Valores humanos

LA AMISTAD 

 
 
 
   Los pilares en que se sostiene la amistad son la sinceridad, la generosidad, el afecto, el perdón y el trato diario que sostienen las personas y que hace que se pase de ser tan sólo conocidos a que esa incipiente amistad vaya creciendo y enriqueciéndose de
nuevos matices. No es igual la amistad de aquellos que se ven muy de tarde en tarde que la de quienes se tratan cotidianamente. 
 
   La primera es el fruto de la fidelidad de contactos que se tuvieron en el pasado, en momentos de identificación recíproca y que por afinidad perdura sobre los años, pero que naturalmente, a falta de un contacto asiduo, puede y así lo es generalmente, estancarse. Pero sólo del trato diario puede decirse que parte la auténtica amistad, más real y verdadera, porque ésta está expuesta a innumerables pruebas que surgen expontáneamente, y que dan lugar a que un buen amigo demuestre que efectivamente lo es.Debemos reconocer que ser amigo de un día es muy fácil, porque sabemos que al día siguiente no lo vamos a ver. Lo auténticamente lleno de mérito y de valor es la amistad que perdura día tras día, enriqueciéndose con el paso del tiempo de nuevos y más profundos sentimientos de respeto, de comprensión, de afecto mutuo y de interés por aquello que el amigo necesita en los momentos importantes de su vida. La verdadera amistad se mide por el grado de sinceridad y de afecto que recíprocamente se experimenta y se comparte. La base sustancial de la amistad es compartir. 
 
   Así reza un anónimo: “Un amigo es con quien te atreves a ser tu mismo … con él te sientes como un prisionero que acaba de ser declarado inocente … él comprende esas contradicciones que hay en tu naturaleza que lleva a otros a juzgarte mal … tú puedes llorar con él, reir con él, rezar con él”. 
 
   A un amigo, a nadie en general, se le debe pedir más de lo que uno mismo está dispuesto a dar. Luego tenemos amigos en la misma medida de amistad que nosotros ofrecemos, y lo que no es menos importante, la calidad de nuestros amigos estará en relación a la calidad de mi comportamiento con ellos. 
 
   Si mi conducta no responde a una transparencia de sentimientos, se forjarán una idea de mí pensando que oculto cierta maliciosidad o pillería y no se fiarán, ya que en buena lógica dudarán pensando que me guardo una carta bajo la manga. Si soy mentiroso, no podré ser amigo de personas honradas, que actúen siempre fieles a la verdad, las cuales no tardarán en encasillarme y sólo confiarán en mí hasta cierto punto, pero no más. Si soy egoísta sólo tendré lugar junto a los avaros, etc. 
 
   Estos planteamientos nos deben llevar a serias reflexiones si de verdad deseamos tener auténticos amigos. Si queremos estar respaldados, si deseamos estar apoyados en momentos de crisis, si nos gustaría que alguien enjugara nuestro llanto cuando la tristeza y el dolor nos cercan, antes tenemos que haberlo hecho nosotros. Para tener amigos, antes hay que haberlo sido. No podemos esperar a tener amigos caídos del cielo, tenemos que ganárnolos con nuestras obras. Quién no tiene amigos, por pura lógica no es amigo de nadie. 
 
  Si no te atreves a ser tú mismo estás jugando con el engaño. Podemos engañar, aparentar, disfrazarnos un día, dos, tres, pero llega un momento en que se nos va conociendo poco a poco como somos, y entonces o dejamos de ser necios, pedimos perdón y rectificamos, o la puerta de la amistad se nos va cerrando sin que podamos evitarlo. 
 
   Esto desde un punto de vista humano, pero hay más, porque si bien a los hombres se les puede engañar, a Dios no. Y a veces engañamos a los hombres, pero sólo hasta que Dios quiere, porque Dios en su sabiduría, si lo estima necesario “estira de la manta” y se ve todo lo que hay debajo de ella, y llega el momento en que se descubren nuestras verdaderas intenciones, aquellas que estábamos encubriendo suciamente. 
 
   Más vale no tener amigos, que traicionarlos. Cuando alguien que has considerado un amigo comprendes que te ha engañado y te ha vuelto la espalda, es algo que duele mucho, dudo que haya dolor moral mayor que éste, podrá haberlo igual pero mayor quizás no. 
 
  Esto no hay que pasarlo por alto, para ser amigo hay que ser veraz, hay que jugar limpio, sin dobleces, puede que el mayor apoyo que sostenga a una fuerte amistad sea la sinceridad, si no somos sinceros con un amigo, con quién vamos a serlo. Tiene que llegar un momento en el que sintamos la necesidad y la capacidad para vaciarnos con él y contarle nuestras preocupaciones interiores, no ya los problemas materiales, sino lo que sucede en nuestro interior, las malas pasadas que nos juegan nuestros defectos, el sentimentalismo, los más íntimos sentimientos, aquello que nos atormente y que a nadie más se lo podemos contar. Esto ocurrirá sólo cuando esa amistad haya alcanzado cotas elevadas de confianza. 
 
   Ser sincero, no obstante, no significa tener que contarle todo a las amistades, porque siempre habrán cosas que sean tan íntimas y tan personales, que deben ser guardadas y no reveladas porque podrían perjudicar más que beneficiar, pero al margen de esto es bueno con los amigos sincerarse y comentar las dudas, los problemas, etc., es una terapia mejor que ninguna otra para sentirse desahogado, para encontrar soluciones fáciles, y para comprobar que no somos tan malos. 
 
   Hay muchas clases de amigos, pero un buen amigo no se hace en un día ni en dos. Como todos sabemos un amigo no es con quien te vas de fiesta y te diviertes, esa es una escala baja de amistad, pero no pasa de ahí. El verdadero amigo dice Shakespeare: “Te socorrerá en la necesidad, llorará si te entristeces, no podrá dormir si tu velas y compartirá contigo las penas del corazón”.
 
   Sin embargo,- hay amigos que se alegran si algo no te ha salido bien, que si pueden te ponen una zancadilla, ¿eso es un amigo? Verdad que no. Pues miremos primero en nuestro interior, hagamos un examen de conciencia y veamos si estamos tranquilos, si antes hemos jugado así también, y seamos los primeros en dar el paso, en ceder, en perdonar, en ofrecer lo mejor de nuestros sentimientos antes que a nadie a nuestros seres cercanos, que son los amigos, porque quien más cerca está de nosotros es a la vez quien más nos necesita y quien más espera de nosotros, y sin embargo esto no lo valoramos, pero hemos de empezar por ahí, porque si no hacemos esto lo demás de poco nos sirve. 
 
   La amistad es un ejercicio constante, que exige de nosotros altas dosis de sensibilidad y dedicación, antes de querer tener amigos, hay que aprender a serlo, es necesario que nos enseñemos a meternos un poquito en la piel de los demás para preocuparnos por lo que ellos sienten, conocer al ver su estado de ánimo como se encuentran, si han tenido algún problema, algún disgusto, y obrar con delicadeza y sencillez y con el calor que le trasmita todo nuestro afecto para ayudarlo a salir de esa situación. 
 
F.H.H.
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