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LEYES UNIVERSALES

MEDITACIÓN Y ORACIÓN
La meditación y oración como factores evoluti­vos.
Ventajas de su práctica en la vida diaria.
La meditación es el arte de examinar un asunto, analizándolo es sus diversos aspectos, mediante la concentra­ción mental sobre el mismo, para conocerlo mejor. Y en esa concentración mental y en un análisis pausado y sereno, la mente humana puede entrar en contacto con la Mente Espiritual superior, donde radican las múltiples experiencias de las vidas pasadas, y puede llegar a percibir con mayor claridad el objeto motivo de la meditación. Para ello es necesario comenzar con una concentración durante unos

minutos, concentración que debe hacerse con elevación, a fin de hacer contacto con la Mente superior.

Y para obtener los resultados benéficos deseados de la meditación, es necesario perseverar en ese propósito, sin desánimos en el comienzo, hasta establecer el hábito que facilita esa unión, la unión de la mente humana con la Mente espiritual. Pues, mientras no se produzca una buena concentra­ción, mientras no se haya aprendido a rechazar los pensamientos extraños al objeto de la meditación, no podrá conseguirse la unión de la mente o conciencia humana con la Mente o Conciencia superior.

Y para que la meditación rinda los frutos deseados, requiere perseverancia en su práctica, a fin de establecer el hábito; pues en el comienzo, los pensamientos sobre los asuntos de la vida diaria suelen entorpecer la concentración plena, indispensable para conseguir la conexión referida. La práctica de la meditación es una necesidad para un más acertado actuar en la vida humana. Son múltiples los aspectos sobre los cuales podemos meditar con frecuencia, diariamente. Pero, a lo que debemos dar preferencia, si deseamos perfeccionarnos es a la naturaleza de nuestros sentimientos, pensamientos, deseos y reacciones. Analizar con frecuencia estos aspectos de nuestro carácter, nos permitirá ver nuestros puntos débiles, así como la necesidad de superar­los. Pues como fácil es comprender, nadie puede corregir ni superar una imperfección si la desconoce.

Si bien es cierto que los compromisos humanos del diario vivir, puramente materiales, absorben la atención de la mayoría de las personas, dejando que la mente sea impregnada de pensamientos, muchas veces desarmónicos, que les apartan del verdadero objeto de la vida; no es menos cierto que, con una práctica de reposo mental, recogiéndose en sí mismo por un breve espacio de tiempo todos los días a la hora más propicia, puede adquirirse una mayor claridad mental acerca de las mismas actividades humanas y una mayor visión de la vida.

Para todo principiante, las primeras prácticas de meditación son las más difíciles porque, a la mente llegan a tropel pensamientos e imágenes mentales del diario vivir que, mientras no se aprende a desechar, pueden perturbar un poco, así como el recuerdo de disturbios emocionales. Pero, a medida que se va ejercitando la concentración de una sola idea, rechazando todo pensamiento ajeno al momento, y a medida que se hace de la meditación un hábito, su práctica se hace ya más fácil.

Por ello, el primer paso en la meditación es cultivar el hábito, mediante la práctica diaria, en el momento y hora más propicio. Nadie podrá argüir, por ocupada que su vida sea, que no puede disponer de 15 a 30 minutos en las 24 horas. Y con esos 15 a 30 minutos diarios de meditación y elevación de pensamiento, podrá ir estableciendo ese contacto con la propia Conciencia espiritual, cúmulo de experiencias, con lo que podrá obtenerse una mayor energía y claridad mental. Cierto es que el ego inferior, impregnado como está de los asuntos y conveniencias humanas, tratará e inventará muchos pretextos para disuadir de la práctica de la meditación y oración; impidiendo con ello la manifestación del Ego superior, que es la realidad, y a la que debemos facilitar su manifestación, si queremos progresar.

Variados pueden ser los puntos objeto de la medita­ción, los cuales mucho podrán contribuir en nuestra autorreali­zación; como por ejemplo:

*El análisis sobre nuestros sentimientos para con las demás personas con quienes nos relacionamos, ya que esos sentimientos nos inducen a la creación de pensamientos análogos y estos a la acción; acción o acciones que, como ya sabéis, crean causas buenas o malas, crean karma benéfico o maléfico, según la naturaleza de las mismas.

*Sobre nuestras imperfecciones, analizando sus aspectos perjudiciales.

*Sobre nuestras actuaciones y comportamiento en las relaciones humanas y muy especialmente en el hogar.

*Reflexionando sobre algunos aspectos que vais conociendo, a medida que vais penetrando en el conocimiento espiri­tual, y para lo cual puede seros de gran ayuda las lecciones que vais recibiendo y que os pueden orientar hacia una meditación transcendental.

*Sobre la grandeza de la Divinidad y Sus leyes, mediante la observación y análisis de los diversos aspectos de Su manifestación.

Diversas también son las técnicas y medios indicados por las diversas escuelas, así como diversos son los tempera­mentos y grados de evolución, por lo que no puede ser fijado un método único, sino hacer ciertas indicaciones para que cada cual las adapte a su propia necesidad, y descubra por sí mismo la clase de meditación más adecuada. Como vía de indicación, hacemos las siguientes sugerencias:

1.Buscar un lugar apropiado y fijo (en el hogar si es posible) y silencioso, que ayuda a disponer el ánimo para la meditación y facilita la concentración.

