática, estaré conformando (mentalmente) un mundo antipáti­co, frío y de amargura; y me incapacitaré para triunfar en la vida y gozar de un más amplio y dilatado mundo que otros viven; porque, la mezquindad de mi actitud mental, no podrá establecer contacto con ese mundo, mientras no cambie de actitud mental. Pues, los pensamientos sostenidos atraen, por ley de vibración y afinidad, el material psíquico para su manifestación. No olvidéis que, lo que está presente en la mente, se manifestará en la vida; y que, cada modalidad de pensamiento produce fruto de su propia clase. Y que, cuando hay confusión de pensamientos en la mente, se experimenta confusión y desarmonía en la vida.

Las dos ramas de la psicología: estructural y experimental, nos demuestra que, temer una cosa es tanto como desearla; porque, al mantenerla en la mente por ley de vibración atraemos hacia nosotros las condiciones que tememos o deseamos, así como somos atraidos hacia ellos. De lo que se desprende, la necesidad de pensar sobre las cosas buenas que se deseen desechar, no dar cabida en la mente a las que no se deseen.

Así como protegemos nuestro hogar de la entrada de maleantes, protejamos nuestra mente contra la entrada de pensamientos nocivos, errabundos, ruines, que son enemigos de nuestra felicidad. La gran mayoría de personas que viven una vida de amarguras, son ellas mismas que inconsciente e involuntariamente, mantienen pensamientos negativos de pesimismo, temor, resentimiento, etc., altamente nocivos; amargando sus vidas tontamente, por lo que es del todo punto necesario aprender a expulsar de la mente toda clase de pensamientos negativos y sustituirlos por otros positivos.

Por ejemplo para desvanecer el pesimismo, que es generador de fracaso y miseria, basta mantener con insistencia ideales optimistas orientados hacia el éxito y hacia el bien; que transmutarán lo negativo en positivo.

Siendo así, ¿por qué no hemos de proponernos firmemente tomar una actitud mental constructiva, formar mentalmente un ideal elevado y, con la fe puesta en Dios, en ese Dios de Sabiduría, Amor y Poder, llevar a cabo ese ideal? Es asombroso el cambio que puede efectuarse en la vida de una persona. Cámbiese de actitud mental y parecerá que el mundo entero cambia; porque, en realidad, su mundo cambiará. Si queremos conquistar algo, tenemos que conquistarlo primero en la mente.

Tened bien presente que el valor engendra fortaleza y el miedo debilidad. Esto es axiomático en psicología. Del valor, nace el éxito en la vida; del miedo, el fracaso. La persona animosa y alegre, el optimista y lleno de confianza en sí mismo, irradia energía, atrayendo hacia sí las condiciones favorables para el éxito en lo que se proponga, y una vida más feliz; mientras que, el desanimado y abatido todo le sale mal, por no hacer uso de esa energía que en uno mismo existe.

Si no queréis ser víctimas de pensamientos deprimen­tes y negativos de toda índole, comenzad por rechazar todo pensamiento negativo, cultivando sentimientos nobles y elevados, pensamientos positivos y constructivos. Y una vez hayáis adquirido esa sintonía, los primeros, esos pensamientos impuros, inútiles y perjudiciales, no hallarán entrada ni cabida en vuestra mente; y os sentiréis más animosos, felices y prósperos; porque estaréis sintonizando ondas-pensamientos positivas que son energía vitalizante. Pero, no basta tomar esa actitud para que todo salga a pedir de boda. Es necesario perseverar, poniendo en acción la voluntad, que es fuerza realizadora.

Y dada la íntima relación de los pensamientos con los sentimientos, veamos algunos aspectos de estos últimos. Así como los pensamientos son producidos por la facultad creadora de la mente (humana o espiritual, los sentimientos surgen de la facultad sensorial del alma (humana o espiritual) e intensificados por la otra facultad del alma humana -la emocional-. De aquí que, un alma noble y buena, manifestará buenos sentimientos, porque vibra ya en la tónica del Amor; mientras que, un alma egoísta o ruin, manifestará sentimientos mezquinos y ruines. Cada una de estas almas está en un grado de sensibilidad diferente y también diferente es su grado de evolución; pero, mientras que la primera vive ya momentos de felicidad que esos sentimientos le proporcionan, la segunda vive una vida de amargura, consecuencial con sus sentimientos mezquinos y ruines, que la mantienen en constante desarmonía psico-física.

La grandísima mayoría de las personas que carecen de buenos sentimientos, es más bien por la ignorancia de las ventajas que éstos ofrecen; ventajas espirituales y humanas, que su egoísmo les impide ver. No viven la realidad de la vida, sino una deformación, y a consecuencia de esto, no pueden alcanzar esos estados de paz y dicha íntima por estar en constante desarmonía.

Mantengámonos en armonía. Tened presente que, la vida debe ser una constante conquista. Y para ello, necesario es vigilar y controlar los pensamientos y sentimientos. La mayoría de las personas que viven de amarguras, ellas mismas son quienes, inconsciente e involuntariamente con pensamientos negativos de temor, recuerdos desagradables, actitud pesimista, etc.; así como malquerencias, rencores, envidias, celos, resabios, etc.; amargan su vida tontamente; por lo que es completamente indispensable expulsar de la mente toda clase de pensamientos y sentimientos negativos, sustituyéndolos por los correspondientes positivos.

Por consiguiente, debemos mantener vigilancia sobre nuestro pensamiento y sentimiento, porque ellos nos llevan a las actuaciones, y porque van conformando nuestra vida humana de dicha o desdicha. Los sentimientos de amor, de bondad y comprensión, son los que debemos cultivar, son a los que debemos dar preferencia en nuestra vida diaria, ya que el Amor es generador de armonía y la armonía es indispensable para una vida más feliz. Y solo cuando estemos armónicos podremos sentir en nosotros ese estado de dicha inefable; indicación de que estamos en sintonía con la vibración de AMOR que emana de la DIVINIDAD, transcendente en el Universo todo.

Y a medida que vayamos desarrollando este sentimiento en nosotros, nuestro egoísmo ancestral, que es el causante de nuestras desventuras, irá perdiendo fuerza, debilitándose, a la vez que la desarmonía psíquica que hace la vida amarga; para dar cabida a la armonía que es connatural con el AMOR y generadora de felicidad. Esto no es una mística ni una ilusión, es una realidad práctica. Despertar vuestro YO superior y lo comprobaréis.

Y para concluir, debo llevar a vuestro conocimiento que, los sentimientos y pensamientos modifican la configura­ción del alma humana; la embellecen o afean.

Así como los sentimientos y la práctica del Amor (en sus diversas manifestaciones) embellecen el alma humana, la utilizan y capacitan para poder ascender a las moradas de felicidad, plano de dicha al pasar el umbral del Más Allá; los sentimientos negativos de egoísmo, odio, envidia, rencor, orgullo, etc., etc., la afean y hasta deforman. Y al desencar­nar arrastrarán esa alma a zonas tenebrosas de sufrimientos o abismos de desesperación. Es por ello que, por vuestro propio bien os digo: no deis cabida en vosotros a sentimientos y pensamientos negativos, malsanos; porque os arrastrarán a moradas de dolor al pasar al Más Allá. Alimentar sentimientos de amor y pensamientos elevados, constructivos, que son fuerzas armonizadoras y actuarán en vuestro favor y para vuestro bien.

SEBASTIAN DE ARAUCO

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