2.Una completa quietud mental-emocional es necesaria. Un desentenderse momentáneo del mundo en que vive, a fin de desprenderse de los pensamientos dominantes.

3.Introspección o búsqueda del contacto con el Ego o Conciencia superior, donde radican las experiencias de las múltiples vidas. Esto es importante en la búsqueda del porqué de los problemas humanos y su solución.

4.Elevar el pensamiento hacia la Superconciencia (o sea pensamientos de amor y comprensión hacia todos) para establecer la unión mental necesaria, a fin de recibir Luz y Fortaleza.

5.Analizar los diversos aspectos de las imperfecciones propias y estados afectivos, pasiones que amargan la vida e impiden el progreso espiritual; así como meditar sobre las leyes de la Vida, para grabarlas cada vez más en la mente humana, a fin de no transgredirlas y coordinar nuestra vida de acuerdo con las mismas.

6.Tomar, de vez en cuando, algunos de los temas o conceptos de las lecciones recibidas y por recibir.

7.Tomar las resoluciones que de esa meditación sean indica­das, con el firme propósito de su realización.

Y cuando comencéis con la práctica diaria de la oración, que es una elevación o proyección del Espíritu hacia los Reinos Espirituales superiores a los cuales pertenece, os sorprenderá notar como el estado de ánimo frente a la vida diaria, va cambiando hacia aspectos más agradables, y la vida os parecerá más hermosa… No lo dudéis ni un momento. Pero, para obtener el máximo de provecho, es necesario perseverar hasta haber creado el hábito de la meditación y oración; con lo cual el Espíritu se fortalece para una mejor manifestación. Y una vez creado el hábito de la meditación y oración, os será la cosa más fácil del mundo. Más aún, comenzaréis a sentir la necesidad de su práctica.

Cada vez que elevemos el pensamiento a Dios estaremos uniéndonos a El vibratorialmente. No en el aspecto religioso de que El nos habla como persona; sino que, esa Grandiosidad Cósmica en la que estamos inmersos, está constantemente vibrando en Amor, Sabiduría y Poder; y, estaremos estableciendo unión con esas poderosas vibraciones que irán penetrando en nosotros más y más cada vez, iluminando la mente y purificando el alma, por la impregnación del Amor Divino, a la vez que fortaleciendo el Espíritu para resistir mejor las tentaciones y superar las dificultades de la vida humana.

La oración no es el rezo monótono de palabras y frases sin sentimiento, como algunos practican; sino la manifestación del deseo que el Espíritu siente de elevarse hacia su Creador, hacia la Fuente que le dio vida y unirse a El. Y ese acto, cuando se realiza con verdadero sentimiento, genera una fuerza, una energía, que puede atraer al plano físico energías vivificantes, purificadoras, sanadoras, armonizadoras y realizadoras. Todo aquel que cultive la oración con elevación y verdadero sentimiento de bien; va transformán­dose gradualmente en foco radiante de energías de la Divinidad; energías desconocidas por la grandísima mayoría de los humanos que, presionados por los deseos materiales, no alcanzan a comprender que, cuanto más se alejen de su condición espiri­tual, más y más desventurados serán.

Y para que la oración sea efectiva, tiene que ser intensamente sentida, y tener el alma libre de todo resenti­miento o cualquier otro modo de sentimiento negativo, y sólo con deseo intenso de bien. Toda actitud o sentimiento negativo, y aún una simple indisposición contra alguien, debilita la fuerza de la oración y malogra sus resultados benéficos. En su forma más elevada, la oración deja de ser una petición cuando elevamos el pensamiento a Dios y expresamos nuestro agradecimiento por todas las bondades recibidas; pidiendo que ilumine nuestro entendimiento para seguir por el camino recto, a la vez que fortaleza para dominar las pasiones y corregir las imperfecciones, a fin de realizar nuestro destino. Y cuando pedimos para los demás, con amor y fe, esa energía es encauzada por las Fuerzas Espirituales Superiores mediante nuestra invocación, que es la que establece el contacto vibratorio desde el plano físico; contacto vibratorio que se establece cuando elevamos nuestro pensamiento con fe y amor, para el bien de los demás y aún para nosotros mismos. Pero, no debemos pedir cosas materiales para nosotros, porque esa vibración conectaría con entidades del astral inferior que, si bien pueden responder, será siempre en perjuicio.Acostumbraos a pedir siempre el bien para vuestros hermanos. Y así, vuestro espíritu encontrará fácilmente el camino que le conectará con las Fuerzas de todo bien, cuando necesitéis pedir para vosotros mismos. Mucho os ayudará en la práctica de la meditación si al comienzo, después de unos minutos de concentración con elevación, hacéis la invocación con la que iniciamos nuestras clases:
MAESTRO JESÚS. POR AMOR OS PIDO ILUMINAD MI MENTE PARA PODER ADQUIRIR EL CONOCIMIENTO VERDADERO, A FIN DE ORIENTAR MI VIDA DENTRO DE TUS ENSEÑANZAS DE AMOR Y SABIDURÍA; PARA UN MÁS RÁPIDO PROGRESO Y EVOLUCIÓN Y MEJOR AYUDA A MIS SEMEJANTES.
SEBASTIAN DE ARAUCO
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